Una de las sorprendentes consecuencias del estallido de la crisis financiera, en un primer momento, fue el inusitado disparo de los precios de la energía. Es conocido el salto que dio el petróleo. En julio del año 2008, el precio del carbón internacional alcanzó, según el índice McCloskey los 219,35 dólares por tonelada; ese índice es la referencia internacional del precio del carbón analizado en diversos puertos. Los carboneros españoles se encontraron con un impresionante pelotazo, en medio de una oleada de cierres, estirando al límite el final de las ayudas europeas a la reconversión.

El pasado mes de febrero, sin embargo, el coste de la tonelada de carbón internacional, bajaba a menos de los 58 euros. La compra de stocks virtuales mediante el recurso especulativo al viejo mercado de futuros, ha convertido el negocio de la inversión en materias primas, en un juego de altísima tensión financiera, dada la enorme volatilidad de los precios energéticos en estos últimos años.

En lógica consecuencia con los saltos de los costes de la energía, no podemos olvidarnos de los del transporte, pues si andábamos por los 50$/tm de coste por el flete de carbón en el 2008, ahora la cosa anda por los 8-9 $/tm, aunque hemos llegado a cifras como 4$/tm. La variable del transporte introduce también, por lo tanto un importante factor adicional. La escalada de precios se debió en gran medida, al aumento de la demanda por parte de los países emergentes, pero también al juego especulativo y a la evolución de los costes del transporte.

Pues bien, si durante el año 2009 el precio del carbón nacional anda por los 80€/tm, el precio del carbón importado para una tonelada de la misma calidad estaría ahora mismo sobre los 65-70 €/tm. Esta caída explica ahora el derrumbamiento de un sector, que hace tan solo unos meses estaba dando escalofriantes beneficios, tras muchos años de ganar dinero a cuenta de las subvenciones, hasta tal punto que por fin se retiraron las ayudas europeas el año pasado, a la vista de su gran remontada en el mercado de los precios. Pero en esto del carbón, nunca se termina el juego. Cambian las cartas de manos.

La situación se ha invertido, pero los expertos no esperan que sea así por mucho tiempo, sino que muy al contrario, consideran que se volverá a invertir una vez más, y que el año que viene el carbón nacional vuelva a ser más barato que el importado, y el negocio carbonífero remonte otra vez el vuelo, mientras se sigue dando alas al sector con la investigación en las famosas tecnologías limpias del carbón, totalmente delimitadas ya al área leonesa de Ponferrada, donde Endesa obtuvo financiación europea para crear su planta experimental, dentro de los planes para mantener una actividad residual que probablemente nunca desaparezca, aunque sin relación con los tiempos en los que el sector empleaba un enorme volumen de mano de obra.

Pues bien,  con el carbón nacional en máximos y el internacional cerca de los mínimos, y tras la retirada de las ayudas por la evolución de los precios del año pasado y porque en Europa están hartos de los chanchullos que en España se organizan a cuenta de esas ayudas, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero ha buscado una extraña manera de asegurar la continuidad del sector: encargarle a la compañía pública minera HUNOSA, que invierta 110 millones de euros para gestionar la compra de un máximo de dos millones de toneladas de mineral.

Esta decisión del gobierno socialista del leonés Zapatero, en cuya provincia se mantiene hoy en día la mayor parte de la actividad minera del carbón, mientras la compañía pública HUNOSA sigue en Asturias con una actividad residual -el carbón privado asturiano sólo tiene ya existencia real en unas pocas explotaciones del suroccidente-, tiene un interesante antecedente que debe ser recordado ahora, por aquello de que la historia es una disciplina que enseña muchas cosas.

Entre los años 1966 y 1970, las empresas Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera, Fábrica de Mieres, S.A., Industrial Asturiana Santa Bárbara, S.A., Hullera Española, S.A., Carbones Asturianos, S.A. y Nueva Montaña Quijano, S.A., iniciaron el proceso de creación de la actual HUNOSA, a las que se sumaron, en varias oleadas, Hulleras de Veguín y Olloniego, Hulleras de Turón y Carbones de La Nueva, Minas de Langreo y Siero, Mina Tres Amigos y Carbones de Langreo, Nespral y Cía., Minas de Riosa, Coto Musel y Mina La Encarnada. Con una aportación inicial de 7.000 millones de pesetas, el Estado y las empresas privadas -que de esta manera se libraron del pufo- crearon una sociedad que acabó siendo totalmente pública.

Hunosa se constituyó formalmente el 9 de marzo de 1967, con un capital social inicial de 3.600 millones de pesetas, de los cuales el Estado español aportaría 2.600 millones, a través del Instituto Nacional de Industria, y el resto, 1.000 millones de pesetas, en especie -como quien dice, en stocks de carbón, como ahora-, lo aportaban las empresas hulleras asturianas. Decenas de miles de mineros vivían y daban sentido demográfico, con sus familias, a las superpobladas cuencas mineras asturianas.

Veremos en qué para este nuevo proceso de compra de existencias almacenadas en los parques privados de carbones, y sobre todo, en los grandes parques de las térmicas leonesas. De momento, la nueva propuesta ya encontró eco en los dirigentes sindicales de la minería, y en concreto, el apoyo del líder del SOMA-UGT, José Ángel Fernández Villa, que propuso, aprovechando las primeras explicaciones públicas del proyecto, que se crease una empresa nacional dedicada a estos menesteres.

Volvemos a los tiempos pasados, pero probablemente, no con las mismas intenciones. Así, según el diario La Nueva España, Villa:

explicó que «sabemos que Hunosa está trabajando muy intensamente para encontrar, aunque sea de una manera parcial, la forma de poner en marcha algunas medidas que puedan facilitar a algunas empresas, que dicen no disponer ya de liquidez por la situación en la que nos encontramos, abordar los salarios de los trabajadores», argumentó el máximo responsable del SOMA-FIA-UGT, para añadir a continuación: «Hunosa está haciendo un esfuerzo para que en el mes de septiembre, en la primera quincena o quizás un poco primero, se pueda facilitar a esas empresas recursos para que puedan hacer frente a esa prioridad, que son las nóminas de los trabajadores».

Hace unos días, el empresario Victorino Alonso, presidente de la patronal Carbunión, saludaba alborozado la propuesta del líder minero asturiano, en La Crónica de León:

La patronal minera Carbunión respalda la propuesta del secretario general del sindicato Soma-FIA-UGT, José Ángel Fernández Villa, de crear una sociedad o empresa pública de ámbito estatal, cuyo objetivo sea la gestión del excedente de carbón nacional. La propuesta de UGT se presenta como una alternativa a la decisión del Gobierno de que sea la empresa pública Hunosa, de ámbito asturiano, la que almacene y comercialice todo el stock de carbón nacional que no tiene salida debido a la caída de la producción eléctrica motivada por un retraimiento del consumo. Según manifestaron fuentes de la patronal minera citadas por la prensa asturiana la iniciativa de UGT puede contribuir “a lograr la consolidación y viabilidad del sector carbonero.

Vista esta confluencia verticalista entre patronal y sindicatos, que nos recuerda los mejores tiempos del franquismo y de la creación de Hunosa -entonces, la izquierda clandestina decía de aquello que el INI y HUNOSA no eran otra cosa que un mecanismo para “socializar pérdidas y privatizar beneficios”-, seguimos preguntándonos, cada vez con más interés, en qué va a consistir esta nueva versión del mismo negocio, o mejor dicho, esta nueva versión de un viejo negocio, pues como ya estamos acostumbrados a que la subvenciones al carbón nacional, puedan invertirse en la compra de carbón extranjero, y que eso no sea delito -al menos, hasta ahora nadie resultó condenado por realizar semejante práctica, ni tuvo siquiera que devolver las subvenciones-, a nadie podría sorprender, que por poner un ejemplo de las múltiples combinaciones posibles,  esos cien millones de euros que se dedican a la compra de carbón nacional, acabe resultando que realmente se inviertan en la compra de carbón extranjero, porque en vez de sacarlo de un pozo, resulte más rentable bajarlo de un barco en El Musel.

Antecedentes los hay de todos los colores, y en esto de la minería, puede decirse que desde los tiempos del INI para aquí, lo de HUNOSA ha sido siempre lo mismo, con Franco y sin él. Pero claro, eso no ocurre sólo con esta empresa, ni con este negocio, pero al menos, bien está que sepamos a qué se dedica nuestro dinero. Nos conformamos con estar informados.


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