
Fuego de Este a Oeste
Una inadecuada comprensión por parte del establishment político mundial, del problema que supondría un fracaso en el control del desbordamiento de la deuda de los países del Este de Europa, podría conducir directamente a la catástrofe. Según Ambrose Evans-Pritchard -international business editor del Daily Telegraph, tras ejercer como corresponsal en Bruselas y en Washington desde 1991-, la debacle causada por el descontrol de la deuda de Rusia, Ucrania y el resto de los países del antiguo bloque soviético en esa región, sería suficiente para destrozar el fragil sistema bancario del oeste europeo, e inciar lo que denomina “el segundo round de nuestro Ocaso de los Dioses (Götterdämmerung) financiero”.
A continuación, y por su indiscutible interés, hago esta versión española del artículo Failure to save East Europe will lead to worldwide meltdown, publicado el pasado domingo, pues se ven pocas aproximaciones a este problema en los medios de por aquí, destacando esta noticia de EFE del pasado 27 de enero, como fuente adicional para contrastar la importancia de las tesis que aquí se sostienen, y que versan sobre asuntos que por razones difíciles de comprender, no parecen encontrar atención en la prensa española, siempre tan encerrada en el campanario nacional:
El ministro austriaco de economía, Josef Pröll, realizó frenéticos esfuerzos a lo largo de la última semana, para reunir 150.000 millones de euros entre sus socios europeos, para ir al rescate del bloque ex soviético. Tiene razones para intentarlo. Sus bancos han proporcionado hasta el momento 230.000 millones a esa región, una cifra equivalente al 70% del PIB austriaco.
“Un impago del 10% de la deuda acumulada con Austria por parte de estos países, provocaría un colapso inmediato de sus bancos”, afirmaba estos días el Standard de Viena. Desafortunadamente, eso está a punto de ocurrir.
El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo. el EBRD, asegura que la deuda impagada alcalzará el 10% y puede llegar hasta el 20%. La prensa de Viena afirma que el Bank Austria y su accionista italiano, Unicredit, se enfrentan a un “Estalingrado monetario” en el Este.
Pröll intentó conseguir el apoyo para su paquete de rescate de los ministros europeos de economía, en Bruselas, esta última semana. El planteamiento general fue el expresado por el alemán Peer Steinbrück: “no es nuestro problema; ya veremos”, vino a decir.
Stephen Jen, responsable de “circulante” en Morgan Stanley, dice que el Este de Europa ha venido recibiendo 1,7 billones de dólares en préstamos a corto plazo, y debe devolver o negociar este año 400.000 millones, el equivalente a un tercio del PIB de toda la región.
El presupuesto ruso está basado en sus ingresos petrolíferos, y el crudo está a cerca de 33 dólares el barril, cuando sus oligarcas deben 500.000 millones de dólares y se han fundido el 36% de las reservas del país, desde agosto, defendiendo el rublo.
“Es la mayor lucha por el capital de la historia”, afirma el señor Jen.
En Polonia, el 60% de las hipotecas están constituídas en francos suizos. El sloty se ha quedado totalmente empequeñecido al lado del franco. En Hungría, los Balcanes, los países bálticos y Ucrania, se están viviendo diferentes variantes de esta misma película. Es como una especie de locura colectiva que busca emular la debacle “subprime”, pero con una diferencia, los bancos europeos están a merced d sus propias fuerzas, no como los americanos.
La aplastante mayoría de las deudas del bloque del Este caen directamente sobre el Oeste europeo, especialmente sobre los bancos austriacos, suecos, griegos, italianos y belgas. En definitiva, los europeos tienen sobre sus espaldas un 74% de la totalidad de los 4,9 billones que deben de sus préstamos los mercados emergentes.
Según el Fondo Monetario Internacional, los bancos europeos tienen un apalancamiento superior en más de un 50% al de los bancos japoneses o americanos, y su exposición al riesgo de bancarrota es cinco veces mayor. España está hasta el cuello en Latinoamérica, que se ha sumado a la crisis a gran velocidad; Méjico vio caer su producción de vehículos en enero en un 51%, y Brasil perdió 650.000 empleos en un mes. Ingleses y suizos están, por su parte, hasta atrás, en Asia.
En cuestión de pocos meses, el mundo va a descubrir que el sistema financiero europeo está hundido, y ahí no hay una Reserva Federal preparada para actuar. Así pues, en ese contexto, es en el que está agitándose el Este europeo. Erik Berglof, economista jefe del EBRD, me aseguró que la región puede llegar a necesitar 400 mil millones de dólares para hacer frente a los créditos.
Los gobiernos europeos se están preparando para la situación, y algunos están presionando a sus bancos para que salgan del Este, aunque sea a costa de dejar a merced de los elementos a sus delegaciones en esos países. Grecia ha ordenado a sus bancos que abandonen los Balcanes.
Las sumas necesarias están fuera de las posibilidades del Fondo Monetario Internacional, que ya ha aportado importantísimas cantidades a Hungría, Ucrania, Letonia, Bielorrusia, Islandia y Paquistán -y próximamente Turquía-, y está agotando rápidamente su propia reserva de 200 mil millones de dólares. Estamos cerca de un punto en el que el Fondo Monetario Internacional tendrá que imprimir dinero para el mundo, haciendo uso de poderes especiales para convertirse en emisor.
El rescate por el Fondo Monetario Internacional de la economía de Ucrania, con 16.000 millones de dólares, no ha logrado despejar el problema. El país, que se enfrenta a una reducción del 12% en su PIB, tras el colapso de los precios del acero, está dejando en situación gravísima grupos como Unicredit, Raffeisen e ING, y a merced de inconcebibles bandazos. Paquistán pretende conseguir otros 7,6 miles de millones de dólares. El gobernador del banco central de Letonia ha declarado que su economía está “clínicamente muerta”, tras la caída del 10,5% en el último trimestre. Las protestas han golpeado el tesoro y agitan el parlamento con furia.
“Esto es mucho peor que la crisis de los Tigres Asiáticos en los ochenta”, afirma Lars Christensen, del Danske Bank. “Hay situaciones imprevistas que pueden suceder en cualquier momento en la región, pero las instituciones de la Unión Europea no tienen herramientas para enfrentarse a una emergencia. El día en que se decida abandonar a su suerte a uno de estos países, puede originarse una crisis masiva y contagiosa, de efectos ilimitados, dentro de la propia Unión Europea”.
Europa está ahora ante una inquietud e incertidumbre mucho mayor de lo que nunca esperaron los líderes de la UE o del BCE. Alemania ha visto reducirse su economía en un 8,4% en el último trimestre. Si los cálculos del Deutsche Bank son correctos, la economía habrá perdido un 9% al final de este año. Ésa es la situación en la que cabe esperar ya una revuelta popular.
Las implicaciones son obvias. Berlín no puede acudir al rescate de Irlanda, España, Grecia y Portugal, cuyo colapso financiero por el estallido de sus burbujas crediticias es inminente, ni rescatar la economía italiana con el pavoroso disparo de su deuda pública, que alcanzará el 112% del PIB el año en curso, o rescatar a Austria de su aventurerismo propio de las Habsburgo.
¿Están preparados los bomberos para que una chispa produzca un gran incendio que puede desatar una crisis sistémica en días? Sólo podemos contemplar el espectáculo y esperar el curso de las llamas como se nos acerca.
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