El asalto que
protagonizaron los dirigentes asturianos
de IU a la sede de la Plaza de América de Oviedo, encabezado por
Jesús
Iglesias, Francisco Javier
García Valledor, Noemí
Martín, Jesús
Montes Estrada y otros ,
al que acudieron escoltados por una turba agresiva y exaltada, en parte
trasladada en autobús, con reunión previa en Gijón
para preparar la maniobra, fue de una extraordinaria violencia, y sin
duda
una noticia de gran trascendencia política, y no sólo por
su impresionante
agresividad. Para enjuiciar estos hechos, es forzoso tener en cuenta
que se produjeron en el
mismo momento en que un juzgado había ordenado dejar tomar
posesión del local a los
responsables del PC, encabezados por Francisco
de Asís Fernández, como propietarios de un inmueble,
por el que la gente de Gaspar
Llamazares, empufados hasta la médula, han demostrado
estar dispuestos a llegar a la lucha cuerpo a cuerpo.
La noticia de
esta monumental algarada organizada por los llamazaristas, llega en un
momento muy incómodo
para el nuevo gobierno que está llamado a formar el Partido
Socialista, que
ayer mismo hacía
pública su intención de iniciar negociaciones con IU
para
formar el ejecutivo, y sin duda la negociación con un grupo
violento y agresivo,
no es el mejor cartel de presentación para la formación
de una mayoría
parlamentaria. Que el anterior consejero de Justicia, García
Valledor, fuese uno de los presentes en la concentración de
afiliados,
exaltando los ánimos de la afición, e incluso zarandeando
personalmente a un
afiliado del PCE -¡y que nada se diga de tan triste espectáculo presenciado por la policía!-,
es de por sí un dato suficientemente significativo de lo
incómoda
que resulta la noticia, para una prensa ávida de imágenes
plácidas y bucólicas
con las que adornar la nueva legislatura.
Sin embargo, tal
y como sucede tantas veces, la evidente
discrepancia de la forma en que los dos principales periódicos
que informan
sobre lo que ocurre en Asturias, nos da la medida del interés
que parece tener
uno de ellos en edulcorar lo sucedido hasta un límite en el que
su relato se
vuelve insostenible, pues el simple contraste entre informaciones nos
pone bien a las claras lo que se oculta con pretextos tan burdos que
rayan en la indecencia, pues no puede presentarse lo que allí
sucedió como dos versiones diferentes sobre unos hechos, sino
como la evidencia que esos hechos establecen
Si fuese verdad
lo que dice La Nueva España, en
la que se
afirma que lo ocurrido es poco menos que consecuencia de que los
dirigentes de
IU no pudieron celebrar una reunión y entonces se enfadaron un
poco –ese es el
relato predominante que hace de los hechos el primer periódico
asturiano-, tanto la
redactora de la noticia, como los responsables de arrumbarla en la
sección de
Oviedo como un conflicto local, deberían explicarnos qué
hacía allí colocada toda
esa masa vociferante y agresiva, procedente de fuera de la capital en
la mayoría
de los casos, que ya había cogido el autobús mucho antes
de que los dirigentes
del PC hubiesen llegado con la llave que les entregó la juez,
para acceder al
local, al que hasta ese momento se les había impedido la entrada
con un grupo de
guardias de seguridad privada, cuya factura seguramente sería
por sí misma una
interesante noticia.
Sin duda el
mejor relato, el más ajustado a los hechos, es el que nos ofrece
El Comercio. Al
menos este periódico titula de la única manera que se
puede titular esta noticia en un país civilizado: con las agresiones de un grupo contra otro.
Porque fue un grupo el que agredió al otro. Si las agresiones vienen de un grupo, y es
otro el que las padece, salta a la vista que ya no estamos ante una
información que pueda ser neutral.
El Comercio, en
el reportaje que
realizó sobre estos hechos, que abre la sección de
Política del periódico,
explica la verdad de lo sucedido, que fue vivido in situ por los
responsables
de El Comentario TV -lo que nos permite tener en nuestro poder pruebas
muy
reveladoras de la verdadera naturaleza de los hechos-, y que no fue
otra cosa
que ese asalto violento y premeditado, enmascarado con el pretexto de
realizar
una reunión de un órgano, en el que de creer lo que
cuentan los dirigentes de
IU y la versión predominante en La Nueva España -que
aquí pretende ponerse nuevamente por encima del bien y del mal-,
estaria compuesto en realidad, por una fuerza de choque de
afiliados de CCOO del metal de Gijón y Avilés
fundamentalmente, aunque también
había conocidos personajes de las cuencas mineras que nada
tienen que ver con órgano
alguno, y que se distinguieron por su fuerza vociferante y por su
agresividad
incontrolada.
De creer la
falsa versión que contaron los dirigentes de IU a quien se la
quiso comprar -que iban a una reunión y no les dejaron entrar-,
habría que creer también que estos conspicuos personajes, cuando se
reunen, se hacen acompañar de una nutrida
falange que los escolta a todas partes, como si de magistrados romanos
se
tratase. Lo evidente de las pruebas y la fuerza de los hechos,
contrastado por
las versiones del relato de los dos grandes periódicos
asturianos, nos confirma una vez más el interés de buena
parte de nuestros
poderes fácticos por ocultar la realidad: que detrás de
esa retórica “de
izquierdas” que gastan los dirigentes llamazaristas de Asturias, se
encuentra
una necesidad primaria, primitiva, violenta, agresiva e ilimitada, de
asegurar
plazas de rancho para el próximo gobierno, en cantidad
suficiente, como para cimentar el mantenimiento de un equilibrio que
tiene muy poco que ver con las
ideologías, y que guarda en cambio mucha relación con las
necesidades de
asiento y signos externos, para más compromisos de los que
razonablemente pueden ser atendidos.
El nerviosismo
por la catástrofe electoral de IU, hundida en
Oviedo, destrozada en Avilés y muy tocada en Gijón, no
lleva a sus dirigentes a
eso que tanto recomendaban los clásicos del marxismo: la
crítica y la autocrítica.
Al contrario. La solución que han encontrado los responsables de
la destrucción
electoral de IU en Asturias, una fuerza política que ya
sólo tiene sentido como
cómoda muleta para los gobiernos del PSOE, ha sido la de
lanzarse como fieras
rabiosas sobre los dirigentes del PCE, que se han metido en un
empeño dificilísimo,
intentar devolverle a este grupo el esplendor perdido, por el camino
por el que
Julio Anguita consiguió
convertir una coalición hoy en estado terminal, en una
opción respetable: el ejercicio de la crítica a derecha e
izquierda, la
independencia personal y la defensa de los intereses de los ciudadanos
por
encima de cualquier otra consideración. Difícil, muy
difícil, pero no por ello menos loable.
Duro camino el
emprendido por el PC y su marca electoral,
Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda. Tan difícil como
meritorio es
apartarse del pesebre en el que los llamazaristas los tenían
emporcados,
amarrados con lazos irrompibles, con los sueldos de las
consejerías,
direcciones generales, jefes de departamento y asesores personales, a
los que
hay que añadir los coches, las tarjetas y el rendibú, que
tampoco son cosas a
despreciar, por gente ávida de signos externos y
distinción social. Esa dificultad casi
insuperable, se vivió ayer en la sede del PC en la Plaza de América de Oviedo,
donde los dirigentes y militantes de este partido que se encontraban en
el local, sufrieron en sus carnes el
protagonismo
de una política de terror, en la que una masa ávida de
cargos y prebendillas aporreaba la
puerta, vociferaba e insultaba, profiriendo amenazas de todo tipo.
Fueron tres
horas interminables, desde que la Delegación del
Gobierno retiró la policía, para dejar a los sitiados a
merced de las fuerzas
atacantes -como en las mejores películas del Far West-, hasta
que un destello de lucidez decidió a quien fuera, a llevar a
los antidisturbios, pues la continuas llamadas de socorro de Francisco
de Asís
lograron convencer a las autoridades de que podían suceder
desgracias
irreparables, dado el grado de exaltación de los sitiadores.
Aún así, con la policía ya allí, incluso
con un despliegue de
antidisturbios, se prodigaron las agresiones y los ataques violentos,
en una
algarada inolvidable. La falta de tino que se percibió en la
Delegación del Gobierno, tuvo un insportable tufo a connivencia
con los sitiadores.
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