
¿Dónde quedó el “tributan los ciudadanos, no los territorios”? Las fuerzas políticas españolas están atrapadas en sus propios discursos, sus tácticas y sus estrategias electorales, y el marco institucional diseñado en la Transición se los devora a todos, impelidos por la supervivencia ante el sufragio, que es lo único que importa, como por otra parte no puede ser de otra manera. Como casi todo en nuestro país, vivimos una contínua tragedia griega. Enfrentarse al sistema autonómico es ir hacia una guerra civil, y más en tiempos de crisis, pues la cosa llegó demasiado lejos, y no enfrentarse al sistema autonómico, es ir hacia la ruptura territorial y la debacle, con unas comunidades empobrecidas por la insolidaridad, pero también por los pecados de unos y de otros, pues las peculiaridades de la crisis económica que se vive en España, volcada en el negocio político de la promoción inmobiliaria que ahora nos despeña por la pendiente del PIB, también tienen que ver con los vicios profundos de este sistema, tan abierto a la corrupción.
Zapatero abrió el melón de la reforma de los estatutos, y finalmente, el Estatuto de Cataluña llega a sus efectos más duros, la imposición del debate sobre la financiación, antes de que el más alto tribunal del país se pronuncie sobre su constitucionalidad. Sin duda hubo un pulso ahí que nunca se reconocerá. La pelota pasó de los políticos a a la Magistratura y de la Magistratura a los políticos: “el marrón es vuestro, no nuestro”. Un año por el medio, desde que la reforma se tenía que haber cerrado en términos estatutarios. Y terminado el pulso, viene la debacle.
La democracia española realmente existente -partitocracia- no soporta la escena pero es incapaz de frenarla. Los españoles tampoco podemos contemplar impasibles una negociación entre el gobierno de la Nación española y la emergente nación catalana, sin experimentar una profunda arcada. Pero nos la hemos tenido que comer a mayor gloria de la clase dirigente de nuestros partidos politicos. Eso no es una democracia, es evidente, pues la democracia exige formas, y del estado centralizado, desequilibrado por el “café para todos”, hemos pasado al estado confederal, sin que por el medio se haya oficializado esa transformación institucional, ni mediante referéndum, ni mediante una reforma constitucional.
El derecho a imponer sus criterios lo conquistó el nacionalismo catalán frente a la partitocracia corrupta española. Pudo más el fuero que el huevo.
La estrategia catalana ha sido la de la firmeza. El Estatuto se aprobó en el Congreso de los Diputados como ley orgánica, y por mucho que se haya intentado, como digo, trasladar el problema a la judicatura, ésta resistió impasible el intento, y ahora todos vemos las consecuencias de aquel pacto de José Luis Rodríguez Zapatero con el PSC para tomar el control del PSOE contra José Bono. El 11-M hizo el resto, con Zapatero empeñado en convertirse en el rey de las minorías inestables. Una reflexión tan estúpida como la que presidió su modelo de negociación con ETA: “yo soy capaz de conseguir lo que me proponga”. Y lo que consiguió a la vista está; y además sin solución: aquí no cabe vuelta atrás.
Y ahora, ¿qué?
La primera oferta a Cataluña fue de 2.000 millones de euros, luego pasó a 2.500, después a 3.000, y un día después a 3.100, pese a lo que el tripartirto mantiene su apuesta para conseguir lo que tiene reconocido en el Estatuto: 3.800 millones. Normal, ¿qué esperaban? Lo que se da a unos se quita a otros. Esto ni pare ni preña. Rien ne va plus.
Según nos cuenta la prensa, las comunidades del PP harán un juego sibilino, votarán en contra o se abstendrán, cuando la próxima semana se reúna Consejo de Política Fiscal y Financiera para aprobar el modelo y las cifras. Unas rechazan el modelo y otras las cantidades. Ese voto demostrará el rechazo político de estas comunidades pero no impedirá que acepten el dinero en un trámite posterior. Este se producirá cuando el Estado se reúna con las autonomías a través de las comisiones de transferencias. De esta manera, y ante la debacle causa por el PSOE, el PP intentará nadar y guardar la ropa en medio de la enorme tormenta que se avecina.
Edurne Uriarte habla en el ABC de canibalismo, de todos contra todos, de un escenario en el que nadie piensa ya en los servicios públicos que recibirán los ciudadanos independientemente de donde residan. La sanidad quebrará inevitablemente, junto con la educación, en las autonomías pobres, ante la impotencia de todos, en un espectáculo que ya no tiene remedio, porque ¡ojo!, aquí falta una cuestión fundamental:
¿Hasta dónde llega el endeudamiento de los reyezuelos de taifas? Todos tienen escondidos enormes compromisos financieros en sociedades interpuestas, cuyo endeudamiento se está escondiendo de la vista pública, y tarde o temprano la realidad financiera de las comunidades va a aflorar. Como siempre, las cartas boca arriba se pondrán en el peor momento, y parece que el peor momento llegará a partir del próximo mes de octubre, cuando haya aflorado la “segunda oleada” de la morosidad sobre el sistema financiero español.
ABC:
El País:
La Nueva España:
Antonio Casado:
Edurne Uriarte:
Fernando Ónega:
Etiquetas: financiación autonómica, Tribunal Constitucional, Estatuto de Cataluña, cominidades ricas, comunidades pobres
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