Jaume Roures presidente de Mediapro, y Luis Fernández, presidente de TVE

 Tras el pelotazo de la Champions, llega el apocalipsis de la TDT

En unas declaraciones realizadas a la Agencia EFE, el presidente de Mediapro, Jaume Roures, cuya cadena fue beneficiada recientemente con el ”pelotazo de la Champions League“ acaba de augurar “que habrá una gran crisis en el sector televisivo si se mantiene un sistema de Televisión Digital Terrestre (TDT), con 40 canales que no sean de pago, más aún con la actual caída de los ingresos por anuncios de publicidad“. Busca Roures el escenario adecuado para que le dejen cobrar -lo que ya tiene hecho en un inmediato canal deportivo de pago- por emitir los partidos del gran espectáculo futbolístico, para el que cuenta con la inestimable ayuda financiera de la televisión pública española, TVE, y de las televisiones públicas de los cacicatos autonómicos, agrupadas en la FORTA. Un reparto incomparable de papeles, entre lo público y lo privado.

Tiene gracia la cosa -el camino de la TDT hacia la emisión “cerrada”-, pues si algo distingue tecnológicamente a la nueva televisión digital por la que están apostando los gobiernos, como una fórmula para asegurarse el control político del mercado audiovisual, a través del sencillo mecanismo de mantener la potestad de autorizar o prohibir las emisiones televisivas, dependiendo de qué empresas se trate, a través de la regulación de la concesión administrativa del derecho a utilizar los canales, es precisamente, el crecimiento del “canuto”, que permite un sustancial incremento del número de canales, sobre la vieja televisión analógica.

El resto, agua en un cesto de mimbre. Pura libertad. Pues no puede ser. Hay que implantar fielatos audiovisuales como sea.

En una época en la que el ideal liberal de iniciativa empresarial sin cortapisas injustificables, se puede realizar plenamente en el audiovisual, porque hay espacioJaume Roures, presidente de Mediapro para que todo aquel que tenga la vocación de crear un servicio público de comunicación, pueda hacerlo, los empresarios beneficiados por las concesiones gubernamentales, como el señor Roures, nos dicen consternados que su negocio es inviable, porque la competencia lo hace imposible, al tener que repartir los ingresos entre las múltiples ofertas que pueden surgir.

Y, ¿a nosotros que nos cuenta? Si yo tengo un bar, y al lado me abren otro, que da mejor servicio, y en el mío deja de entrar la gente, ¿qué tengo yo que decir al respecto? ¿Que hay que limitar el número de bares y que el gobierno tiene que autorizar a sus propietarios a cobrar entrada, explotando así la inevitable pulsión de tomarse un copazo?

Según el hombre de Mediapro, y ante la constatación de algo tan evidente, como que el audiovisual generalista que todos denominamos aún hoy en día Televisión, es empresarialmente una ruina, sólo se le ocurre una solución que no deja de ser un claro retroceso al pasado remoto de la comunicación, en la que ya no hay pretextos con los que ocultar el fondo del asunto.

Para Roures, la TDT de pago es “una necesidad“, y añade que si no se introducen cambios, el sector “está abocado a una gran crisis“.

¡Pues que la haya, oiga,! ¿Y a nosotros qué nos cuenta? ¡Espabilen! ¡Evolucionen! ¡Váyanse ustedes a freir monas con su oligopolio!

Culmina sus apocalípticas declaraciones el presidente de este grupo beneficiado por una licencia analógica en abierto, por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que “no se puede mantener un sistema de cuarenta canales en abierto pagados por la publicidad“, menos aún cuando el sector ya se halla en “una situación de crisis económica con caídas del 25 por ciento de la publicidad en grandes televisiones como TV3, Tele 5 o TVE”.

Pues nada. Si se acabó el negocio, a cerrar… ¿Qué diablos pinta aquí, en el tercer milenio, el gobierno acudiendo en ayuda de un chollo privado, mantenido y controlado a base de injustificables restricciones a la competencia y a la libertad de mercado y de empresa?

La diferencia entre el pasado más reciente de la humanidad desarrollada, y el supuesto progreso de las sociedades llamadas democráticas, es que la tecnología ha hecho más factible que nunca la libre iniciativa en el mundo de la comunicación. Y más todavía, el audiovisual por Internet, no sólo permite ir a un mercado totalmente libre y abierto a la competencia, sino que además, permite también que sean los consumidores, los usuarios, los que dejan de ser espectadores pasivos, para decidir no sólo qué canales quieren ver, sino también qué programas, qué películas, qué informativos, qué noticias o qué reportajes les interesan. Es la magia del vídeo bajo demanda que abrió brecha gracias a la revolución que inició YouTube, que se ha convertido en una oferta creciente hacia lo ilimitado, en la que sólo la capacidad para generar y distribuir contenidos libremente entre los ciudadanos, es ya el reto al que se enfrentan los productores de contenidos.

Pero claro, eso resulta insoportable para los beneficiarios del oligopolio de la comunicación subvencionada…


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