Aznar metió el dedo en la llaga de las cajas de ahorro

Aznar metió el dedo en la llaga de las cajas de ahorro

 

Cuando se cierra el paso, informativamente hablando, a la opinión de José María Aznar, aduciendo criterios morales sobre sus decisiones políticas, y esencialmente su alineamiento estratégico con el ahora también en horas bajas George W. Bush -que se debe mirar mejor como las horas bajas del Partido Republicano-, se olvida que en política esos criterios están de más, cuando se trata de realizar un análisis objetivo, y para argumentar esta tesis, me basta recordar el predicamente que tiene en la política española un personaje como Felipe González, que fue capaz de enviar a los F-18 a bombardear la población civil de Yugoslavia, o que tras cooperar abiertamente con George Bush padre, en la Primera Guerra del Golfo, tenía el valor -y la desfachatez- de justificar su oposición a la segunda guerra del Golfo -la de Aznar- de esta pintoresca manera:

“Tres años después, me dijeron que hubo 130.000 muertos. Pero sigo pensando que esa guerra era prácticamente inevitable. En cambio, la de ahora era del todo evitable”.

Y lanzo este prólogo para avalar la tesis intuída por la ciudadanía de todo el mundo comunicado -cada vez más hay que sustituir la idea “desarrollado” por “comunicado”- por la red telemática global, que sostiene que Internet no sólo acaba con la prensa convencional por razones tecnológicas y económicas, sino porque pone al descubierto la esencial manipulación de toda, absolutamente toda, la información. Y lo digo a la vista de un nuevo episodio, como es el ninguneo de la opinión expresada por José María Aznar (sólo la he visto adecuadamente recogida en La Vanguardia) en una conferencia que ha pronunciado sobre “la crisis y sus efectos en la economía real”, con motivo del aniversario de la Organización de Patronales de Capitales Europeas (OPCE), acompañado por la presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, donde Aznar ha puesto el dedo en la llaga más supurante de la acción de gobierno del Ejecutivo de José Luís Rodríguez Zapatero.

Hace mucho que vengo sosteniendo la opinión de que la izquierda española se está suicidando políticamente con su vinculación al trágico destino de los reinos autonómicos de taifas, porque la crisis económica desatada por el derrumbamiento del PIB, relacionado con el brutal e inevitable pinchazo del sector inmobiliario, pone de relieve que el estado federal asimétrico ha destruído buena parte del precario tejido industrial que el país logró levantar, para transferir un desmesurado volumen de recursos económicos hacia la más pura y dura corrupción política, hipertrofiada hasta el vértigo por la necesidad de financiar el crecimiento cancerígeno de una clase política económicamente improductiva, de tamaño desbocado, que construyó una bomba de relojería: el círculo vicioso consistente en expropiar terrenos para sacarlos al mercado con el pretexto de las “necesidades sociales” de vivienda, subvencionar su urbanización con fondos públicos, y financiar la promoción inmobiliaria, desde las cajas controladas por las partitocracias locales, al margen del mercado del crédito privado, para generar liquidez opaca con la que inyectar recursos en los aparatos de la propia partitocracia, es decir, en los partidos políticos, los sindicatos, los medios de comunicación, y los ejércitos de apoyo incrustados en el tejido asociativo de la sociedad civil, cada vez más subvencionada y más gubernamental. Las reformas de la legislación del suelo ilustran bien este proceso, pero ése es otro debate en el que la mentira más descarnada se convirtió en verdad revelada.

Dijo Aznar en su ninguneada conferencia, en crónica de La Vanguardia, que:

…, se equivocan aquellos que “desde sus taifas autonómicos piensan que pueden salir de la crisis por su cuenta simplemente arañando un poco más del pastel de la financiación autonómica”. “Abrir la financiación autonómica en estos tiempos ya ha sido un error, abrirla como se ha hecho es sencillamente un disparate”, y que “el actual modelo de Estado, con una administración hipertrofiada, no es financieramente viable” y ha recalcado que “no es razonable continuar con la centrifugación del Estado hasta el punto de convertirlo en un instrumento incapaz de cumplir las funciones imprescindibles que tiene y que debe seguir teniendo encomendadas”.

Y ahí es donde Aznar llega al núcleo del problema que a Zapatero se le ha escapado de las manos, cuando denuncia como  “inaceptables”:

…, los vetos desde los Ejecutivos autonómicos a las operaciones de fusiones entre cajas de ahorros, abogó por la “despolitización” de estas entidades y apostó por que se incorporen “completamente” a la propiedad privada.

Y lo cierto es que Aznar hizo esta reflexión después de que el pasado 17 de junio el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, asegurase que el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, le había garantizado que el fondo de reestructuración de entidades bancarias (FROB) no limitaría la competencia autonómica de autorizar eventuales fusiones de cajas de ahorros y de su veto.

Ahí es donde remató Aznar:

…, un Estado “competente” no puede aceptar un veto de un Ejecutivo autonómico sin incurrir “gravemente” en una intromisión política en estas entidades. Por ello, añadió que “es el momento de despolitizar por completo” el sector de las cajas de ahorro, con un proceso de transformación que las incorpore “gradual y completamente” a la propiedad privada, como ha ocurrido en otros países europeos.

Qué puede hacer la sedicente izquierda gobernante ante este monstruoso dilema, es decir, cuando ya no queda otra solución que tomar el control de las cajas desde el Banco de España, para salvarlas de una quiebra segura, o de lo contrario dejar que esa quiebra se vaya produciendo en cadena, caja tras caja, si no se produce esta intervención de una vez por todas. Nada, la sedicente izquierda gobernante no puede hacer nada, porque no tiene margen de maniobra, atrapado como está Zapatero por sus compromisos en materia de financiación autonómica, al haber sido el impulsor de la reforma de los estatutos de autonomía, y dentro de su partido, por su estructura en baronías territoriales, enquistadas dentro de las cajas que financian los negocios de esas baronías, divididas entre el poder de veto del PSC -que al final es el que puso ahí a Zapatero- y el poder territorial de la Federación Socialista Andaluza.

Zapatero está pillado porque está en el gobierno, mientras que Aznar tiene mucho margen de maniobra, ya que no sólo está fuera del gobierno, sino que además, en estos momentos, las baronías del PP, que se financian igual que las del PSOE, están a su vez detrás de un Mariano Rajoy que es al que toca templar gaitas y callar ante el apocalipsis cajero, con Cristóbal Montoro como sinuoso e inteligente interlocutor, flotando entre los medios de comunicación, mientras envía el mensaje de que el PP no sabe nada de todo esto, a pesar del intento del diario El Mundo por ponerle a bailar.

Cristóbal Montoro zafándose del acoso de Pepa Bueno en RTVE

Es como una tragedia griega. Los partidos políticos españoles se financian territorialmente, y la financiación de ámbito nacional se asegura con algunas enormes obras públicas que se ejecutan en autonomías débiles, donde el aparato de Madrid se puede asegurar alguna enorme comisión para ir paliando el déficit, pero la parte del león, la financiación territorial, depende esencialmente de los negocios que se formalizan desde las cajas, y de los consensos que se establecen de manera transversal con las oligarquías locales que forman la infraestructura social de apoyo a los mecanismos de reparto.

Ahora las cajas van a entrar en quiebra, según se vayan despejando los procesos concursales de las inmobiliarias, y habría que adoptar brutales medidas cautelares para evitarlo, que llevarían al enfrentamiento entre las baronías y el cada vez más debilitado poder del secretario general del PSOE que es también presidente del Gobierno. Esas medidas no se van a poder tomar -igual que no hay quien cierre la financiación autonómica, a pesar de todo lo que se dijo sobre esto-, por la resistencia de los barones, con lo que sólo se podrá desbloquear la situación cuando ya hayan quebrado suficientes cajas, como para que la cosa sea un clamor. Pero en ese momento, ya nadie podrá enarbolar la bandera de la gestión pública de las cajas. En ese momento, la bandera de la privatización que enarbola José María Aznar, será la única viable, como final de un trayecto en el que los acontecimientos se convirtieron en inevitables, gracias al poder corruptor de la cancerígena estructura territorial, que de los taifas autonómicos, pasó a adueñarse de la organización interna de los propios partidos políticos.


Etiquetas: José Luis Rodríguez Zapatero, Cristóbal Montoro, Felipe González, Esperanza Aguirre, privatización cajas de ahorro, Mariano Rajoy, George Bush, George W. Bush, José María Aznar, José Antonio Griñán
Etiquetas:, , , , , , , , ,

This website uses IntenseDebate comments, but they are not currently loaded because either your browser doesn't support JavaScript, or they didn't load fast enough.

Deja una Respuesta


Load time improved by PHP Speedy Load time improved by PHP Speedy