Pepote Ballester, Rafael Durán y Jorge Moisés, acuden esposados a declarar, por los sobrecostes de Palma Arena

Pepote Ballester, Rafael Durán y Jorge Moisés, acuden esposados a declarar, por los sobrecostes de Palma Arena

Se queja mucho el PP del tratamiento diferencial que impulsa el PSOE desde el poder, allí donde un gobierno controlado por su gente genera sospechas de actuaciones corruptas, y sus protestas nos sumen a muchos en el desconcierto, porque no sabemos si éstas se deben a que consideran realmente excesivo el trato dispensado a sus afiliados y cargos públicos, en ciertos casos, como el de Francisco Camps -cuya actuación es objeto de un gran debate- o en el de los imputados en el caso Palma Arena de Mallorca, o si lo que están pidiendo, por el contrario, es que su gente tenga el mismo tratamiento con el que el PSOE privilegia los casos, en los que el tufo de corrupción sale de los despachos de los suyos, tal y como está ocurriendo en Asturias, por poner un ejemplo, con la manera en que sistemáticamente se echa arena sobre todo lo que se va sabiendo a propósito de los monstruosos sobrecostes de la ampliación de el puerto de El Musel, bastante mayores en su cuantía, y como mínimo, tan mal explicados, como los de Palma Arena.

Palma Arena, obra considerada como faraónica de la anterior legislatura balear, bajo la presidencia de Jaume Matas, del Partido Popular, se presentó como un proyecto modélico que escondía importantes deficiencias técnicas y, sobre todo algo en lo que coinciden todos los analistas, generó un sobrecoste de las obras difícil de justificar. Tras la inaguración del velódromo con el Mundial de Ciclismo de Pista en marzo de 2007 y, con el cambio de gobierno, se detectaron numerosas irregularidades a las que el actual ejecutivo, ya en el poder, tuvo pleno acceso. El Govern estudió la documentación y la envió a la Fiscalía. A principios de esta semana se produjo la detención de los implicados en el “caso Palma Arena», y las imágenes de Pepote Ballester, Rafael Durán y Jorge Moises, esposados, han dado la vuelta a España. El Palma Arena costó más de cien millones de euros a las arcas públicas, frente a los 46′4 presupuestados en un principio.

Dadas las aparentes similitudes y paralelismos entre ambos casos, es conveniente recordar que las explicaciones por los sobrecostes de la ampliación del puerto de El Musel, en Gijón -que por cierto, son similares a los generados por el puerto exterior de Langosteira, en La Coruña-, para los que se solicitaron 135 millones de euros a Europa, están paralizados porque en Bruselas se considera irregular su tramitación, y hablamos sólo de una pequeña parte de los 216,3 millones sin IVA de un reformado escalofriante, correspondiente a una obra que en su momento se licitó en 580 millones.

Este sobrecoste se presentó en Europa como segunda fase de un proyecto en el que no existen fases. Es decir, el sobrecoste, que no ha sido explicado ni en el Parlamento asturiano, ni en el Parlamento español, se intentó cargar a los Fondos de Cohesión, camuflando como ampliación de un primer contrato, lo que en realidad es un segundo contrato, para el que se pidió dinero, sin haberlo firmado.

Recientemente se publicó, por el principal diario asturiano, que HC Energía, propietaria de una de las canteras a las que se atribuyeron las causas del sobrecoste, no aceptaba ser la responsable de las cantidades que públicamente se dijo que costó la piedra que había suministrado.

El Partido Popular de Asturias no ha solicitado ni en Oviedo ni en Madrid, que actúe la Fiscalía Anticorrupción, a pesar de sus denuncias en la prensa, siempre con la boca pequeña, y en el parlamento regional, en el que en varias ocasiones divulgó sus sospechas de que el caso del puerto gijonés es un caso de corrupción, pero siempre sin ir más allá, solicitando la actuación de la Justicia.

Es evidente que si la oposición no actúa en los casos en los que los gobiernos socialistas ocultan sus actuaciones irregulares, tampoco puede quejarse de que los socialistas sí actúen y ejecuten sus políticas policiales y judiciales sin ningún tipo de miramiento, con un partido tan débil, que ejerce su labor de oposición adoptando una actitud de relativa complicidad, por su silencio, con el partido gobernante.

Lo que resulta patético es ver cómo se lame las heridas, cada vez que los socialistas actúan con ellos sin compasión. Es lógico. La política es dura, durísima, pura depredación, y cuando en medio de la jungla de la vida un depredador ve en el otro síntomas de debilidad, se abate sobre él sin piedad hasta que lo liquida.


Etiquetas: Pepote Ballester, Caso Musel, Jorge Moisés, Caso Palma Arena, Rafael Durán, Francisco Camps, Puerto de el Musel, Jaume Matas, Punta Langosteira
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