
La rebelión de los periodistas contra la LPI, una revuelta necesaria, que no se acaba de materializar, a pesar de su clamorosa esclavitud
Llevo toda mi vida escribiendo, casi desde niño, y publicando en todo tipo de medios. Siempre percibí como una horrorosa esclavitud la existencia del empresario del medio de comunicación. ¿Serán conscientes, la mayoría de los periodistas, del papel que les otorga la ley, al ser los únicos autores que no tienen derechos de propiedad intelectual sobre lo que escriben? ¿Será consciente la ciudadanía de que hasta que hemos vivido la revolución de Internet, hemos tenido unos mediadores profesionalizados, encargados de flitrarnos información y opiniones, trabajando por cuenta ajena, como esclavos de un editor, y sin tener tan siquiera el derecho a la propiedad intelectual de su propio trabajo?
Artículo 8 (LPI). Obra colectiva.
Se considerá obra colectiva la creada por la iniciativa y bajo la coordinación de una persona natural o jurídica que la edita y divulga bajo su nombre y está constituida por la reunión de aportaciones de diferentes autores cuya contribución personal se funde en una creación única y autónoma, para la cual haya sido concebida sin que sea posible atribuir separadamente a cualquiera de ellos un derecho sobre el conjunto de la obra realizada.
Salvo pacto en contrario, los derechos sobre la obra colectiva corresponderán a la persona que la edite y divulgue bajo su nombre.
Siempre me llamó mucho la atención, desde que empecé a colaborar de muy joven en prensa, radio y televisión, que aquella gente que trabajaba y aún trabaja en medios convencionales -hasta que la crisis e Internet acaben de una vez con esta vergonzosa esclavitud-, que nunca se haya producido una revuelta de los periodistas contra editores y empresarios de comunicación, para exigir una reforma legal que traiga como consecuencia la abolición del uso perverso del sibilino concepto de “obra colectiva”, que arrebata al periodista, no sólo la propiedad intelectual, sino el control final de su opinión y de su información, para ponerlos en manos de un empresario. Al final, el que firma, y cuando no firma peor, tiene que escribir lo que le dicen que escriba, y eso, cuando se le echa un poco de cuento, es el no va más de una supuesta “asepsia” (es lo que en otros tiempos se denominaba el estilo El País), que no es sino otra burda forma de censura. El asunto es muy grave, y tiene no pocas implicaciones, que resultan muy pertinentes ahora que vemos las primeras rebeliones en los nuevos medios digitales, como la que se acaba de producir en el Menéame, que desencadenó toda una reflexión colectiva por parte de los usuarios de este nuevo medio, cuya sustancia está bastante bien explicada en este artículo, “Menéame.net y el límite a la libertad de expresión por internet“.
Este viernes escribí un artículo de opinión sobre lo que yo sabía de ese sitio Web, como consecuencia de la lectura de uno de los trabajos que cito, que venía listado en la suscripción RSS que tenemos en ElComentario.TV, a las noticias de portada de esta exitosa página denominada Menéame, réplica en español de la americana Digg. Como coincidió que la revuelta era seria, alguien me lo “meneó”, y llegó a la portada del invento, cosa que, para qué ocultarlo, me produjo gran satisfacción, porque me dio oportunidad de participar en un debate que se reflejó en los comentarios de mi propio blog, en el que como hago siempre, y como se hace en todos los espacios que mantenemos dentro de ECTV, en donde se van publicando por orden los comentarios procedentes de los diferentes espacios, agrupados en la sección Debate ECTV, se dio libertad plena para que se opinase todo aquello que se quiera opinar, mientras se respeten unas normas elementales de convivencia.
Y la verdad es que el debate me confirmó muchas intuciones, y me enseñó cosas nuevas que ni siquiera imaginaba, pues como ando dándole vueltas todo el día a este asunto, e informándome, y compartiendo la información con el conjunto de los usuarios de nuestro pequeño conglomerado de opinión en la red, hace mucho que me preocupa saber cómo va a ser el control de los medios del futuro, ya que como saben quienes leen estas cosas, partimos de la inminente desaparición de los periódicos, las televisiones y las radios, tal y como conocimos esos caducos medios de comunicación, para alumbrar una nueva manera de intercambiar ideas, información y opiniones, con la que la ciudadanía pueda conquistar su libertad, sin la mediación de los editores y los empresarios de los medios en general, que como todo el mundo mínimamente informado intuye, tienen acuerdos inconfesables con gobiernos y grandes empresas, a través de la publicidad institucional y de grandes negocios, como los que siempre hizo, por ejemplo, el ahora declinante grupo PRISA.
Internet permite eso, y mucho más, pero sin embargo, aparecen nuevas formas de control, que vienen a sustituir a las propias del empresario caduco, al que tan bien encarnaba estos días Juan Luis Cebrián, con sus lloros, ante la inminente quiebra de su grupo, a falta de una inyección económica del Estado, como la que se está haciendo en los bancos. Los lloros de Cebrián llegan tras una larga era, en la que él en persona, como todopoderoso virrey de Jesús de Polanco, hizo la transición de la España de Francisco Franco, y del franquismo sociológico, a la España de hoy, cuya información y debate público están sometidas a la tiranía de la mediocridad que tan bien supo imponer, con su estilo PRISA, un neofranquismo disfrazado con las grises plumas de una democracia enterrada bajo la corrupción política y administrativa, a la que él revestía con el falso oropel de un pluralismo aparente, basado en el “estilo”, la “moderación”, el “consenso” y otros torpes mitos, que sin duda dieron “prestigio” a su tinglado, y mucho dinero al editor. Hasta que éste murió, y empezó a derrumbarse el castillo, con el fantasma de Franco todavía dentro, recorriendo sus mazmorras.
Menéame es un buen ejemplo de lo que puede suceder, cuando a medida que vayan desapareciendo los medios tradicionales, la información y la opinión fluyan a través de las redes de blogs, y entonces se convierta en esencial el control de los mecanismos de agregación de noticias de agencias y medios públicos, así como de las publicaciones digitales privadas, que al final es lo que va a sobrevivir. Porque una cosa es tener un blog y opinar lo que a uno le viene en gana, y otra muy diferente que lo que en ellos se escriba llegue a los lectores, si no hay mecanismos de promoción utilizados por la ciudadanía, para informarse y opinar, como es por ejemplo la red de periodismo ciudadano que intentamos crear en ECTV, en la que cada uno tiene su propio medio, sin que el control de un empresario vinculado al poder mediante su estructura de negocio, tenga maniatada la opinión de la gente mediante el sistema de administración de las páginas en las que se produzca el intercambio y la promoción de lo que la gente publique. La libertad sólo se puede garantizar desde una plataforma de propiedad colectiva, no de propiedad privada.
No creo que nadie se atreva a abolir la LPI que da el control de la información a los empresarios -ni a proponerlo, ante la más que previsible reacción de los editores-, ni que una revolución espartaquista de los esclavos de la información acabe con la dictadura mercantilista que en la actualidad sojuzga los medios y somete la opinión a la dictadura de lo políticamente correcto, sino que como digo, va a ser la propia crisis, y la mutación que abre el paso de la publicidad convencional a la publicidad contextual, la que acabe con esa época de esclavitud informativa y de la libre expresión en la que vivimos. Pero lo que viene detrás puede ser peor. La vida me enseñó que todo es empeorable.
Me preocupa no ver una apuesta diferente entre la gente joven, que en estos momentos se ha rebelado contra la dictadura que les imponían sus cancerberos del Menéame, que como Franco con su Prensa del Movimiento, y Cebrián con las herramientas de PRISA, les imponía la exótica norma de no “meterse en política”, es decir, les imponía no cuestionar la palabra de Dios procedente de los “medios progresistas” y la demonización de todo aquello que por ser diferente, es “facha”, es decir, no uniforme, no moderado, no controlado, no sumiso bajo la bota de la corrección política.
Vean algunas de las lindezas que me dedican, por soltar cuatro verdades, los cancerberos que trabajan, gratis total, para el dueño del Menéame y su futurista mecanismo de control de la opinión y de la información, en una nueva y curiosa manera de organizar el sistema, por ejemplo con la descalificación verdaderamente fascista, que es la que ahora llama “fascista” al que no se doblega, igual que en tiempos de Franco se llamaba “rojo” al discrepante:
Este tío es de lo mas facha que hay en Asturias…y vais y le hacéis caso…coño hay que leer lo que se menea aunque sea el BAN DAY.
Aquí alguien clama desesperado, porque en un espacio en el que los toros están condenados como una práctica bárbara, defenderlos lleva inevitablemente a la censura:
Por ejemplo estoy de acuerdo con la fiesta de los toros (que no así con la muerte y sufrimiento, algo que se podría cambiar sin perder el arte del toreo) pero Dios me libre de expresarlo públicamente en Menéame, porque lo normal es que mi karma se quedara con los suelos.
El empresario de Menéame ha cedido ya ante la rebelión, y no le queda otra que abrir la puerta a los que echó, tras esta catarsis, para volver a tomar las riendas del caballo desbocado, pero, ¿servirá esta oportunidad para que los jóvenes que han vivido esta apasionante experiencia reflexionen sobre la necesidad de contar con nuevos medios, creados desde entidades sin ánimo de lucro, constituídas por defensores de las libertades, que se agrupen para impedir que este nuevo fascismo de lo “políticamente correcto” nos imponga su férrea dictadura?
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Etiquetas: propiedad intelectual, Menéame, Internet, Revuelta en el Menéame, obra colectiva, Francisco Franco, Artículo 8 (LPI), Jesús de Polanco, Prisa, Menéame.net, estilo El País, ElComentarioTV, Juan Luis Cebrián, Digg, Prensa del Movimiento, Debate ECTV
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