En Asturias
están pasando cosas muy raras. Se persigue la opinión
libre, se cierran medios de comunicación díscolos, se
expulsa a los militantes de los partidos políticos que
discrepan, se encarcela a los sindicalistas que estorban, se ataca
violentamente a los periodistas que no entran en la rueda. Todo en
medio de un profundo silencio. Es como si se estuviese produciendo una auténtica
mutación autoritaria de sistema, en medio de una aparente
indiferencia, condicionada por la actitud de colaboración de las
empresas periodísticas con estos devaneos autoritarios del poder
político.
Por si no
tuviésemos bastante con el procesamiento por generación
espontánea que sirvió para acallar las voces
críticas que en Gijón clamaban contra la
maquinación para alterar el precio de los solares de los
astilleros, haciendo primero unas playas delante de ellos,
quebrándolos en un caso –Naval Gijón- y
regalándole el solar en otro –Izar- en una cifra irrisoria, a un
empresario que es el mismo de Naval Gijón, ahora tenemos otro
ciudadano que lucha contra la especulación, que está en
capilla, previamente a su pasión y condena: Txomin Goñi Tirapu,
secretario de la Asociación AVALL, una de las pocas entidades
cívicas que defiende el interés general ante el avance
imparable de los negocios impulsados por la clase política.
Además,
Goñi es presidente de la Agrupación de Colectivos
Asturianos, que unifica a las asociaciones críticas con el
negocio rapaz de la política en Asturias. A Toxmin Goñi
le están colocando también al borde de la cárcel.
¡Qué casualidad! Todo va por orden. Uno por uno. Se
transige con al primer abuso y allá vamos a por el segundo, y
luego el tercero y así sucesivamente hasta que nuestra
convivencia se haya convertido en un infierno.
En el caso de
los sindicalistas Cándido
González Carnero y Juan
Manuel Martínez Morala, su papel al frente de la
Corriente Sindical de Izquierda interrumpía el avance de la
construcción de lujo en primera línea de la costa
gijonesa, por eso fueron procesados de una manera tan rara
-jamás se había procesado a nadie aquí por
manifestarse-, por su empeño en defender el empleo industrial
que garantiza el futuro de nuestros hijos, en una comunidad que ahora
cierra las últimas minas privadas antes de proceder a la
privatización de Hunosa, mientras se construyen algunas casitas
y naves industriales en sus activos ociosos.
Carnero y Morala
se encontraron de repente en Villabona, porque el Ayuntamiento de
Gijón se había personado en una reclamación de
daños, a través de un humilde notificador, que luego fue abandonado bajo los
cascos de los caballos del cabreo social, cuando la gente
preguntó quién había puesto la denuncia y Paz Fernández Felgueroso y Jesús Montes Estrada, socios
del gobierno gijonés, aseguraron públicamente que ellos
no habían sido, en uno de los lavatorios de manos más
llamativos de la historia, desde los tiempos del insigne Poncio Pilatos. Un policía
municipal fue al juzgado a llevar las facturas de los daños que
Felgueroso y Churruca utilizaron para encarcelar a Morala y a Carnero.
Churruca y Felgueroso dijeron después públicamente, que
tanto el notificador como el policía habían hecho tales
cosas, en uso de su libertad individual, y sin que nadie se lo hubiera
sugerido.
Ahora resulta
que el Juzgado de Instrucción número 1 de Llanes dio
traslado a la Fiscalía, el pasado 14 de agosto, de una
resolución judicial -ampliamente agitada por La Nueva España un mes
después- por la que se pide al Ministerio Fiscal que formule
acusación contra el secretario de AVALL, por un presunto delito
de Resistencia a la Autoridad, una presunta falta de Perturbación del Orden
Público, otra presunta falta de Lesiones y otra falta de
Maltrato de Obra, cuando fue él quien resultó esposado,
arrastrado y lesionado por los agentes al mando de la Alcaldesa Dolores Álvarez Campillo -¿dónde
está su parte de lesiones?-
que ordenó su detención y encarcelamiento en las
dependencias municipales durante varias horas, por llevar una camiseta
puesta, en la que se podía leer una afirmación de
índole jurídica, en la que se decía “La
Talá Ilegal”.
Por las mismas,
Goñi, que fue detenido por llevar puesta una camiseta,
podría haber sido arrestado, esposado y encarcelado
también, por orden de esta misma alcaldesa, acusado de tener
puesta una pulsera en la muñeca en la que se dijese "Campillo
tirana", un arete en el lóbulo de la oreja o una anilla en la
nariz con otras libres manifestaciones de la opinión que protege
la Constitución Española, cosa singular e irrepetible,
pues imagínense ustedes que se generalizase la idea de
Goñi y los ciudadanos, ante el avance imparable del recorte de
libertades que estamos padeciendo, se decidan a expresar sus opiniones
en los pantalones y en la ropa interior, viéndose en la tesitura
de aparecer desnudos ante los demás o ser detenidos de manera
sistemática y continuada por orden de los alcaldes represores e
inquisitoriales, a quienes les molesta que la gente tenga su propia
opinión sobre las cosas, y la manifieste en su vestimenta,
mediante textos escritos como el de Goñi, que ponderada y
respetuosamente hacía constar en su sencilla prenda que esa
controvertida urbanización llanisca es “ilegal”.
¿Se
imaginan lo que ocurriría sin un alcalde del PP, por ejemplo Gabino de Lorenzo, le ordenase
quitarse una camiseta a un ciudadano en un Pleno y al negarse a
quitársela ordenara a la policía municipal arrestarlo,
esposarlo, arrastrarlo y encerrarlo durante tres horas? Ardería
Oviedo. Como mínimo. Pero la delegada de Trevín puede
hacer lo que quiera... !
Estas cosas
sucedieron el 2 de septiembre del año 2005, y ahora, en
septiembre del año 2007, dos años después, nos encontramos ante el inicio del procesamiento de
Goñi, sin que medie al respecto otra cosa que el Atestado de
la Guardia Civil en el que constan los hechos señalados, sin
denuncia de la alcaldesa que fue la que ordenó su
detención, pero ya parece no tener ningún papel en el
espectáculo.
Tenemos que
suponer, y los hechos coinciden de manera harto sospechosa, que
nuevamente se trata de una maniobra urdida en comandita entre el jefe
supremo de las fuerzas policiales asturianas, el delegado del
Gobierno y ex alcalde de Llanes, Antonio
Trevín Lombán, que según acreditan todos
los conocedores del asunto, es quien puso ahí como candidata a
la alcaldía a Dolores Álvarez Campillo, autoridad que
ordenó la detención y encarcelamiento de Goñi, al
que empapela ahora la juez de Llanes que es autora de la
resolución por la que se pide que el Ministerio Fiscal proceda a
formular la acusación de ese presunto delito de Resistencia a la
Autoridad, porque este ciudadano, efectivamente, se resistió a
ser detenido, esposado y encarcelado, dado que su educación
democrática y su experiencia de la lucha contra la dictadura del
General Francisco Franco le
hacían creer que España era un país libre, en el
que se suponía que se puede llevar cualquier cosa escrita en una
camiseta, siempre que tal cosa no constituya por sí misma un
delito.
En Asturias nace
ahora el delito de opinión vertida en una camiseta.
¿Tendremos reforma del Codigo Penal al canto para darle
consistencia jurídica?
O ¿acaso
tenemos que aceptar pacífica y tranquilamente que se nos pueda
detener, esposar, arrastrar por los suelos y encarcelar en donde a la
autoridad le venga en gana, por el mero hecho de tener una
opinión, siempre y cuando esa autoridad pertenezca al Partido
Socialista? ¿Debemos aceptarlo pacíficamente? ¿No
podemos resistirnos a un abuso así? ¿Es resistirse a la
autoridad negarse a que te despojen de la camiseta con la que ejerces
tu derecho constitucional a opinar?
Lo terrible es
que como consecuencia de estos hechos, Goñi Tirapu ha sufrido un
proceso personal de deterioro físico que le ha conducido al
diagnóstico de una incapacidad, contra la que ha luchado
inútilmente, pues a pesar de su oposición personal a esta
decisión, un tribunal médico consideró que no
está en condiciones de desarrollar su labor docente, por el delicado estado de
su corazón, que sufrió especialmente con la violencia
desatada contra él por la actuación policial ordenada por
la alcaldesa de Llanes. Pero eso no importa. Eso no tiene la menor
trascendencia en esta Asturias en la que los únicos que parecen
sobrar son los ciudadanos que manifiestan libre y públicamente
sus opiniones contra los negocios impulsados por la clase
política.
Conviene
señalar, que además de estos padecimientos
físicos, agravados como consecuencia de los malos tratos
vejatorios recibidos por Goñi, el secretario de AVALL tuvo que soportar amenazas de asesinato y otras
atrocidades, como la muerte violenta de su perro, de las que se puede
dar buena cuenta mediante las oportunas denuncias.
Mientras la
corrupción política se adueña de nuestra sociedad,
el avance de los comportamientos mafiosos parece no tener
límites. Los continuos varapalos legales contra la actuación
urbanística de las autoridades de Llanes no tienen
consecuencias. Poco a poco se consuma la expulsión de los
ciudadanos de la esfera pública.
Hay que
añadir, para tener un conocimiento cabal de la situación
de este asunto, que la Audiencia Provincial desestimó en su momento una denuncia de
Goñi contra la alcaldesa de Llanes por los hechos
señalados, al considerar que el Reglamento de
Organización y Funcionamiento del Ayuntamiento de Llanes
prohíbe las “manifestaciones de agrado y desagrado” de los
ciudadanos ante la actuación de las autoridades
políticas, y que al incurrir la camiseta de Goñi en esta
transgresión de tan alto reglamento, su detención y
encarcelamiento no fue una “detención ilegal”.
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