Sobre el violento y premeditado asalto de los dirigentes asturianos de IU, escoltados por una turba trasladada al efecto, a la sede del PC en la Plaza de América de Oviedo 01/06/2007 - 08:16 h

El asalto que protagonizaron los dirigentes asturianos de IU a la sede de la Plaza de América de Oviedo, encabezado por Jesús Iglesias, Francisco Javier García Valledor, Noemí Martín, Jesús Montes Estrada y otros, al que acudieron escoltados por una turba agresiva y exaltada, en parte trasladada en autobús, con reunión previa en Gijón para preparar la maniobra, fue de una extraordinaria violencia, y sin duda una noticia de gran trascendencia política, y no sólo por su impresionante agresividad. Para enjuiciar estos hechos, es forzoso tener en cuenta que se produjeron en el mismo momento en que un juzgado había ordenado dejar tomar posesión del local a los responsables del PC, encabezados por Francisco de Asís Fernández, como propietarios de un inmueble, por el que la gente de Gaspar Llamazares, empufados hasta la médula, han demostrado estar dispuestos a llegar a la lucha cuerpo a cuerpo.

La noticia de esta monumental algarada organizada por los llamazaristas, llega en un momento muy incómodo para el nuevo gobierno que está llamado a formar el Partido Socialista, que ayer mismo hacía pública su intención de iniciar negociaciones con IU para formar el ejecutivo, y sin duda la negociación con un grupo violento y agresivo, no es el mejor cartel de presentación para la formación de una mayoría parlamentaria. Que el anterior consejero de Justicia, García Valledor, fuese uno de los presentes en la concentración de afiliados, exaltando los ánimos de la afición, e incluso zarandeando personalmente a un afiliado del PCE -¡y que nada se diga de tan triste espectáculo presenciado por la policía!-, es de por sí un dato suficientemente significativo de lo incómoda que resulta la noticia, para una prensa ávida de imágenes plácidas y bucólicas con las que adornar la nueva legislatura.

Sin embargo, tal y como sucede tantas veces, la evidente discrepancia de la forma en que los dos principales periódicos que informan sobre lo que ocurre en Asturias, nos da la medida del interés que parece tener uno de ellos en edulcorar lo sucedido hasta un límite en el que su relato se vuelve insostenible, pues el simple contraste entre informaciones nos pone bien a las claras lo que se oculta con pretextos tan burdos que rayan en la indecencia, pues no puede presentarse lo que allí sucedió como dos versiones diferentes sobre unos hechos, sino como la evidencia que esos hechos establecen

Si fuese verdad lo que dice La Nueva España, en la que se afirma que lo ocurrido es poco menos que consecuencia de que los dirigentes de IU no pudieron celebrar una reunión y entonces se enfadaron un poco –ese es el relato predominante que hace de los hechos el primer periódico asturiano-, tanto la redactora de la noticia, como los responsables de arrumbarla en la sección de Oviedo como un conflicto local, deberían explicarnos qué hacía allí colocada toda esa masa vociferante y agresiva, procedente de fuera de la capital en la mayoría de los casos, que ya había cogido el autobús mucho antes de que los dirigentes del PC hubiesen llegado con la llave que les entregó la juez, para acceder al local, al que hasta ese momento se les había impedido la entrada con un grupo de guardias de seguridad privada, cuya factura seguramente sería por sí misma una interesante noticia.

Sin duda el mejor relato, el más ajustado a los hechos, es el que nos ofrece El Comercio. Al menos este periódico titula de la única manera que se puede titular esta noticia en un país civilizado: con las agresiones de un grupo contra otro. Porque fue un grupo el que agredió al otro. Si las agresiones vienen de un grupo, y es otro el que las padece, salta a la vista que ya no estamos ante una información que pueda ser neutral.

El Comercio, en el reportaje que realizó sobre estos hechos, que abre la sección de Política del periódico, explica la verdad de lo sucedido, que fue vivido in situ por los responsables de El Comentario TV -lo que nos permite tener en nuestro poder pruebas muy reveladoras de la verdadera naturaleza de los hechos-, y que no fue otra cosa que ese asalto violento y premeditado, enmascarado con el pretexto de realizar una reunión de un órgano, en el que de creer lo que cuentan los dirigentes de IU y la versión predominante en La Nueva España -que aquí pretende ponerse nuevamente por encima del bien y del mal-, estaria compuesto en realidad, por una fuerza de choque de afiliados de CCOO del metal de Gijón y Avilés fundamentalmente, aunque también había conocidos personajes de las cuencas mineras que nada tienen que ver con órgano alguno, y que se distinguieron por su fuerza vociferante y por su agresividad incontrolada.

De creer la falsa versión que contaron los dirigentes de IU a quien se la quiso comprar -que iban a una reunión y no les dejaron entrar-, habría que creer también que estos conspicuos personajes, cuando se reunen, se hacen acompañar de una nutrida falange que los escolta a todas partes, como si de magistrados romanos se tratase. Lo evidente de las pruebas y la fuerza de los hechos, contrastado por las versiones del relato de los dos grandes periódicos asturianos, nos confirma una vez más el interés de buena parte de nuestros poderes fácticos por ocultar la realidad: que detrás de esa retórica “de izquierdas” que gastan los dirigentes llamazaristas de Asturias, se encuentra una necesidad primaria, primitiva, violenta, agresiva e ilimitada, de asegurar plazas de rancho para el próximo gobierno, en cantidad suficiente, como para cimentar el mantenimiento de un equilibrio que tiene muy poco que ver con las ideologías, y que guarda en cambio mucha relación con las necesidades de asiento y signos externos, para más compromisos de los que razonablemente pueden ser atendidos.

El nerviosismo por la catástrofe electoral de IU, hundida en Oviedo, destrozada en Avilés y muy tocada en Gijón, no lleva a sus dirigentes a eso que tanto recomendaban los clásicos del marxismo: la crítica y la autocrítica. Al contrario. La solución que han encontrado los responsables de la destrucción electoral de IU en Asturias, una fuerza política que ya sólo tiene sentido como cómoda muleta para los gobiernos del PSOE, ha sido la de lanzarse como fieras rabiosas sobre los dirigentes del PCE, que se han metido en un empeño dificilísimo, intentar devolverle a este grupo el esplendor perdido, por el camino por el que Julio Anguita consiguió convertir una coalición hoy en estado terminal, en una opción respetable: el ejercicio de la crítica a derecha e izquierda, la independencia personal y la defensa de los intereses de los ciudadanos por encima de cualquier otra consideración. Difícil, muy difícil, pero no por ello menos loable.

Duro camino el emprendido por el PC y su marca electoral, Asamblea de Ciudadanos por la Izquierda. Tan difícil como meritorio es apartarse del pesebre en el que los llamazaristas los tenían emporcados, amarrados con lazos irrompibles, con los sueldos de las consejerías, direcciones generales, jefes de departamento y asesores personales, a los que hay que añadir los coches, las tarjetas y el rendibú, que tampoco son cosas a despreciar, por gente ávida de signos externos y distinción social. Esa dificultad casi insuperable, se vivió ayer en la sede del PC en la Plaza de América de Oviedo, donde los dirigentes y militantes de este partido que se encontraban en el local, sufrieron en sus carnes el protagonismo de una política de terror, en la que una masa ávida de cargos y prebendillas aporreaba la puerta, vociferaba e insultaba, profiriendo amenazas de todo tipo.

Fueron tres horas interminables, desde que la Delegación del Gobierno retiró la policía, para dejar a los sitiados a merced de las fuerzas atacantes -como en las mejores películas del Far West-, hasta que un destello de lucidez decidió a quien fuera, a llevar a los antidisturbios, pues la continuas llamadas de socorro de Francisco de Asís lograron convencer a las autoridades de que podían suceder desgracias irreparables, dado el grado de exaltación de los sitiadores. Aún así, con la policía ya allí, incluso con un despliegue de antidisturbios, se prodigaron las agresiones y los ataques violentos, en una algarada inolvidable. La falta de tino que se percibió en la Delegación del Gobierno, tuvo un insportable tufo a connivencia con los sitiadores.