Por fin se reconoce oficialmente, tal y como destaca el Financial Times, que la administración Obama ha eliminado la fórmula “Guerra Global contra el Terror”, que fue puesta en circulación por la administración Bush, tras el atentado del año 2001, que dio en el suelo con la airosa estructura de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York, el 11 de septiembre del año 2001, y sirvió de punto de partida para dos poderosas ofensivas militares en Irak y Afganistán, que marcaron buena parte de los acontecimientos internacionales de lo que llevamos de segundo milenio, alumbrando un mundo profundamente inseguro e intranquilizador, a la sombra de nuevas pesadillas terroristas que combinan, obviamente, mucha ficción, y no poca realidad.

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Los niños del Valle de Swat no producen compasión en occidente

La explicación oficial de la decisión obamesca -muy demócrata, liberal, “de izquierdas”, esto de cambiar los nombres de las cosas para que parezcan diferentes-, es que este concepto lanzado al estrellato por Bush, como lema de sus guerras imperiales, no describe de manera adecuada la naturaleza de la amenaza terrorista en los Estados Unidos, de acuerdo con lo que por fin ha dicho al respecto Janet Napolitano, secretaria de Seguridad de la Patria. “Una de las razones para que no se utilice esta nomenclatura, según Napolitano, es que la palabra “guerra”, es “muy limitada”.

Y tan limitada. Difícilmente se puede llamar guerra a lo que no existe, desde que los siniestros ingenios voladores sin tripulación, han sustituído a los militares, en las misiones de bombardeo masivo de las aldeas que se extienden al este de la frontera entre Afganistán y Paquistán, en las llamadas Areas Tribales, y en la remota región del Waziristán, zonas donde los ataques de estos aparatos que no llevan a bordo seres humanos con cámaras que suben vídeos a YouTube -una de las mayores utilidades de los aviones sin piloto-, van acompañados de la ofensiva paquistaní en el Valle de Swat, que ha provocado una catástrofe humanitaria sometida a apagón informativo, a pesar de los dos millones de desplazados que carecen de cualquier ayuda, dado que una campaña para apoyar a esta gente sobre la que se ceba la desgracia, conduciría el interés de la opinión pública hacia una de las matanzas más ocultas de nuestra contemporaneidad.

Esta experiencia de cómo terminar las guerras, denominándolas “misiones de paz”, la conocemos bien en España, un país muy “sensibilizado” con la guerra de Irak o con el ataque israelí a Gaza, en el que sin embargo hay un desinterés absoluto por las matanzas de la guerra de Afganistán -oficialmente en España no existe-, a pesar de la presencia de tropas españolas en un conflicto bastante más sangriento que el de Irak. Se hace lo mismo cambiando el nombre, y lo que es un brutal conflicto bélico se convierte en un entretenimiento para boy scouts de un plumazo. Las balas no matan, los muertos no son muertos, los soldados no son soldados, sino ángeles de la guarda.

Así, cuando la señora Napolitano aclara por fín una cuestión esencial para conocer cómo se está gestionando en la Casa Blanca lo que queda de la guerra de Bush, -lo primero es ocultar las brutales matanzas que se están ejecutando- pues estas declaraciones al FT son las primeras que se producen, en las que un portavoz oficial de la presidencia de los EEUU reconoce públicamente algo que los medios vienen observando, como es el amplio cambio protagonizado por el presidente Barack Obama en el uso del lenguaje relacionado con estas cuestiones, desde que en marzo la Casa Blanca negase una información difundida en los blog del Washington Post, en la que se decía que el término había sido prohibido desde la Oficina de Información y Presupuestos, con un memorandum interno que advertía a todos los directivos de la administración sobre el uso del concepto, lo cierto es que Obama huyó en todo momento del empleo de esta frase en sus apariciones públicas, una frase que sus colaboradores consideran políticamente contraproducente y legalmente discutible. Cuando se tomó esta determinación, se decició que la guerra de Bush pasará a llamarse “Operación de emergencia en el exterior”.

La pregunta inevitable que nos hacemos todos, ante estos cambios de la administración Obama, es su valoración sobre todo lo que vino tras los atentados del 11-S, que en directa y en segunda derivada, explican la “guerra global contra el terror”, y ahora la “Operación de emergencia en el exterior”. ¿Acaso no se produjeron esos atentados? ¿No había sido Al Qaeda? ¿No es Al Qaeda un gran peligro? ¿Han sido realmente detenidos y juzgados sus dirigentes? ¿Dónde están los Osama Bin Laden, Ayman Al Zawahiri, y el resto de los “cabecillas” de esta “peligrosa” organización que mereció el inicio de una “guerra global contra el terror”, como para que hayamos alcanzado por fin un armisticio?

Napolitano, de visita en Inglaterra, a donde llegó el lunes por la noche, dijo, de acuerdo con el FT, que espera aprender de sus socios británicos la lección que da esa sociedad, al conseguir una loable “resistencia” pública a los ataques terroristas, que según ella no hacen mella en el país: “ustedes hacen todo lo que pueden por combatir los riesgos, y responden con resistencia, son leccions que deberían ser estudiadas de otros países, y el Reino Unido es uno de ellos”, dijo. Napolitano, ex gobernadora de Arizona, controla las 22 antiguas agencias que hoy configuran el Departamento de Seguridad de la Patria.

Los comentarios de Napolitano van en paralelo a las crecientes críticas de Dick Cheney, ex vicepresidente, que cada vez ataca con más intensidad a la administración Obama por el anuncio del cierre del centro de detención de la bahía de Guantánamo y por el abandono del uso de la fórmula “Guerra contra el terror”, que según él, incrementa los riesgos del terrorismo en los Estados Unidos.

Napolitano cree, por el contrario, que la alarma que suscita Cheney es gratuíta, aunque concede que la administración está teniendo problemas serios con el Congreso para resolver el problema de los detenidos, pero no sólo eso, también sigue trabajando en la idea de que el terrorismo local, americano, puede crecer con la vuelta de los veteranos y la actividad de los conocidos como “lobos solitarios”, un terrorismo de extrema derecha vinculado a los militares retornados y a la crisis, y que además, “esa amenaza, muy real, no es sólo de derechas o de izquierdas”.

La realidad es que por mucho que se desvíe la atención, y por mucho que cambien las estrategias militares de occidente en la zona nuclear de lo que fue y ha dejado de ser la “Guerra Global contra el Terror”, los mismos intereses que estaban en juego en tiempos de Bush, cuando estallaron los acontecimientos desatados por el 11-S, siguen plenamente vigentes en los tiempos de Obama, y la desestabilización del llamado “gasoducto de la paz” entre Irán y Paquistán sigue teniendo como plataforma esencial Afganistán, desde donde se siguen desarrollando las contínuas operaciones militares que siempre apuntaron a una motivación oculta de tanta guerra eterna: la competencia para lanzar ese proyecto de gasoducto iranopaquistaní hacia el norte -el gasoducto Turkmenistán-Afganistán-Paquistán-India-, que deja sin paso al gas procedente de Irán, hacia el puerto de Gwadar, en el Baluchistán paquistaní -zona también de continuas operaciones de la nebulosa Al Qaeda, a través del grupo Jundalá-, desde donde China pretende aprovisionarse de gas iraní.

Así se escribe la historia.


Etiquetas: Al Qaeda, global war on terror, World Trade Center, Osama Bin Laden, Janet Napolitano, Guerra Global contra el Terror, ick Cheney, Ayman Al Zawahiri
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