
Gobiernos y operadoras de telecomunicaciones, inician el pulso por el control del audiovisual en la red
Cuando Sarkozy abrió el debate sobre la desaparición de la publicidad en la televisión pública, aplicando una tasa del 0,9% sobre los ingresos de las operadoras de telecomunicaciones, para contribuir a financiarla, el presidente francés -que lógicamente no es el presidente francés, sino lo que hay detrás de él- estaba iniciando en realidad el primer asalto de un pulso inevitable entre los gobiernos y los telecos por el control del audiovisual en Internet.
Las empresas audiovisuales privadas, y especialmente los grandes grupos de comunicación que están a las puertas del cambio del analógico al digital, y que en muchos casos apostaron por grandes plataformas de pago vía satélite, contemplan con singular preocupación el derrumbamiento de su negocio por dos razones complementarias: la vieja televisión lineal se muere, pues es un producto que sólo consumen los viejos, dado que los jóvenes prefieren el audiovisual no lineal, que ya no es televisión, sino video en directo y audivisual bajo demanda, con retorno de señal vía Internet, que les permite ver lo que quieren ver -eso es la televisión no lineal-, cuando y como lo quieren ver, y además opinar sobre lo que ven, a la vez que hacen otras cosas, como chatear con un amigo o consultar una palabra en el diccionario, sin consumir el producto rígido y enlatado que ofrecían los viejos modelos de televisión, que se están muriendo de manera acelerada ante la explosión de la crisis publicitaria.
Efectivamente, si bien la televisión, tal y como conocimos este medio de comunicación que agoniza, tenía cuerda para un cierto tiempo, por ser el producto preferido de las generaciones más envejecidas, esa cuerda se rompió repentinamente, cuando estalló la crisis subprime, y se vino abajo la burbuja inmobiliaria con la economía financiera de alto riesgo, pues la incertidumbre económica desatada, desinfló de manera repentina el globo publicitario, por no decir que éste reventó sin más.
Cuando están frescos aún los ecos de las transformaciones legales que se están iniciando en los EEUU para permitir la conversión de las empresas editoriales de los periódicos, en entidades sin ánimo de lucro, en aquel país empieza a hablarse ya de la aplicación de los planes de rescate habilitados para los fabricantes de vehículos a las empresas del audiovisual que se muere, empezando por la constelación de pequeñas televisiones que forma la impresionante malla adiovisual norteamericana que teje su sociedad civil, algo que hasta ahora se había negado de manera expresa para medios de comunicación, por la administración Obama, concretamente en el caso de la prensa escrita.
El derrumbamiento de la publicidad del sector del automóvil es el pretexto. También valdría para entender lo que está sucediendo, el evidente hundimiento de la publicidad de los negocios inmobiliarios. Y además, la vieja y carísima publicidad de los medios tradicionales está muerta sin más, por eso, porque es vieja y carísima, y no compite con la publicidad contextual de Internet, infinitamente más barata y eficaz.
La crisis económica ha acelerado el cambio tecnológico, y ahora los acontecimientos se precipitan. En estos cambios los trenes no esperan por nadie en la estación. Son de aranque fulminante y viajan a alta velocidad, y si alguien me dice que hace un año se veían venir las regulaciones de empleo masivas de la prensa, le diré abiertamente que me está mintiendo. La suma de estos dos factores de los que hablo nos ha cogido a todos con el paso cambiado, a los que creíamos en el inevitable derrumbamiento de los medios tradicionales, y a los que lo negaban de manera porfiada. El ritmo con el que se está produciendo la destrucción de lo viejo no estaba previsto.
Así pues, eliminar la publicidad de las televisiones públicas francesa y española, encierra algo más que lo que hasta ahora hemos sido capaces de analizar, que no es otra cosa que la inminente polémica que se abre ante la inevitable pretensión de las operadoras de telecomunicaciones de cobrar el consumo de ancho de banda de subida, puesto que para quienes explotan las infraestructuras por las que circulan los paquetes de información digital que constituyen la esencia de la comunicación masiva vía Internet, no es lo mismo el consumo de ancho de banda de una página personal y de sus escasos visitantes, que el 5% del tráfico total de la Gran Bretaña que se lleva el iPlayer de la BBC, un país en el que la mal llamada televisión por Internet es ya una realidad, tan sólo comparable con el despegue de los grandes servidores de vídeo que, como YouTube, son ya una clamorosa realidad de audiovisual no lineal, en marcha, y consumido por grandes masas de usuarios.
En este nuevo escenario que ha cogido a muchísimos ciudadanos, y no pocos dirigentes, en la más impresionante de las perplejidades, convencidos de las enormes bondades y el carácter eterno de unos medios a los que en realidad queda muy poco tiempo, la financiación de las televisiones públicas y la nueva vía para sostener ciertos periódicos, convertidos en entidades subvencionables, es una prioridad, puesto que controlar la opinión de la ciudadanía en nuestro mundo es algo extremadamente urgente para los poderes políticos, y por supuesto, para los grandes grupos económicos que necesitan ciudadanos sumisos y disciplinados, e Internet supone un enorme reto a esa capacidad de control.
Un servicio de Internet universal, con tarifas planas, abierto a todo el mundo, y con la posibilidad de que todos podamos impulsar y gestionar, sin apenas inversión, grandes medios de comunicación, es algo intolerable para los más ricos y poderosos, lo que hace inevitable la inminente adopción de medidas, que hagan imposible la navegación de más barcos pirata fuera de control.
La flota imperial zarpará en breve a la caza y captura de buques con bandera bucanera. Aquí no puede haber grandes sitios Web con información fuera de control, porque eso sería letal para el sistema. Pero tampoco se pueden clausurar los sitios así como así. Nuestras sociedades necesitan mirarse en el espejo democrático.
Sólo hay una manera de embridar los nuevos medios ciudadanos de comunicación, que enlazan blogs y páginas personales en grandes redes de comunicación incontroladas, que suponen un mecanismo de información que deja en ridículo los sitios Web de los medios tradicionales, por muchos visitantes que estos tengan: la imposibilidad de financiarlos.
Los gobiernos tienen que conseguir crear un nuevo marco en el que su relación con las operadoras de telecomunicaciones les permita trasladar el control social, desde las grandes televisiones públicas, analógicas y digitales, a Internet, creando los grandes sitios Web de información y opinión controlada, que neutralicen la excesiva libertad de inciativa que en estos momentos caracteriza la red.
Así pues, se impone el pago del ancho de banda consumido, y para empezar a negociar ese escenario, y colocar a las operadoras en su sitio, qué mejor que comenzar la pelea sacándoles el dinero para financiar el mantenimiento ,en su declive, de las redes terrestres de las actuales televisiones públicas, mientras éstas, a imagen y semejanza de la BBC, empiezan a trasladar sus emisiones, con nuevos y mejores servicios no lineales a Internet.
Las operadoras privadas de telecomunicaciones tendrán que negociar con los gobiernos la manera en que el coste de estas grandes reformas se traslada a los bolsillos de los usuarios, en la factura de telefonía, y también, cómo no, en la factura que tendrán que pagar las personas físicas y jurídicas que hoy en día, suben sus contenidos a Internet, sin más coste que el mantenimiento del servidor y la parte que les corresponde de la cuota de conexión a la red que pagan las grandes empresas de hosting.
El que quiera tener un gran espacio de Internet con muchos usuarios tendrá que pagarlo, y si quiere pagarlo, tendrá que hacer como los actuales periódicos y revistas: buscar alguien que ponga el dinero, y el dinero llegará, si el medio se porta bien, y si no, no, y entonces a cerrar. Y se acabó el cuento.
¡La gran batalla por el control del audivisual en Internet, no hizo sino comenzar!
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