
Las protestas contra Guantánamo empezaron con timidez, y luego subieron de tono
Mi impresión de hace muchos años sobre el extraño papel que juega el juez Baltasar Garzón, constatada con los hechos que puedo relacionar como un sencillo y distante observador de la actualidad, me puso tras la pista de las extraordinarias coincidencias entre graves asuntos de estado, por qué no decirlo, “golpes de estado”, en el sentido en el que estableció este enunciado el teórico libertino Gabriel Naudé, en su Science des Princes, ou Considérations politiques sur les coups-d’état.
Al pueblo se le conduce a través de la opinión, buscando su “consenso”, pero luego se actúa por detrás, con operaciones ilegales, que se disfrazan en cada caso con las plumas de la filantropía, atribuyendo la autoría material de tales acciones a los “malvados” que los servicios de inteligencia colocan como víctimas propiciatorias, para asumir ese papel. Ni siquiera en tiempos de Nicolás Maquiavelo se consideraba que un príncipe, es decir, un hombre de estado, pudiese actuar sin conseguir una cierta aquiescencia del pueblo, so pena de ser derrocado.
El juez Garzón
encontró en su teoría de la “justicia universal”, es decir, de una supuesta “jurisdicción universal” que puede desarrollarse desde cualquier nación del planeta, un camino para su itinerario profesional, que coincide con la ruptura de muchas cortapisas impuestas por el modelo de estado-nación, en los tiempos de la globalización y, cómo no, de la crisis global, que ha llevado a que se alcen muchas voces en demanda de la vieja aspiración kantiana del estado universal. Vivimos tiempos en los que se habla ya de una nueva divisa internacional que sustituya al dólar, e incluso de un gobierno económico mundial, eso que Felipe González bautizó en España de manera bastante cursi como la “gobernanza mundial”, maltraduciendo del inglés la global governance de la que hablan Joseph Stiglitz o Michel Rocard, en propuestas a las que no son ajenas las ideas que expone desde hace muchos años el financiero George Soros.
Pero las actuaciones de Garzón, no dejan de sorprender, por implicaciones anejas, en cuanto a la oportunidad -el tiempo y la forma- en que se han venido poniendo en escena, algo que siempre nos conduce a llamativos entramados y coincidencias nada desdeñables, como las que ahora vemos cuando se produce su último movimiento, la última pelota que le han colocado delante de los pies, con el posible procesamiento del ex fiscal general de Estados Unidos Alberto González, de Jay S. Bybee, ex asistente del fiscal general, y de los abogados John Yoo, ex del Departamento de Justicia, William Haynes II, ex consejero general del Departamento de Defensa, y David Addington, jefe de equipo y asesor legal del ex vicepresidente Dick Cheney. Todos ellos al parecer muy vinculados al asesoramiento legal sobre las desconcertantes actuaciones desarrolladas por la administración de George W. Bush, en relación con la entonces denominada Guerra Global contra el Terror, que tuvo en la cárcel de Guantánamo uno de sus emblemas más condenables.
Todo sería muy bonito, si no fuera porque la querella la presenta el abogado chileno Gonzalo Boyé y su equipo, de un acreditado despacho de Madrid especializado, por lo que se ve, en sorprendentes operaciones de inteligencia. El New York Times, que este domingo 29 tenía ya un ejemplar de la querella, afirma que
ésta ha sido preparada por abogados españoles, con la ayuda de expertos de los Estados Unidos y Europa, y presentada por una asociación española de derechos humanos, la Asociación para la Dignidad de los Prisioneros.
Que Boyé sea chileno, y que haya estado diez años en la cárcel en España por participar en el secuestro de Emiliano Revilla en 1989 -secuestro que liquidó la tregua con ETA del año 88-, es decir, por colaborar con ETA, junto con otros miembros del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria de Chile), es algo que no puede dejar de tenerse en cuenta. De aquella, fueron también condenados en España por el secuestro, los chilenos Ramiro Silva Vial y René Miguel Valenzuela Bejas.
Ahora bien, si recordemos los comienzos de Garzón en sus experimentos universalistas, entonces, nos tenemos que retrotraer al año 1988, cuando Bill Clinton ordenó la desclasificación de los documentos de la CIA sobre el golpe de estado en Chile contra el gobierno del presidente Salvador Allende. ¡Qué casualidad! Garzón acababa de conseguir que Londres accediese a encarcelar
al general Augusto Pinochet, tras el que corría con el empeño de su primer y más sonoro asunto global, justo antes de que la Casa Blanca desclasificase los documentos de Chile que comprometían a la administración americana, gobernada por un demócrata. ¿Acaso el golpe de Chile era sólo un asunto de orden interno chileno? Y la CIA, ¿no tuvo nada que ver?
El origen chileno de la aventura garzoniana y la nacionalidad de Boyé, pueden ser una mera y diabólica coincidencia, que en nada ligarían a los dos protagonistas de esta historia, pero es que ya antes de este nuevo espectáculo que se promueve en estos momentos, el mismo Boyé, en representación del Centro Palestino para los Derechos Humanos, presentó también la querella contra el ex ministro de Defensa israelí, Benjamín Ben-Eliezer, y seis militares. Tampoco podemos pasar por alto que Boyé, que participó en la defensa de Arnaldo Otegui, haya formado parte también de la acusación en el macrojuicio del 11-M, donde recusó al perito de la policía Gabriel Moris, vicepresidente de la AVT, y clave en la nunca aclarada incógnita de los explosivos utilizados en los atentados de Madrid.
La acusación de Boyé en el 11-M estuvo en todo momento coordinada con la actuación de los letrados de la otra asociación clave en el procedimiento, la de Pilar Manjón, y su objetivo principal fue cargar el mochuelo a los tres supuestos “autores intelectuales” del atentado, los mismos a los que acusaba la fiscal Olga Sánchez, como él mismo dejaba bien claro en unas declaraciones al diario chileno La Nación:
Los autores intelectuales son tres, Youssef Belhadj, Hassan el Haski, y el hombre conocido como Mohamed el egipcio. A ellos se les va a venir el mundo encima cuando se den cuenta de la solidez de las pruebas que existen. En España no hay cadena perpetua pero debieran cumplir 40 años. Aunque el clima para que esto ocurra está complicado aquí. Hay presiones políticas muy fuertes…
Huelga decir que esos tres “autores intelectuales” han quedado tan desvirtuados -sus condenas son ridículas- como quedó el líder de la supuesta célula de Al Qaeda en España, Barakat Yarkas, del que se puede decir, sin temor a equivocarse, que fue otro “autor intelectual del 11-M” colocado ahí por los servicios-, y precisamente se reafirma esta historia -en la que Garzón jugo un importante papel como instructor-, ante las dudas surgidas como consecuencia de la información publicada por El Mundo, sobre las nuevas pruebas aportadas por el perito policial Moris, que pidió la reapertura del sumario por la desaparición de las muestras de explosivo recogidas en la estación de El Pozo. Antes de que Boyé tuviese claro, con la fiscal Sánchez, quiénes eran los responsables intelectuales del 11-M, Garzón y su “entorno” tenían otro :
Al líder de esa célula, Barakat Yarkas, se le pidieron 65.000 años de prisión, se le condenó a 27, y al final está condenado a cumplir 15 años de prisión. Los EEUU nunca tramitaron su extradición, y en España nadie volvió a insistir en la idea de que fuese el “responsable intelectual” del 11-M, a pesar de que así lo afirmó ante la comisión parlamentaria de investigación el entonces máximo responsable policial de la investigación y persecución del terrorismo islámico. Sin embargo, un amigo suyo y muy relacionado con su detención, policía en España, también sirio, guardaespaldas del juez Baltasar Garzón, del que aparentemente nadie supo nunca más nada, está detrás de todos los hilos que conducen a la confusa serie de situaciones que rodearon el montaje de los elementos sobre los que se construyeron los procedimientos judiciales del atentado de Madrid..
Mi pregunta, tras este cúmulo de actuaciones enlazadas, vidas paralelas y coincidencias insoportables, es evidente: ¿milita el juez Garzón en un grupo fáctico que trabaja contra los “golpes de estado” -en el sentido de Naudé- de la derecha, y encubre los de la izquierda?, dicho esto, dejando bien claro que con “derecha” e “izquierda”, me refiero a los grupos de presión alineados, en unos casos con los republicanos, y en otros con los demócratas, que protagonizan la gran lucha por el poder en el declinante imperio americano y en sus países satélites, como es el caso de España.
Las circunstancias en las que se entremezclan las vidas de estos personajes, resultan realmente llamativas y los hechos son dignos de ser señalados, pues algún día formarán parte de la historia contemporánea, que se está escribiendo a base de extraños, inexplicados y en cualquier caso, oportunos “atentados terroristas”, que parecen jugar un papel determinante en los escenarios de la política internacional del Siglo XXI, en la que el juez Garzón tiene ya reservado un papel, como gran enredador de asuntos aparentemente muy “monos” y “progresistas”, en los que si se rasca un poco, sale ácido sulfúrico.
Etiquetas: John Yoo, Guerra Global contra el Terror, William Haynes II, David Addington, Baltasar Garzón, Olga Sánchez, Emiliano Revilla, Benjamín Ben-Eliezer, Pilar Manjón, Dick Cheney, Centro Palestino para los Derechos Humanos, Gonzalo Boyé, Gabriel Morís, Arnaldo Otegui, Asociación para la Dignidad de los Prisioneros, George W. Bush
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