Veamos un poco en detalle, en qué consiste el negocio de tener un banco, es decir, el derecho de gozar de ese privilegio denominado “ficha bancaria”, que es la merced que te tiene que hacer el gobierno (primera lección: dependemos de las mercedes del gobierno), que en el supuesto mercado libre, da la libertad de crear un banco al que goza de tal merced, y al que no, no; es decir, igual que para tener un taxi, abrir un bar o contruir una casa, hay que conseguir la licencia, para fundar un banco hay que tener la ficha. ¡Y luego hay desvergonzados -o descerebrados- que a esto lo llaman mercado libre!
¿Sabía usted que mercado viene de la palabra latina merx, de donde provienen las medievales, modernas y contemporáneas mercedes? Pues he ahí el engaño, en realidad, dado que las medievales mercedes -las reales mercedes;
por ejemplo las “mercedes enriqueñas”, de don Enrique II de Castilla-, son la base del truco del moderno y contemporáneo mercado, ése que de libre no tiene nada, pero que de tanto repetirlo, la gente acaba por creérselo, creando situaciones de extremada confusión, como la que viven ahora los ciudadanos que se consideran de izquierdas o de derechas, que se andan reprochando bobadas en nombre del socialismo, la socialdemocracia y el liberalismo, cuando lo único que hacen unos y otros, es llenar la faltriquera vacía de los banqueros, como si tan baja acción tuviese color político alguno.
¡Piensen conmigo!: si ya es difícil conseguir la licencia de un taxi -tiene que morirse uno que la tenga, o que el pleno municipal las amplíe, además hay que trabajarse al alcalde, ¡buf!-, imagínate una ficha bancaria! Lo de la libertad económica es de traca, pero ahora, que se está viendo cómo va todo, resulta más fácil decirlo que antes, que te tiraban huevos si decías esto que digo, probablemente porque a unos no les interesaba y otros no querían, ver lo evidente.
Siempre me admiró que haya gente tan crédula, que cada vez que escucha lo del “mercado libre”, se cree que significa algo más enjundioso, profundo o sensato, incluso, que la sobada metáfora de la mano invisible de Adam Smith, esa misma que ahora entra por debajo del faldón de tu americana, para sustraerte la cartera y realizar una beneficiosa “inyección de liquidez” en un banco, es decir, que te saca a ti el dinero que el dueño del banco se llevó para las Barbados, porque a ti te toca reponer lo que falta en su caja, pues a él le da la risa, que para eso pone dinero en los partidos políticos, que
son los que gobiernan y tomas esas decisiones que tanto nos joden, pero que no tienen más remedio que tomarlas, no vaya a ser que alguien entregue los recibos o las grabaciones en la Audiencia Nacional, y coja de turno a un magistrado de la asociación de jueces contraria al partido de gobierno.
Pero volviendo a lo nuestro: para que te den una ficha bancaria, conviene tener un apellido de banquero, porque eso enseña el oficio de saber vestir un traje de estambre de espiga y poner el pañuelo de topos, a juego con la corbata, doblado en el bolsillo, dejando ver lo justo, como para que no parezcas el director general de una caja de ahorros, casado con la hija del rico del pueblo, sino un banquero de buena familia, que como es sabido, son esas familias que no son malas, sino buenas.
Con un apellido de banquero es muy fácil poner un gesto adusto y una expresión soberbia, que indica, que aunque no tengas nada en la cabeza, los demás eso no lo saben, y puedes tenerla llena de todo lo que te apetezca, como si la amueblas con las existencias de una ferretería; que eso da igual; lo que impone es el gesto adusto, no los tirafondos de la cabeza.
Una vez en posesión de la ficha bancaria, y con el pañuelo en el bolsillo y tu gesto adusto en la cara, mientras ejerces la presidencia del banco, tienes el control de una entidad que coje el 98% por ciento de lo que los incautos te dan por ventanilla, y ya puedes hacer con ello lo que te da la gana, pero eso sí, tienes la obligación de llevar el 2% a reservas,
en la seguridad de que nunca te ocurrirá lo que le ocurrió a Bernard Madoff, que como no tenía ficha, se encontró con una crisis por delante, sin un estado dispuesto a meterle el dinero de los contribuyentes en caja, para cubrir el 98% del dinero de los depósitos, que debería estar en los bancos, pero no está, fiándolo todo a la azarosa circunstancia de que a los clientes no les entre un pánico y se les ocurra ir a buscar su dinero, con el consiguiente fiasco que esta actitud traería como consecuencia inevitable: el descubrimento de que todo el sistema financiero es un enorme fraude piramidal, como el de Madoff.
La relación entre ese 98% de los depósitos, que debería estar, y no está, y el 2% que el banco tiene que mantener como reservas, se llama coeficiente de caja. Descubrí eso hace unos años, y desde entonces, una vez que confirmé que no existen reservas de oro, y que el papel carece de otro respaldo que la fe que mueve montañas, esperaba ansiosamente la llegada del crack, ante el que nos encontramos, pero ahora que hasta aquí hemos llegado, les confieso que no esperaba que nuestros gobiernos optasen por coger nuestro dinero, el de los impuestos, y meterlo también en los bancos, como si fuesen depósitos, con el burdo truco de llamarlo “inyecciones de liquidez”. Es evidente que de esas “inyecciones”, una parte tiene que ser reembolsada personalmente a los políticos, para su disfrute personal, como propina, ya saben “pro-pinare”, para beber a la salud del “inyectado”, porque si no ,no se explica.
Etiquetas: reservas, depósitos, ficha bancaria, coeficiente de caja, sistema o fraude piramidal, madoff
Etiquetas:coeficiente de caja, depósitos, ficha bancaria, madoff, reservas, sistema o fraude piramidal
Entradas (RSS)
Ole, ole y ole.