El PP asturiano, de camino hacia la nada 12/07/2007 - 16:02 h

Ovidio Sánchez no tenía la obligación de ganar las elecciones, pero sí de dar la cara para reconocer que las perdió y analizar las razones de lo ocurrido. Es lo mínimo. Un líder político, que controla su partido y que es candidato territorial, tiene dos opciones, o gana, o se las arregla para perder y seguir jugando la partida, pero para conseguir eso, su umbral mínimo de credibilidad se mide a partir de su comportamiento ante la opinión pública.

Lejos de hacer un balance razonable de lo ocurrido con las autonómicas y las locales, casi mes y medio después, en una entrevista en La Nueva España, decidió dividir Asturias, entre los asturianos del centro, donde dice que ganó, tras segregar a los emigrantes y a la ciudadanía del oriente y el occidente de la comunidad, a los que otorgó un estatus de ciudadanos de segunda ("son las zonas menos dinámicas de Asturias"), para así poder sentirse ganador en las elecciones que perdió. Magro consuelo.

Casi todos pierden a la primera, pero el que no gana a la segunda empieza a encontrar serias dificultades para conseguir presentarse a la tercera, algo que se permite a los grandes titanes de la política. Sólo consiguen llegar de esa manera personajes especiales, seres excepcionales. Pero lo hacen dando la cara, echándole fuerza, afrontando sus responsabilidades y convenciendo a los demás de que se hizo todo para lograr el objetivo.

No parece ser ése el caso.

El camino elegido por Sánchez para desaparecer de la vista de su electorado, sorprende por las facilidades que había encontrado hasta el momento. No debe haber muchos precedentes de unas elecciones como las últimas autonómicas celebradas en Asturias, en las que uno de los principales dirigentes de la comunidad, nada menos que el candidato del segundo partido en votos y en escaños, hace mutis por el foro tras la apertura de las urnas, y se esfuma del escenario durante mes y medio, para reaparecer con un llamativo conejo en la chistera, agarrado por las orejas, con el que pretende entretener al personal para que no se hable de lo suyo.

El conejo se lo puso en bandeja la Federación Socialista Asturiana, ofreciéndole cariño y acuerdos para financiar el aparato, a base de reparto de cargos y contratos eventuales en la Junta General del Principado, con tal de que facilitase las cosas en la investidura de Vicente Álvarez Areces, mediante un acuerdo para encarar la legislatura que dé estabilidad al Gobierno del Principado en tres asuntos que en su momento ya fueron adelantados por ECTV cuando veíamos venir la ruptura con IU: Estututo de Autonomía, Serín y Caleao.

Izquierda Unida, tal y como era de prever, cogió lo que se le dio, los acuerdos en los ayuntamientos de Gijón y Avilés, y su descrédito es ya enorme, pues toda Asturias pudo contemplar el lamentable espectáculo de sus amenazas al PSOE y su manera de arrastrarse después para aceptar lo que se les daba. La evidencia de su desesperación, reduce al mínimo su precio, pues la percepción ciudadana es que se trata de una fuerza política mendicante, que cambia su supuesta habilidad para anular discrepantes y disolver resistentes, a cambio de puestos retribuidos y financiación para el aparato.

En tales circunstancias se produce la investidura de Vicente Álvarez Areces, que forma Gobierno bajo la atenta mirada de su partido político, cuyo secretario general, Javier Fernández, se sienta a su espalda en la Junta General del Principado. Sin duda Areces tiene frío en el escaño. Una expectativa de cuatro años con el gélido aliento de Fernández en el cogote es de lo más intranquilizadora.

Ovidio Sánchez consiguió lo que pretendía: entrar en esta nueva fase sin explicar a los ciudadanos su punto de vista sobre los resultados electorales del PP, utilizando para ello un argumento que pactó en un primer momento con Gabino de Lorenzo y que viene avalado por la lógica de los hechos: lo que toca ahora es la preparación de la campaña para las elecciones generales, que se le presenta al PP un tanto cuesta arriba, ante la indiscutible reacción de José Luis Rodríguez Zapatero, tras dar por finalizada la negociación con ETA.

Pero eso a Sánchez le importa poco, pues a la vista del socorro rojo que le llega de la calle Santa Teresa, no tardó ni un mes en romper su compromiso de abandonar la presidencia del PP tras las generales, aferrándose a su recién estrenado entendimiento con los socialistas, para lo que va a tener que afrontar una dilatada carrera de obstáculos.

Sólo un auténtico mago podría engañar públicamente al único cargo político electoimportante que tiene el PP en Asturias como es de Lorenzo, al que ya dejó en evidencia con un sonoro “de lo dicho nada” –ya no deja paso, no se retira-, tras perder las autonómicas y vivir un catastrófico retroceso en las locales, en las que no sólo no consiguió la ambición de ganar Llanes y Valdés, sino que perdió Navia, Ribadesella y Villaviciosa, y ahora se le reprocha que con su política de “mano tendida” a un Areces que se la desprecia suficiente, parece prepararse para perder las generales.

Sánchez fue convocado para una reunión con el Secretario General del PP, Ángel Acebes. De Madrid le habían pedido una sesión restringida con los puntales del partido, para preparar la campaña a las generales, en la que se limasen tensiones. La respuesta de Sánchez fue convocar un acto para cien personas escogidas que fue anulado desde Madrid, hasta que redujo el número de asistentes a quince.

Al final, salió del paso organizando un encuentro con los vicepresidentes y secretarios del partido, en el que metió a calzador al diputado Isidro Fernández Rozada y a sus leales Fernando Goñi, Pelayo Roces y Joaquín Aréstegui, en la que no estuvieron ni el alcalde de la capital, de Lorenzo, ni la diputada Alicia Castro, que también consiguió ganar las anteriores elecciones generales, encabezando la lista al Congreso de los Diputados.

Aunque eludió la presencia de Juan Morales, que tiene un cargo como adjunto a la vicepresidencia, Sánchez no dejó de tener que aguantar un rapapolvo de Agustín Iglesias Caunedo que reivindicó ante Acebes el éxito del PP de Oviedo, y de Jaime Reinares, que puso en solfa el acercamiento a Álvarez Areces. Pilar Fernández Pardo preguntó por la situación del expediente de expulsión de los militantes díscolos de Gijón, ante la ausencia de una resolución por parte del órgano de garantías de Génova.

Este es hoy el confuso escenario político de la oposición, ante la toma de posesión de un presidente con fecha de caducidad, que va a dirigir un gobierno en minoría. A su izquierda, IU está desmoronada, y a su derecha, el PP lleva un preocupante camino hacia la nada.