El Gobierno de Zapatero busca soluciones para la crisis inmobiliaria, y en Asturias, ¿qué? 07/07/2008 - 18:17 h


Prado de La Vega, una enorme operación que pone en peligro la viabilidad de la sanidad en Asturias

 

El presidente de la Asociación de Promotores Inmobiliarios de Madrid (Asprima), José Manuel Galindo, ha declarado, en un encuentro sectorial de Vivienda organizado por la revista Metros 2, que la “verdadera dimensión” del ajuste en el sector residencial se conocerá cuando “se purgue todo el stock” de pisos que hay actualmente, proceso que según este dirigente patronal, podría durar tres o cuatro años. Hablamos de la comunidad autónoma que por razones obvias es la más pujante de España, es decir, una comunidad con una fortísima corriente de inmigración, una población rejuvenecida, y una notable actividad industrial y de servicios, que garantiza que a pesar de la crisis va a mantener la actividad.

La Isla de la Innovación, pretexto para otra loca operación inmobiliaria en Avilés

Junto a Galindo intervino la ministra Beatriz Corredor, que ha planteado de manera cruda a los promotores inmobiliarios que el Estado no puede hacerse cargo de los costes de lo que ha calificado de necesaria “autorregulación” del sector, para hacer frente a los inevitables daños “sociales” de la crisis, dada la evidente cascada de despidos que se prepara, ante lo que ya no puede negar nadie, a pesar de los esfuerzos del gobierno y los medios de comunicación, para disimular lo que es ya ni más ni menos que un crack.

Afirmó el presidente de la patronal madrileña, que si se inician menos viviendas ahora, se dará salida antes al stock de todo lo que se promovió en los últimos años de locura especulativa, animada por una legislación hecha a medida de la recalificación y el pelotazo inmobiliarios, por lo que según este portavoz del sector, si se construye menos, el ajuste “puede durar menos”, pero ha comentado que “eso afectará negativamente a la creación de riqueza, reducirá la aportación del sector al PIB e influirá en la pérdida de empleo”.

Ésa es la dura realidad.

En Asturias nadie ha puesto todavía esa realidad encima de la mesa, pues sistemáticamente se ha venido ocultando, a través de la prensa, la evidencia de que aquí también hay un enorme stock de vivienda vacía -enorme para nuestra dimensión-, en todas las áreas residenciales de la zona central de Asturias, y sin embargo, el gobierno sigue impulsando operaciones como la de Prado de la Vega en Oviedo, la de la llamada Isla de la Innovación en Avilés, o las de Roces, Granda, Castiello o Cabueñes en Gijón, por citar algunas de las más importantes que se encuentran en sus inicios en las grandes ciudades, pero que no son más que una parte de todo lo que se pretendía construir en Asturias -procesos concursales como el de Urazca en La Manjoya, Oviedo, ya deberían haber encendido todas las alarmas-, que nos anuncia un escenario de grandes solares y estructuras con encofrados desnudos e invadidos por el óxido de la ferralla y el abandono, como monumento a la venalidad cleptomaníaca de nuestra clase dirigente.

Vicente Álvarez Areces y Laura González, en uno de los momentos estelares del gobierno PSOE-IU, anunciando el inicio de las obras de urbanización de Prado de La Vega. El nuevo HUCA disparaba la especulación en el norte de Oviedo

Una empresa pública, Sogepsa, ha llevado la iniciativa de buena parte de las promociones en marcha, y ha canalizado grandes aportaciones de capital público en lo que ha sido un proceso dirigido desde la política, en coyunda promiscua con los mayores grupos económicos de la comunidad. El dinero público se ha despilfarrado a manos llenas en la expropiación de terrenos, en los gastos de urbanización y en las subvenciones para la construcción y compra de vivienda que se suponía social, pero que no era ni más ni menos, en su inmensa mayoría, que vivienda libre travestida como vivienda social, al otorgársele lo que se llama “algún tipo de protección”, al final dinero al bolsillo de los promotores que conseguían así hacer más atractivo el producto al comprador, consiguiendo un mayor margen de beneficios.

¿Va a tener alguien la decencia de explicarnos ahora cuál es el stock de vivienda vacía que hay en Asturias? ¿Va a decir alguien cuánto hay que esperar para que ese stock se absorba, teniendo en cuenta que aquí la población está envejecida, que no hay inmigración y que los centros de las ciudades están tan llenos de vivienda antigua vacía como Madrid?

No hay muchas esperanzas de que las cartas se pongan de una vez sobre la mesa, puesto que encima esta crisis nos coge con la industria tradicional medio destruída, con los astilleros de Gijón en una quiebra inducida para generar suelo industrial, con la comunidad autónoma empufada hasta las cejas para impulsar la operación especulativa de Prado de la Vega a cuenta de la construcción del nuevo HUCA, y con el estúpido sueño de generar plusvalías en El Cristo para financiar la vorágina loca en la que se ha convertido la sanidad asturiana, abandonada a su suerte en lo que es ya el decrépito conjunto hospitalario de Buenavista Oviedo, en el que hace años que no se invierte un euro porque todo está a la espera de un traslado que cada vez se aparece como más irrealizable. Los hospitales se caen, mientras la estructura de La Cadellada se convierte en todo un icono del latrocinio hecho política pública.

Para terminar de completar el cuadro, la única iniciativa “industrial” que ofrece el gobierno, ante el brutal impacto del frenazo inmobiliario que ya nadie puede discutir, y que aquí llega más despacio, es la construcción de cincuenta parques eólicos que funcionan solos, un sinfín de centrales de ciclo combinado de gestión automatizada, y una política portuaria volcada en los graneles de carbón y en el gas licuado, que como todo el mundo sabe no necesitan apenas mano de obra.

Y la oposición desaparecida en combate. Del PP ni se sabe nada ni se le espera, e Izquierda Unida, que aprobó en Consejo de Gobierno la Estrategia Energética que denominan plan industrial, tuvo la cartera de Vivienda en la última legislatura, en la que Laura González fue la gran animadora de la inversión en vivienda “con algún tipo de protección”. ¿Qué hacemos? ¿Cerramos las instituciones y tiramos la llave al mar?

Este Editorial se publica simultáneamente en El Blog de Juan Vega