
Pancarta colocada por los jóvenes griegos en el Partenón
A ramón, así, con minúscula.
El pasado 24 de octubre, el presidente francés Nicolás Sarkozy, advirtió, a cuenta del reunión del G-20, que en España se convirtió en un vulgar espectáculo chauvinista, que “no tenemos el derecho de fracasar porque eso significará que el mundo que saldrá de la crisis será peor que el de antes”. Además, Sarkozy afirmó que el riesgo es tener que enfrentarse en todo el mundo a la revuelta de las clases populares y de las clases medias.
Zapatero estuvo allí, y eso debe haber llenado de orgullo a quienes sacaban pecho diciendo que somos “la octava economía mundial”, pero lo único que hemos visto hasta ahora por estos pagos, son medidas encaminadas a incrementar los beneficios de los grandes ejecutivos, a cubrir pérdidas de la banca, y a inyectar dinero público en el catastrófico -especialmente en España- negocio de la promoción inmobiliaria, para el que se anuncian nuevas inversiones encaminadas a evitar el derrumbamiento de los precios del stock de viviendas que no han sido absorbidas por el mercado.
La realidad sigue su curso y esa pretensión de “refundar el capitalismo mundial” dando protagonismo al empresario y al trabajador y no al especulador -en palabras del francés- para que las finanzas se pongan al servicio de las empresas, de la producción, de la innovación y del desarrollo económico y no sólo al servicio de ellas mismas, que colmaban los discursos de los líderes antes de la reunión de octubre, no se ve por ningún sitio. Al contrario, la revuelta anunciada por Sarkozy parece haber comenzado en Grecia, y no parece estar aplacándose, sino que en todas las ciudades europeas se están produciendo movimientos simpaticos de revuelta juvenil, que encuentran de vez en cuando acomodo coyuntural en algún medio de comunicación, que dan un flash aquí, un flash allá.
El socialista Fernando González Laxe, nos contaba recientemente en El País, que la Fundación Ideas, asociada al Partido Socialista y que dirige el ex ministro Jesús Caldera, acaba de publicar un informe sobre “nuevas ideas para mejorar el funcionamiento de los mercados financieros y la economía mundial” en el que una vez efectuada una reflexión de lo que ha fallado, decía el gallego, que “se hace hincapié, como no podría ser de otra manera, en la eliminación de las áreas de impunidad y los paraísos fiscales“.
El mencionado informe indica, al parecer, que la OCDE estima que los paraísos fiscales acumulan un patrimonio de casi un trillón de dólares, cinco veces superior al de hace dos décadas, y que se contabilizan más de un millón de empresas en los mencionados centros off-shore. Añade que el Fondo Monetario Internacional calcula que estos territorios esconden aproximadamente un cuarto de la riqueza mundial. Los detalles sobre estos datos se publicaron en este blog antes de la reunión del G-20, y son razonablemente accesibles a través de diversas páginas Web, pero no está de más que se manejen en estos informes que mueve la clase política, si no fuera por la intención perversa con la que parecen estar aflorándose unos datos que tan poco se divulgan en los medios habitualmente.
Días después de este artículo de Fernández Laxe, en el que tan buenos propósitos difundía, en línea con el manido “buenismo” que caracteriza el discurso público de los dirigentes socialistas, nos enterábamos de más detalles del “Informe Caldera”, como por ejemplo que “las Islas Caimán, con 3.002,6 millones de euros, y Luxemburgo y Panamá, con 2.982,1 y 1.371,3 millones respectivamente, son los destinos preferentes del capital español, y suponen el 89 por ciento del total invertido en los paraísos”. Es decir, que de España, y según este informe, y sólo hacia esos tres offshore financial centres, podrían haber salido cerca de 7.500 millones de euros.
¿Por qué este repentino interés de los socialistas españoles por divulgar unos datos que tan celosamente se escondían? El truco se adivina inmediatamente y con facilidad, pues nada más publicar su artículo Fernández Laxe en El País, diás después, aparecían nuevas informaciones sobre estos dineros en El Economista, el pasado viernes, al hilo de un titular en el que se afirmaba que el Ejecutivo está valorando la posibilidad de aprobar un indulto, acompañado de una rebaja tributaria, para las empresas y particulares que repatríen el dinero que tienen en estos oasis financieros, comparando esta posible operación con la célebre amnistía de Carlos Solchaga que permitió aflorar lo que ahora serían unos 5.000 millones de euros, que a diferencia de lo que sucede en estos momentos, era dinero oficialmente invertido en “pagarés del Tesoro”, una fórmula opaca para el dinero negro que de aquella había sido habilitada por el propio Estado para esconder fondos privados, algo que, se mire como se mire, tiene poco que ver con esta nueva costumbre de llevarse el dinero a las Islas Caimán y a Luxemburgo.
¿Y todavía hay quién se pregunta por la razón de la falta de liquidez en los mercados? La principal enfermedad del capitalismo que estamos viviendo en esta fase de su internacionalización, es que la rapacidad de un gran número de políticos y empresarios, les lleva a acumular ingentes sumas de papel monada que se sustraen del mercado, para ser escondidas en casas, cajas fuertes, y en las cajas de los propios bancos, y nada sabíamos de esto -sólo podíamos sospecharlo- los humildes mortales, hasta que todos descubrimos, entre sorprendidos y consternados, que la maquinaria financiera mundial ha gripado, así como de repente.
Dejando para ulterior ocasión el debate sobre esta medida que se está lanzando en plan globosonda -menuda forma de moralizar, ésta que se propone-, y que algunos tienen la desfachatez de lanzar a la vez que los bonitos discursos con los que se divulga el “Informe Caldera”, la pregunta se hace inevitable: ¿a quién le puede extrañar que los jóvenes sin trabajo y sin futuro se lancen a la calle ante tanta desvergüenza y tanto cinismo”?
No tienen límite: anunciar una refundación del capitalismo, preparando una amnistía para que esas inmensas bolsas de dinero negro no tributen, después de las infumables medidas que se han venido tomando a base de dinero público, con el que se está socorriendo a las grandes fortunas, es mucho más de lo que los ciudadanos pueden soportar pacíficamente. Hablemos en plata: se va a inyectar dinero público a raudales, a los mismos que hacen necesarias estas medidas, porque previamente ellos se llevaron las fortunas que habían amasado a los paraísos fiscales. Primero revientan el sistema llevándose la pasta, el estado cubre el agujero con dinero público, y después se les amnistía para que vuelvan a sacarla. ¿De qué van?
¿Por qué saltan los jóvenes? Siempre es así, tienen menos miedos y más esperanzas.
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