
Las crisis económicas, cuando vienen condicionadas por grandes cambios de modelo, son en realidad no menos grandes crisis políticas. El desmadre del crédito asociado a los excesos de la especulación financiera e inmobiliara formó parte de un auténtico salto hacia el vacío por parte de los “responsables” del “gobierno” de las cosas de todos, que han vivido este último decenio mucho más pendientes de sus negocios particulares, es decir, del incremente de su riqueza, que del interés general. Como el capitalismo es global, y transnacional, el fenómeno era por definición incontrolable, y por eso afecta a todos; eso sí, en diferentes medidas, dependiendo de la organización de lo público en cada país, y ya va siendo hora de que los españoles pensemos en los retos que España va a afrontar de manera inmediata.
Cuando empezaron a hablar de los piigs (Portugal, Italy, Ireland, Greece, Spain), no estaban llamándonos cerdos en realidad -aunque algo de eso hubiera-, sino que estaban definiendo la realidad de nuestra situación, con un enorme déficit, una deuda astronómica y un elevadísmo desempleo estructural, maquillado con el negocio del ladrillo, que todos sospechamos que venía generando un porcentaje totalmente desorbitado del PIB, lo que durante ese arranque del siglo XXI llevó a hacer creer algunos que somos una potencia, cuando nuestra realidad es la que se ve ahora que se acabó la fiesta.
¿Cómo está organizado el sector público en España? Hace mucho que sabemos que nuestros diecisiete cacicatos autonómicos son un problema muy serio, y no sólo por la extraordinaria y desmedida corrupción que producen, al multiplicar por diecisiete los fielatos que tiene el sistema por definición, sino que además, plantea un problema político muy grave, ahora que se va a empezar a hablar de la nacionalización de la banca, no como una medida “progresista” -como todavía puede sostener algún analfabeto-, sino como una decisión “nacionalista”, tal y como plantean la cuestión los republicanos en los EEUU, que ya se han manifestado de manera clara en este sentido.
Israel avanza en el camino de la guerra hacia Irán -sigue dando pasos-, que a su vez no tiembla ante tal desafío: “Iran está buscando obtener ya la bomba atómica y constituye la más grave amenaza a nuestra existencia desde la guerra de la independencia“, dijo Binyamin Netanyahu, tras recibir el encargo de Shimon Peres para formar un gobierno de coalición. La ONU lanza ahora gravísimas advertencias sobre la peligrosidad nuclear de Irán, y todo hace pensar que el envío de 17.000 hombres a Afganistán, así como las peticiones de la OTAN a los países europes, van en la línea de reforzar el contingente internacional al este de Irán -Afganistán-, mientras sigue la confusión sobre cuál es realmente la intención de la administración Obama en Irak, al oeste de Irán. El que quiera ver que vea, pero esto cada vez tiene más pinta de caminar hacia la guerra abierta en la región más conflictiva del mundo.
¿Cómo va a evolucionar la actitud de los gobiernos ante unos bancos en quiebra galopante, ante la perspectiva del desarrollo de una economía de guerra? Si queremos empezar a analizar qué nos aguarda en el futuro, en un país con una banca tan endeudada y tan cargada de “activos tóxicos” como la nuestra, debemos mirar hacia los EEUU, para ver qué viene de allí.
En la tarde del miércoles, el Sitio Web conservador Drudge Report, de obligada consulta para conocer los designios del Imperio en crisis, colgaba un enlace a un artículo en el Financial Times, en el que se decía que Obama se muestra en la línea del modelo “sueco” -que por cierto, por eso se puso de moda en estas últimas horas- de nacionalización de bancos. El Drudge, tal y como relata The Hill, colgó ese enlace con una foto de la bandera sueca, uniendo así a Obama con lo que en los EEUU se considera el gobierno “más izquierdista” de los europeos.
Pero a pesar de estas consideraciones “republicanas”, lo cierto es que son muchos los conservadores americanos que apuestan por el modelo de nacionalización de los bancos, como por ejemplo el senador Lindsey Graham, ampliamente citado en el FT y en The Hill: “Esta idea de nacionalizar bancos no es confortable“, dijo Graham, “pero pienso que tenemos demasiados activos tóxicos en toda la comunidad financiera y los bancos del mundo, como para que tengamos que hacer algo urgentemente, que hace un año ni siquiera pudiéramos habernos imaginado“.
El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, dijo el miércoles, que “por regla general, la gestión pública de los bancos presenta grandes retos“, pero en absoluto descartó esa posibilidad, y el ex presidente de la Reserva, Alan Greenspan, ya manifesto su apoyo a esta posibilidad.
Así pues, volvemos a posiciones bélicas y financieras que recuerdan más de la cuenta las azarosas circunstancias que caracterizaron el mundo en la tercera década del siglo pasado, los tiempos del Crack del 29, la vuelta a las tensiones proteccionistas, los tambores de guerra y la nacionalización de las economías.
¿En qué condiciones afronta España, dividida en sus diecisiete islotes políticos de corrompida dinámica, estos retos que plantea la política internacional y este brutal cambio de modelo económico que ya está en marcha? De momento, aquí, lo único que se ve es gente escondida en casa, y acurrucada debajo de la cama, cuando el debate es duro y urgente, si no queremos que la situación nos desborde al cogernos como atontados con nuestras patéticas cuitas económicas y en fuera de juego.
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