
Zapatero despreció a los presidentes de las “regiones” pobres, Asturias y Extremadura
Las formas son importantes, y más para un presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo balance no parece dar mucho más de si que precisamente ése, el de las formas. Empeñado en convencer a los ciudadanos de que todo se arregla con una sonrisa, el presidente del Gobierno de España ha superado en constancia y rigidez facial a cuantos mandatarios se han empeñado en transmitir a sus gobernados la sensación de que en la vida hay muchas más cosas de las que reirse, que por las que llorar. El talante, una auténtica consigna y leit motiv de sus mensajes, impregnó sus discursos hasta llegar a los chistes y chascarrillos de la corte. Siempre pausado hasta conseguir un estilo telegráfico que es un filón inagotable para humoristas e imitadores, el presidente habla con calma pedagógica y no se enfurece con sus adversarios. Es pues, que duda cabe, un hombre, como decimos, devoto de las formas. Esto es importante tomarlo en consideración, pues cuando no las respeta, también es por algo. Como sucede con todo.
Además de formalista, es don José Luis, también, autonomista. Tan autonomista, tan autonomista, que tiene el país patas arriba con la reedición de la transición política a causa de sus compromisos con los socialistas catalanes, que le pusieron ahí, por si algún día llegaba a presidente del Gobierno, para que les hiciese lo que nunca les haría José Bono, al que impidieron el acceso a la secretaría general del PSOE colocándole a Bambi como forro, al tener la sensación de que no podrían manejarle como manejan al que apoyaron. Cosa lógica y sencilla de entender. Los catalanes siempre se han distinguido por su inteligencia práctica.
Zapatero, obediente como nadie, llegó a La Moncloa y sumió a los españoles en una interminable discusión sobre la manera en que los diecisiete cacicatos autonómicos se reparten los despojos del dinero público que les queda a los ciudadanos, tras el asalto, de la banca, a la banca, un debate sin salida ante la explosión económica que vivimos, pues sólo a alguien tan insensato se le ocurre llegar a un momento de caída brutal de los ingresos del Estado, para ponerse a cerrar una discusión entre partitocracias locales, abierta en tiempos de abundancia. La consecuencia inevitable de este forcejeo es bastante poco simpática, pues desde ahora, ya no son los ciudadanos españoles quienes pagan impuestos, sino que la fiscalidad en España se compartimenta a partir de unas fronteras recien creadas, que se van a quedar ya ahí puestas para siempre, con la sana intención de que en los territorios donde más se recaude se pueda pagar menos, para que haya menos que repartir, y así, poco a poco, consagrar la riqueza de unos y la pobreza de otros, como un camino sin retorno, en el que nos embarcó este singular socialista que ya tiene claro, que ese problema al menos, no hay sonrisa que lo arregle. Aquí pagan ya los territorios, y semejante desaguisado no tiene soluciión España queda dividida, pues, en territorios ricos y pobres. Esa realidad política había de trasladarse, necesariamente, a la evidencia protocolaria.
Dice uno de esos refranes a los que con necia obstinación se denomina “sabiduría popular”, que “donde no hay panchón todos riñen y todos tienen razón”, y en este caso, desde luego que el pueblo no demuestra una gran perspicacia en su análisis, pues viene a decir el adagio que la falta de recursos pone a todos a pelearse, y en esa pelea asiste la razón a todos. Pues se equivoca el pueblo, ya que no es la falta de panchón la que motiva la pelea, sino la ocurrencia de Zapatero de iniciarla antes de que éste comenzase a escasear, y lo de que todos llevan razón es bastante más que discutible todavía, y al menos no sirve para nada, pues donde se usa la fuerza la razón no impera, y si no impera, qué más da que se tenga. Es lo que pasa cuando las cosas se arreglan riñendo. No hay otra. Los fuertes son los fuertes, y los débiles son los débiles, y si no, pregúntenle al sofá de Zapatarero, que es el que marca la diferencia entre ricos y pobres, fuertes y débiles, poderosos y mindundis.
Cuando yo era joven, estaba convencido de que el elemento distintivo del socialismo era, a pesar de los pesares, la igualdad, pero no es el caso. Resulta que nuestro Zapatero, que es tan autonomista y da tanta importancia a las formas, no respeta sin embargo el principio de igualdad, quizá en coherencia con su proyecto confederal para intruducir la desigualdad en España, mediante el otorgamiento de la “bilateralidad” que los catalanes consiguieron integrar en el Estatuto, pendiente del Tribunal Constitucional. Consiste lo de la bilateralidad en que el “Estado”, que ya no es la nación, se reúne con las “naciones” que lo componen, de tú a tú, y eso es lo que hizo Zapatero, reunirse de tú a tú, bilateralmente, con los presidentes de Cataluña, Andalucía, Madrid, Galicia, Valencia, Castilla y León, Aragón, Murcia, Castilla-La Mancha, Cantabria, Canarias y La Rioja, para mantener una reunión trilateral, con las dos únicas “regiones” que quedan ya en España, Asturias y Extremadura, así como con las ciudadades autónomas de Ceuta y Melilla. De esta manera, y no de otra, hay que entender las decisiones del protocolo de La Moncloa, pues de no ser así, habría que interpretar que la reunión “trilateral” con Asturias y Extremadura es un manifiesto desprecio a dos pobres diablos que representan dos regiones miserables, cuyos presidentes no se merecen ser recibidos a la puerta ni son acreedores a una reunión individual con tan importante personaje.
Que el desprecio es total, es algo que viene a confirmarse por el hecho de que tan grave afrenta no haya sido objeto de la más mínima protesta en ambas comunidades -que cuentan con grupos de oposición no menos miserables que sus gobiernos-, en las que los ciudadanos están tan preocupados por su evidente pobreza presente, que prefigura su atroz miseria futura, que les importa una higa la mofa y la befa que Zapatero haga de los dos pobres hombres que tienen por presidentes.

Zapatero con los presidentes de Ceuta y Melilla
Etiquetas: Asturias, Zeuta y Melilla, financiación autonómica, ciudades autónomas, regiones, desprecio protocolario, José Luis Rodríguez Zapatero, comunidades pobres, Extremadura
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