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La clase política de los taifas va a defender las cajas hasta en el último valle

Andalucía rompe el juego de la previsible ordalía político-judicial que se va a organizar en este país, ante la inminente aprobación, el próximo 26 de junio, del llamado Fondo Ordenado de Reestructuración Bancaria, FROB, que en realidad es el primer intento serio por parte del Estado de recuperar parte del terreno perdido en estos últimos decenios, en el control de competencias esenciales para el sostenimiento del sistema, como es en este caso nada menos que el de la potestad de ordenar el sistema financiero nacional, ante una situación de emergencia, como es la inminente detonación seriada de un rosario de quiebras en numerosas cajas de ahorro, de no mediar una firme actuación de la autoridad bancaria, que permita evitar situaciones como la que llevó a la intervención de la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha ante la eventualidad de que un pánico pudiese conducir a una situación como la que se produjo en Argentina en su momento, cuando más gente de la que resultaba deseable para las existencias de liquidez en las entidades bancarias, se presentó en las ventanillas a retirar sus depósitos, encontrándose con que éstas no atendían sus demandas de papel moneda impreso, y de paso, descubrieron la esencia piramidal del sistema financiero, que consiste en que el mismo funciona, mientras a la gente no se le ocurra pedir su dinero.

Como es sabido, las cajas no tienen accionistas, sino impositores que confían sus ahorros a entes gestionados por personajes designados para cumplir con esta misión por las llamadas entidades fundadoras, en unos casos, y en otros, por los ayuntamientos y comunidades autónomas que heredaron de las antiguas diputaciones esta sinecura, con lo que unas instituciones creadas por el capitalismo paternalista para atenuar la rapacidad de los bancos, que invierten sus beneficios en el negocio financiero en general, y en el bienestar de sus propietarios o banqueros en particular, se han convertido, con el correr de los años, en instrumentos para financiar los negocios de los amigos de los políticos que las gestionan, que a su vez suelen encargarse del bienestar de los políticos que los favoreces con la flexibilidad crediticia y la debilidad en la persecución del fraude y los impagados de esos amigos de los partitócratas, sin que esto comporte la menor compasión a la hora de ejecutar una hipoteca a una familia de humildes trabajadores sin militancia política. La vida es dura.

Gracias a las cajas de ahorros, la política, generalmente nutrida en sus efectivos de gentes del pueblo sin fortuna, que se sienten acomplejadas a la hora de negociar tratos y contratos con banqueros y grandes empresarios -al no poder corresponderles con largueza con dinero extraído de sus propias carteras lo que les obliga a recurrir a las dietas y gastos de representación para poder financiar almuerzos y cenas en grandes restaurantes y comedores privados antaño reservados a la plutocracia-, ahora se ve repleta de nuevos ricos que han conseguido hacer de la representacion del pueblo un lucrativo negocio, que compite con éxito con cualquier actividad, a la hora de permitir fraguar saneados retiros en lejanas y exóticas tierras, generalmente feraces, ricas en palmeras y cocoteros, así como en oficinas bancarias en las que se pueden depositar fortunas amasadas con el dinero de los necios impositores, exentas de la tributación que grava los sueldos de las personas humildes, obligadas a financiar los presupuestos generales del estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos, por no ingresar lo suficiente como para poder pensar en librar sus dineros de la fatídica tributación. Una pescadilla que se muerde la cola: el que gana poco y tributa mucho, no tiene la oportunidad de romper con su trágico destino, para alcanzar el estatus de los que ganan mucho y tributan poco, un selecto club en el que sólo se puede ingresar hoy, tras una larga carrera, que puede empezar por un humilde puesto como concejal de provincias.

Una situación como ésta de la que hablamos, que ha conducido a que la construcción generase ni más ni menos que el 45% del PIB del país, a costa de la inevitable ruina de la nación, no podría haberse prolongado en el tiempo en un país normal. Pero España no lo es. No son pocos los ciudadanos que ahora están descubriendo consternados que viven en un lugar muy raro, en el que diecisiete reinos de taifas, gobernados por diecisiete partitocracias, se han dotado de lenguas propias, culturas autóctonas, parlamentos propios, tribunales de cuentas, consejos de estado, defensores del pueblo, y por supuesto, innumerables “negocios propios”, financiados por las cajas, que tras cerrar todas sus guarderías, centros de ancianos, comedores de parados, y en general, todos los servicios naturales en las “obras sociales” para las que fueron creadas, modificaron su línea de negocio, para facilitar la adquisición de solares y la financiación de promociones, allí donde las comunidades autónomas añadieron cantidades ingentes de dinero público para subvencionar la construcción de un monstruoso parque de viviendas -muchas de ellas edificadas en suelo expropiado por su “urgente necesidad”- que ahora habrá que derribar en masa para poder recuperar el pulso de la actividad en un sector, que de no mediar actuaciones extremas de esta naturaleza, va a entrar en una quiebra brutal, llevándose por delante toda la actividad de las industrias auxiliares de la construcción, y con ellas la ruina y la desolación a las familias, salvo las de aquellos que han sido previsores, y lograron un puesto clave para la adopción de decisiones de interés general, y ahora tienen un buen colchón preparado en algúna paradisíaca ínsula, para llevar con alegría la pena generalizada de quienes van a pagar las consecuencias de toda esta impresionante tragicomedia que se ha desarrollado a la vista de todo hijo de vecino, en medio de una espectacular ceguera, voluntariamente asumida por la aplastante mayoría de sus protagonistas.

Como la quiebra va llegando implacable, y los ciudadanos comienzan a despertar de su sueño, algunos, como el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, al que la desgracia ha querido que le toquen estos tiempos de malandanza al frente del país, están descubriendo que ahora hay que desmantelar el blindaje con el que se han dotado las instituciones autonómicas para que nadie pueda meter mano a sus cajas, que están selladas con los siete sellos de los estatutos de autonomía, reformados, precisamente, para mayor seguridad,  gracias a la ocurrencia del irresponsable leonés, que tuvo la genial idea de prometer una estúpida reforma de dichos estatutos, que ha servido para que las partitocracias locales hayan convertido en misión imposible  que el Estado y el Banco de España abran sus cuevas y dejen correr el aire allí donde la putrefacción hecha solar comprado al vecino de al lado, amenaza con dejar a los impositores de las cajas españolas sin sus depósitos.

Lo cuenta el diario El País, en el caso de Andalucía, de esta terrible manera, en palabras del consejero de la Presidencia, Antonio Ávila, que declaró a este diario que:

Andalucía “no ha sido consultada” por el Ejecutivo central y advirtió de que “no es tan sencillo” suspender una parte de la Ley de Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros (Lorca) que afecta a los estatutos autonómicos, leyes orgánicas, a través de un decreto ley, de rango inferior.

Aclara el diario de Prisa, que:

…, para evitar la invasión de competencias del Estado, tanto el Estatuto andaluz como el catalán se blindaron. Así el artículo 42.1.1º señala: “En el ámbito de sus competencias exclusivas, el derecho andaluz es de aplicación preferente en su territorio sobre cualquier otro, teniendo en estos casos el derecho estatal carácter supletorio“.

Así que, amigas y amigos, cosas del “derecho estatal”, prepárense que se acerca uno de los momentos más dramáticos de la historia reciente de España, desde la llamada Transición, pues ahora que resulta necesario, mejor dicho imprescindible, parar los pies a los reyezuelos instalados como señores de horca y cuchillo en los diversos territorios de eso que un día se llamó España, y ahora es “El Estado”, todo está paralizado por el gran barrizal que hemos creado -hasta el Instituto Nacional de Meteorología cambió su nombre por el de Instituto Estatal de Meteorología, mientras la selección española se convertía en “la Roja”, a mayor gloria del señor ministro de Deportes-, y para nuestra desgracia vivimos en un territorio en el que parece que ya no hay más ley que la que dictan los señores feudales -de hecho ya mandan hasta sobre la mayoría de los jueces- que se han hecho fuertes, con sus cajas, sus parlamentos y sus canonjías de todo tipo, en las ciudadelas en las que han construído sus inexpugnables castillos, mientras la ciudadanía de a pie se ve condenada a una inevitable ruina, en tanto que los responsables del interés general se dedican a los juegos florales en La Moncloa y sus aledaños, que son muy grandes, pues llegan hasta el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, donde debe estar cundiendo la estupefacción que sorprende a quienes despiertan, en medio de una cruda realidad, de un prolongado sueño que tuvo lugar en el país de Nuncajamás.


Etiquetas: El País, Junta Andalucía, Ley de Órganos Rectores de las Cajas de Ahorros, José Luis Rodríguez Zapatero, consejero de la Presidencia, Fondo Ordenado de Reestructuración Bancaria, cajas de ahorro, FROB, Caja de Ahorros de Castilla La Mancha, Antonio Ávila, Andalucía
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