
No hay dinero público para la prensa en los EEUU
En Estados Unidos se acaba de dar un nuevo paso con unas declaraciones de la Casa Blanca, con las que la administradión Obama toma posición, asumiendo de una manera elocuente que los viejos medios ya están muertos. Y es que ya cala la evidencia de que cuando hablamos del final de los medios tradicionales estamos ante algo mucho más profundo que la crisis económica, que ha venido a acelerar la fuerza desatada de un enorme cambio tecnológico, que no se ve a simple vista, a pesar de su elocuente labor destructora, pues nada hay más difícil que aceptar las evidencia, cuando el cambio, y la revolución subsiguiente, implican brutales transformaciones económicas de indudable repercusión política y social.
Por mucho que los principales actores no acepten aún la realidad del final de los viejos medios -es dura, muy dura y difícil de aceptar-, el ritmo de los cambios es tal, y se extiende por todo el mundo con tal uniformidad, que es comparable a la extensión global de la propia crisis económica o de la gripe porcina, fenómenos tan materiales como mediáticos, pues no se sabe si es más decisiva la crisis o la gripe, que la propia divulgación mundial de su extensión, lo que realmente constituye la sustancia de estos nuevos fenómenos mundializados. Algo similar ocurre con la prensa, la radio y la televisión, y su fuerza se percibe con el ritmo frenético de los acontecimientos.
Conviene destacar una importante novedad: la crisis del Boston Globe ha servido para que la administración Obama aclare su posición sobre el esperado plan de rescate para la prensa norteamericana. La situación de esta histórica cabecera del Grupo New York Times, tan vinculado a las administraciones del Partido Demócrata, hacía esperar que quien fue capaz de realizar poderosas inversiones para apoyar el sistema financiero, pusiese encima de la mesa un plan de ayuda para los viejos medios, de acuerdo con la tesis que sostiene que su derrumbamiento será un viento huracanado para los derechos fundamentales de los ciudadanos, y eso justificaría la implicación financiera de los gobiernos en su imposible salvación. Recientemente, Juan Luis Cebrián, lanzó en España una desesperada llamada de socorro, ante la crisis del Grupo Prisa.
La respuesta de la Casa Blanca ha sido la manifestación pública de su “preocupación” y “tristeza” por la “situación crítica que viven los diarios, pero, de acuerdo con la información divulgada por la agencia France Presse, “descartó la posibilidad de incluir el sector en el plan del gobierno de rescate financiero a empresas afectadas por la recesión”. No hay dinero para todo, y la administración de Barack Hussein Obama ya se ha granjeado grandes críticas por la intensidad con que le dio a la manivela de la máquina con la que se fabrica la “liquidez”, desde la que salen esas montañas de billetes que se acumulan en las cajas fuertes de los paraísos fiscales y del Estado chino, que es el mayor coleccionista mundial de billetes de banco norteamericanos.
Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, declaró al respecto: “honestamente, no sé qué cosa puede hacer al respecto el gobierno”, “ese asunto puede llegar a ser delicado de atacar”, añadió; “creo que hay una cierta preocupación y una cierta tristeza cuando se ve a las ciudades perder a sus diarios o a regiones del país quedarse sin sus diarios”, dijo.
En estos momentos el Boston Globe, tras declarar unas pérdidas de 85 millones de dólares, se encuentra en una situación especialmente delicada de unas negociaciones que han llegado al límete con la amenaza de cierre inminente, entre el grupo propietario The New York Times Co. y los siete sindicatos que agrupan a la enorme plantilla de este periódico, tras presentar oficialmente la propuesta para el cerrojazo si no hay acuerdo. Sólo el Boston Newspaper Guild agrupa a setecientos trabajadores del diario. La mayor dificultad para los acuerdos con los sindicatos estriba en la distribución de los recortes salariales y de los contratos con las plantillas de redactores, trabajadores de las plantas de impresión, repartidores, etcétera.
Etiquetas: Barack Hussein Obama, Boston Globe, Grupo Prisa, Grupo New York Times, pérdidas de 85 millones de dólares, Boston Newspaper Guild, Robert Gibbs, Juan Luis Cebrián
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