Si como nos dice Milliband, no hay una Al Qaeda transnacional, las preguntas surgen solas, sin ayuda de nadie

A ver cómo asume la administración socialista española el giro copernicano en política internacional que parecen dar los laboristas ingleses (pregunta retórica, ni caso claro), sin duda la administración que con más fuerza respaldó las posiciones de George W. Bush, con Tony Blair a la cabeza, junto con el ex presidente del Gobierno español José María Aznar.

No habrá problema, al cinismo profundamente inmoral que caracteriza la vida política, se le suele añadir un componente ilimitado, cuando de la política internacional se trata. El ministro de Exteriores (foreign secretary) inglés, David Miliband, publica hoy un artículo en el Guardian, que ha tenido la oportunidad de comentar ampliamente en el Hotel Taj Mahal de Bombay, donde habló largo y tendido sobre su artículo, de acuerdo con la crónica de la BBC. En clave india, y en el escenario de los recientes atentados, Miliband pide a la India cooperación con Paquistán, para resolver los problemas sobre la eterna disputa de Cachemira, pero no ha podido evitar unas declaraciones de un enorme calado, que ponen en cuestión ciertas pesadillas creadas en la era Bush, que tienen, a mi juicio, importantísimas repercusiones para España, pero que aquí pasarán desapercibidas, pues en nuestro país, la política exterior, y la información internacional, tienen un nivel de parvulario, que es lo que más conviene a los gobiernos.

Primero les ofrezco una traducción propia de los párrafos que considero más relevantes del artículo del ministro Miliband, tomado directamente del Guardian:

Los ataques terroristas de Bombai de  hace siete semanas, han tenido una gran repercusión en todo el mundo y todas las miradas se fijaron otra vez en el Oriente. Ahora as miradas se dirigen hacia la región en la que Israel, en respuesta a los cohetes de Hamas, ha lanzado una feroz campaña militar, que ha producido ya al menos mil muertos en Gaza.

A siete años del 11-S, está claro que necesitamos dar un giro a nuestros esfuerzos para prevenir el extremismo y su tremendo resurgir como violencia terrorista. Desde el 11-S, la noción de “Guerra contra el terror” ha definido el terreno en el que trabajamos. El enunciado tiene algún mérito: recoge la gravedad de las amenazas, la necesidad de solidaridad, y la necesidad de responder con urgencia, si es necesario, con la fuerza. Pero últimamente, esta noción se ha dirigido erróneamente. La cuestión no es si debemos atacar el uso del terror en sus raíces, con todas las herramientas disponibles, la cuestión es cómo hacerlo.

La idea de una “Guerra contra el terror” crea la impresión de la existencia de un enemigo transnacional, encarnado en la figura de Osama bin Laden y Al Qaeda. La realidad es que las motivaciones y las indentidades de los grupos terroristas son dispares. Lashkar-e-Taiba tiene sus raíces en Paquistán y sostiene que su causa es Cachemira. Hezbolá afirma que sostiene la resistencia contra la ocupación de los Altos del Golán. Los insurgentes chiítas y sunitas de Irak tienen aspiraciones diversas. Son tan diversos como los movimientos europeos de los setenta, el IRA, Baader-Meinhof, y ETA. Todos usan el terrorismo, y eventualmente se apoyan unos a otros, pero sus causas no están unificadas y su coperación es mero oportunismo. Así es hoy.

Hemos conseguido crear una convergencia de grupos terroristas estableciendo un campo de batalla bipolarizado entre moderados y extremistas, entre el bien y el mal, con lo que ese juego sólo está sirviendo para unificar grupos con poco en común. Los grupos terroristas deben ser combatidos en la raíz, persiguiendo el tráfico de armas y debilitando sus causas poniendo de relieve el error de sus pretensiones para llevar a sus seguidores hacia políticas democráticas.

La “Guerra contra el terror” implica que la respuesta correcta era fundamentalmente militar…, pero entiendo, que tanto en el caso de Gaza como en el de los ataques de Bombai, el mejor antídoto contra las redes del terror en el largo plazo es la cooperación.

Debemos responder al terrorismo con el derecho, no subordinar las leyes a la lucha contra el terror, y para ello debemos respaldar nuestros principios en materia de derechos humanos y libertades civiles en nuestros países y en el extranejero. Esta es, con completa seguridad, la lección de Guantánamo y esta es la razón por la que saludamos la decisión de cerrarlo que adoptó el presidente electo Obama.

Estas reflexiones de Miliband, aparte la inevitable consideración del cinismo que implica este giro para adapatarse a la nueva administración Obama, tienen, como decía al principio, una clave española que me parece importantísimo subrayar. Quien quiera que sea el responsable “intelectual” del atentado español del 11-M, que considero que los ciudadanos no debemos olvidar, ni pasar por encima con juicios a priori ni afirmaciones frívolas, siempre se afirmó, desde el poder político gobernante, y desde los ámbitos judiciales, que se trataba de Al Qaeda, ese fabuloso “enemigo transnacional”, en palabras de Miliband, que el ministro británico afirma ahora, públicamente, en esta importantísima declaración, que no se puede encarnar en la figura de Osama bin Laden. Sin el monstruo de película que encarna estos terrores, Al Qaeda, o al menos la Al Qaeda de la que tanto nos hablaron unos y otros, se desmorona, como era fácil adivinar, pues la mera creencia en la existencia de tal engendro multinacional siempre resultó repugnante para cualquier inteligencia mínimamente desarrollada.

Si como dice Miliband, “las motivaciones y las identidades de los grupos terroristas son dispares”, y hablar de Al Qaeda, es como pretender que ETA, la Baader o el IRA eran lo mismo, ¿quién diablos nos van a decir ahora que atentó en España? En el juicio del 11-M no conseguimos que se nos presentase un “responsable intelectual” creíble, y ahora, el ministro de Exteriores británico nos viene a confirmar lo que siempre sospechamos, que Al Qaeda, en contra de lo que sostenían unos y otros, como tal Al Qaeda , capaz de atentar en Nueva York, Madrid, Londres, Caltuta o Bombay, fue una invención de los servicios de inteligencia occidentales. Eso no lo dice él, pero es evidente, porque semejante fábula no se crea sola, y además todos sabemos que empezamos a conocer sus detalles, el mismo día del atentado de Nueva York. Hasta entonces, no se hablaba propiamente de su existencia. Aquel mismo 11-S, la CNN ya tenía preparada una apabullante relación de grupos terroristas que formaban parte de “La Red”.

Los españoles se merecen una respuesta a esta pregunta. Yo, dede luego, no la espero, pero no por ello considero que su importancia deja de acrecentarse con el paso del tiempo.


Etiquetas: Israel, 11-M, Tony Blair, War on terror, Gaza, Osama Bin Laden, 11-S, José María Aznar, Guerra contra el terror, Hamas, George W. Bush, David Miliband
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