La representación del Baile de Máscaras en el Campoamor de Oviedo provocó una reacción airada del público, y entre otros, del fiscal Gerardo Herrero

Oviedo revivió la sempiterna versión “censurada” del Baile de Máscaras

La Ópera de Oviedo, que en su día fue “temporada” y hoy es “festival”, no deja de ser un eterno manantial de anécdotas y controversias de todo tipo, a causa, sin duda, de su protagonismo en una ciudad que por su dimensión, y por ser capital de una comunidad extraordinariamente provinciana, como es Asturias, celebra algunas actividades dignas de mención, en medio del erial en el que agonizan de manera dramática las mejores muestras de la historia, el arte y la vida cultural, a pesar de las desmesuradas cifras que se destinan a iniciativas kitsch, cuando no decicididamente horteras, como el proyecto LABoral, que encuentra acogida en el remozado símbolo franquista construído por José Antonio Girón de Velasco en la parroquia gijonesa de Cabueñes, que hace las delicias de los gobernantes socialistas. La situación de los edificios prerrománicos del conocido universalmente como Arte asturiano, es una buena muestra de lo que sostengo, y es tal su evidencia, que las noticias que se publican a diario sobre el deterioro del patrimonio histórico del Principado, como la destrucción masiva de hórreos en San Andrés de los Tacones, producen cada día menos escándalo.

Por razones de tipo personal y profesional, y por supuesto, gracias también a ese manantial de información que es el sitio Web ElComentarioTV, un proyecto de periodismo ciudadano que cubre un hueco en el desierto de los medios públicos -en el Principado, hoy, los medios son ya públicos, en un ensayo avant-la-lettre del proyecto Sarkozy- sabía del sonoro pateo con el que recibió el público ovetense la primera función de la ópera de Verdi “Baile de máscaras”. Estamos ante la muy vetustiana versión de la eterna Querelle des Anciens et des Modernes -ojo no es bable- iniciada por Charles Perrault con la publicación de un poema, “El siglo de Luis el Grande”, dedicado a hacerle la pelota al autócrata Luis XIV. En esta eterna polémica, no siempre los “modernos” son modernos, en el sentido más popular del adjetivo, ni los “clásicos” son clásicos. Hoy, ese debate, es un auténtico dolor, pues hace ya mucho que los “modernos” suelen ser gente estabulada en el academicismo de una nada sedicentemente rompedora, mientras que los “clásicos”, sencillamente, ya no existen fuera de los muros de la academia, donde aún queda alguien que lee.

La representación ovetense del Baile de Máscaras de José Verdi -los “modernos” escriben los títulos de las óperas y los nombres de sus compositores en el idioma original- fue una más de tantas producciones creadas sobre esa concepción del producto escénico, en las que fundamentalmente se busca una supuesta originalidad por encima de cualquier otra consideración, ambientando el drama como ahora se hace casi siempre, de acuerdo con la crónica del crítico local, con la consabida escenificación pretendidamente rupturista: “la acción se referencia en el Nueva York de la cultura pop Bush recibe un zapataro digno de la Ópra de Oviedoy esto hace que confluya hacia una estética de «garaje» e industrial en los pasajes más sombríos”. Es decir, lo de siempre, un pretexto para enredar con la escena, y hacerla “moderna”, con lo que se incurre en un monótono y aburrido academicismo, haciéndola en realidad “antigua”, cansina, aburrida y previsible, desperdiciando la oportunidad que obras cómo ésta nos dan para profundizar en su verdadera carga artística, pues si por algo pasó esta ópera a la historia, fue precisamente por la censura de la que fue objeto en la Italia de la época, como muy documentada y atinadamente cuenta la historia Paco Roa en operasiempre.es, el blog de Gio, a propósito de la representación del Baile que tuvo lugar en el Teatro Real, el pasado mes de octubre, en coproducción con el Convent Garden.

Pretender deslumbrar, sorprender y enredar a estas alturas, con puestas en escena “rupturistas”, con una obra como ésta, que es toda una oportunidad para devolver su verdadera naturaleza al clásico censurado, resulta ilimitadamente ridículo, y la puesta en escena ovetense no habría alcanzado un hueco en la historia lírica de la ciudad de Clarín, de no ser porque al final de la representación, un amplísimo grupo de aficionados exteriorizaron su cabreo, con Gerardo Herrero, Fiscal Jefe de Asturias entre los disconformes, que como al parecer se encontraba aquejado de una afonía, al no poder gritar, se descalzó y agitó en el aire su zapato acharolado, sin duda en homenaje al periodista Muntazer al Zaïdi, corresponsal de Al-Baghdadia, cuando le dijó a George W. Bush aquello de “¡éste es tu beso de despedida, perro!”.

No podía faltar un ataque en la prensa, lanzado por un conocido directivo de la Caja de Ahorros local, Cajastur, Ignacio Martínez, que aprovechó la ocasión para desahogar su rabia contra los disconformes con tanta “modernidad”, en estos términos que no dejan de tener su gracia: “pensarán que exagero, pero me cuentan que el otro día un exaltado espectador -que me dicen además que es fiscal- blandió un zapato en su mano juntoGustavo III de Suecia, cuyo asesinato protagonizó la versión censurada del Baile de máscaras a la barandilla que le separaba de la orquesta y de los artistas. Yo creo que eso es más que patear”. El directivo cajero quería sacar a bailar en la danza de las máscaras al jefe del Ministerio público, y lo consiguió.

El Fiscal Herrero, que en su momento tuvo que enfrentarse nada menos que con las estremecedoras tramas que aprovisionaron de “dinitrotolueno”, “goma 2 ECO”, “goma 2 EC” y otras sustancias explosivas de varidísimo pelaje, que en hicieron las delicias de los Peones Negros, a los “autores intelectuales” del atentado del 11-M, que se murieron en Leganés, en un sucidio colectivo digno de los seguidores de Jim Jones y los miembros de la secta del Templo del Pueblo en Jonestown, Guyana, no podía dejar de asumir valientemente su responsabilidad en los hechos, reivindicando su derecho a la libertad de expresión, manifestada a través del uso de un zapato, algo muy propio en la España del presidente Zapatero, que tanto tiene que decir, en cuanto a la importancia que han adquirido en el mundo actual los zapatos como símbolo de la resistencia progresista contra las maquinaciones del Imperio:

“… las protestas en la últimas representaciones fueron como consecuencia de la baja calidad del espectáculo desde el punto de vista escénico, y las hice a título particular, como simple aficionado, no debiendo, por tanto, mezclarse con mi actividad profesional. No ha habido ni desmesura ni extralimitación, sólo el libre ejercicio del derecho a la libertad de expresión, que debe ser respetado por los órganos rectores de la Ópera de Oviedo, aunque no les guste, y venga de quien venga, con independencia de su profesión o actividad pública. Ah, y lo del zapato se explica porque era mi única forma de protestar, pues estaba afectado por una afonía total y con fuerte dolor en la rodilla, de ahí que mostrara de esa forma mi desaprobación”.

Brillante, cuando no estimulante episodio éste, en el que todo un Fiscal Jefe asume publicamente el derecho a la libertad de expresión, tantas veces aplastado en esta comunidad autónoma, y lo hace contra un ejecutivo de Cajastur, la entidad de crédito que en su momento despidió a Marco Antuña, el portavoz del sindicato Corriente Sindical de Izquierda en la entidad crediticia regional, por preguntar en la Asamblea General, en representación de los trabajadores, cuánto gana el presidente de la misma, pregunta que por cierto quedó sin respuesta, sin que hasta la fecha haya volado zapato alguno por el aire con tal motivo.

No es ésta pues, una mala ocasión, para recordar,que el Baile de máscaras de Verdi, fue censurado, y su trama dramática modificada, porque la Italia de la época no podía tolerar la puesta en escena de un relato en el que se narraba con música la historia del asesinato del rey Gustavo III de Suecia, historia que se representó una vez más, en Oviedo, en su versión censurada, que es la que una y otra vez se representa por “antiguos” y “modernos”, siendo esta anécdota sucedida en la capital de Asturias, una excelente oportunidad para que algún día, alguien se decida a recuperar por estos pagos la historia original.

El zapato, buen símbolo para la proteste estética de un fiscal en la España de Zapatero

El zapato de Muntazer, símbolo de la protesta zapateril universal

Etiquetas: Querelle des Anciens et des Modernes, José Verdi, Festival de Ópera de Oviedo, Ópera de Oviedo, secta del Templo del Pueblo, George W. Bush, José Antonio Girón de Velasco, Jim Jones, Paco Roa, LABoral, El siglo de Luis el Grande, Muntazer al Zaïdi, Marco Antuña, Ignacio Martínez, Gerardo Herrero, Charles Perrault, Cajastur
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Una Respuesta a “¡Verdi vive!: el fiscal Herrero blande un zapato en el Campoamor de Oviedo, como protesta contra la puesta en escena del ‘Baile de máscaras’”
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