Ovidio Sánchez no
tenía la obligación de ganar las
elecciones, pero sí de dar la cara para reconocer que las
perdió y analizar las
razones de lo ocurrido. Es lo mínimo. Un líder
político, que controla su
partido y que es candidato territorial, tiene dos opciones, o gana, o
se las
arregla para perder y seguir jugando la partida, pero para conseguir
eso, su
umbral mínimo de credibilidad se mide a partir de su
comportamiento ante la
opinión pública.
Lejos de hacer
un balance razonable de lo ocurrido con las
autonómicas y las locales, casi mes y medio después, en
una entrevista en La
Nueva España, decidió dividir Asturias, entre los
asturianos del centro, donde
dice que ganó, tras segregar a los emigrantes y a la
ciudadanía del oriente y
el occidente de la comunidad, a los que otorgó un estatus de
ciudadanos de
segunda ("son las zonas menos
dinámicas de Asturias"), para así poder sentirse
ganador en las elecciones que perdió. Magro consuelo.
Casi todos
pierden a la primera, pero el que no gana a la
segunda empieza a encontrar serias dificultades para conseguir
presentarse a la
tercera, algo que se permite a los grandes titanes de la
política. Sólo
consiguen llegar de esa manera personajes especiales, seres
excepcionales. Pero
lo hacen dando la cara, echándole fuerza, afrontando sus
responsabilidades y
convenciendo a los demás de que se hizo todo para lograr el
objetivo.
No parece ser
ése el caso.
El camino
elegido por Sánchez para desaparecer de la vista
de su electorado, sorprende por las facilidades que había
encontrado hasta el
momento. No debe haber muchos precedentes de unas elecciones como las
últimas
autonómicas celebradas en Asturias, en las que uno de los
principales
dirigentes de la comunidad, nada menos que el candidato del segundo
partido en
votos y en escaños, hace
mutis por el foro tras la apertura de las urnas, y se
esfuma del escenario durante mes y medio, para reaparecer con un
llamativo
conejo en la chistera, agarrado por las orejas, con el que pretende
entretener
al personal para que no se hable de lo suyo.
El conejo se lo
puso en bandeja la Federación Socialista
Asturiana, ofreciéndole cariño y acuerdos para financiar
el aparato, a base de
reparto de cargos y contratos eventuales en la Junta General del
Principado,
con tal de que facilitase las cosas en la investidura de Vicente Álvarez
Areces, mediante un acuerdo para encarar la legislatura que
dé estabilidad al
Gobierno del Principado en tres asuntos que en su momento ya fueron
adelantados
por ECTV cuando veíamos venir la ruptura con IU: Estututo de
Autonomía, Serín y Caleao.
Izquierda Unida,
tal y como era de prever, cogió lo que se
le dio, los acuerdos en los ayuntamientos de Gijón y
Avilés, y su descrédito es
ya enorme, pues toda Asturias pudo contemplar el lamentable
espectáculo de sus
amenazas al PSOE y su manera de arrastrarse después para aceptar
lo que se les
daba. La evidencia de su desesperación, reduce al mínimo
su precio, pues la
percepción ciudadana es que se trata de una fuerza
política mendicante, que
cambia su supuesta habilidad para anular discrepantes y disolver
resistentes, a
cambio de puestos retribuidos y financiación para el aparato.
En tales
circunstancias se produce la investidura de Vicente
Álvarez Areces, que forma Gobierno bajo la atenta mirada de su partido
político,
cuyo secretario general, Javier
Fernández, se sienta a su espalda en la Junta
General del Principado. Sin duda Areces tiene frío en el
escaño. Una expectativa
de cuatro años con el gélido aliento de Fernández
en el cogote es de lo más
intranquilizadora.
Ovidio
Sánchez consiguió lo que pretendía: entrar en esta
nueva fase sin explicar a los ciudadanos su punto de vista sobre los
resultados
electorales del PP, utilizando
para ello un argumento que pactó en un primer
momento con Gabino de Lorenzo
y que viene avalado por la lógica de los hechos:
lo que toca ahora es la preparación de la campaña para
las elecciones
generales, que se le presenta al PP un tanto cuesta arriba, ante la
indiscutible reacción de José
Luis Rodríguez Zapatero, tras dar por finalizada
la negociación con ETA.
Pero eso a
Sánchez le importa poco, pues a la vista del
socorro rojo que le llega de la calle Santa Teresa, no tardó ni
un mes en
romper su compromiso de abandonar la presidencia del PP tras las
generales,
aferrándose a su recién estrenado entendimiento con los
socialistas, para lo
que va a tener que afrontar una dilatada carrera de obstáculos.
Sólo un
auténtico mago podría
engañar públicamente al único
cargo político electoimportante que tiene el PP en Asturias como
es de Lorenzo, al que ya dejó en
evidencia con un sonoro “de lo dicho nada” –ya no deja paso, no se
retira-,
tras perder las autonómicas y vivir un catastrófico
retroceso en las locales, en
las que no sólo no consiguió la ambición de ganar
Llanes y Valdés, sino que perdió
Navia, Ribadesella y Villaviciosa, y ahora se le reprocha que con su
política
de “mano tendida” a un Areces que se la desprecia suficiente, parece
prepararse
para perder las generales.
Sánchez fue
convocado para una reunión con el Secretario
General del PP, Ángel
Acebes. De Madrid le habían pedido una sesión
restringida
con los puntales del partido, para preparar la campaña a las
generales, en la
que se limasen tensiones. La respuesta de Sánchez fue convocar
un acto para
cien personas escogidas que fue anulado desde Madrid, hasta que redujo
el número
de asistentes a quince.
Al final,
salió del paso organizando un encuentro con los
vicepresidentes y secretarios del partido, en el que metió a calzador al
diputado Isidro Fernández
Rozada y a sus leales Fernando
Goñi, Pelayo Roces
y
Joaquín Aréstegui,
en la que no estuvieron ni el alcalde de la capital, de
Lorenzo, ni la diputada Alicia Castro,
que también consiguió ganar las anteriores
elecciones generales, encabezando la lista al Congreso de los Diputados.
Aunque
eludió la presencia de Juan
Morales, que tiene un
cargo como adjunto a la vicepresidencia, Sánchez no dejó
de tener que aguantar
un rapapolvo de Agustín
Iglesias Caunedo que reivindicó ante Acebes el
éxito
del PP de Oviedo, y de Jaime Reinares,
que puso en solfa el acercamiento a Álvarez
Areces. Pilar Fernández Pardo preguntó por la
situación del expediente de expulsión de los militantes
díscolos de Gijón, ante la ausencia de una
resolución por parte del órgano de garantías de
Génova.
Este es hoy el
confuso escenario político de la oposición, ante la toma
de posesión de un presidente con fecha de caducidad, que va a
dirigir un gobierno en minoría. A su izquierda, IU está
desmoronada, y a su derecha, el PP lleva un preocupante camino hacia la
nada.