
Soldados españoles, de patrulla en Herat, Afganistán
Las tropas españolas acaban de sufrir un nuevo ataque con cohetes en su base de Herat, después de que el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ofreciese un incremento de la ayuda militar española al presidente Barack Obama, en una entrevista en el New York Times:
Still, Spain’s troop levels are about a third the size of France’s or Germany’s, in a combined NATO force of 64,000. Mr. Zapatero was one of Europe’s harshest critics of the Bush administration, and especially of the war in Iraq, although Spain has maintained a presence in Afghanistan since 2002.
En aquella entrevista, Zapatero llegó a lanzar una alucinógena baladronada:
“It’s not so much a question of what Obama can do for us, but what we can do for Obama,” Mr. Zapatero said.
El ofrecimiento español de “ayuda” a Obama, vino precedido de una visita a las tropas, en la que la ministra Carmen Chacón también anunció la disposición española a incrementar el esfuerzo militar en esta guerra (difundieron en prensa una supuesta tregua talibán en la provincia en la que está España), de cara a las inminentes elecciones afganas, camuflándose siempre detrás de la retórica de la “misión de paz”, con la que el gobierno socialista español diluye sus responsabilidades en un conflicto armado, en el que España se involucra cada vez más intensamente, a pesar del activo uso de la guerra de Irak, en el proceso de desgaste con el que debilitó sin duda al gobierno popular de José María Aznar, hasta su implosión tras el 11-M.
Lo cierto es que, fantasmadas carpetovetónicas al margen (con susto incluído), la guerra de Afganistán empieza a resultar extremadamente difícil para los EEUU y la OTAN. Como acabamos de ver, el general del Ejército estadounidense, Stanley McChrystal, acaba de declarar a la agencia Reuters y al Wall Street Journal que los insurgentes talibanes, renovados en sus fuerzas y en su agresividad, forzarán un cambio de táctica respecto a las fuerzas extranjeras y advirtió de que la cifra récord de bajas entre los militares seguiría alta en los próximos meses.
Por cierto, en estas últimas declaraciones de McChirstal hay un mensaje que debería preocupar a España:
The Taliban have advanced out of traditional strongholds in Afghanistan’s south and east, gaining the upper hand as they moved into the north and west, the top U.S. and NATO commander said in an interview on Monday.
Es decir, que se dirigen hacia la zona donde se encuentran las tropas españolas, que acaban de recibir un aviso, tras la incompresible payasada zapateril.

El 4 de agosto, un atentado con bomba acabó con cuatro soldados americanos en Herat, la provincia "española"
Están aún recientes, efectivamente, los resultados de la ofensiva propagandísticamente lanzada por el presidente Barack Obama en Helmand, con un gran número de bajas estadounidenses y británicas. Los temores a perder la guerra que aumentan entre los analistas norteamericanos, y las encuestas a favor de una retirada de las tropas británicas en estas últimas semanas, a cuenta del incremento de las bajas, fuerzan una respuesta militar que parte de la necesidad de un incremento en los gastos, difícil de asumir, después de tanta tinta utilizada en el análisis de la incidencia de la guerra de Irak en la catástrofe económica norteamericana que se ha venido achacando al anterior presidente, George W. Bush, como responsabilidad política
En un denso artículo firmado por Walter Pincus en el Washington Post, con el título “Los analistas predicen una larga y costosa guerra en Afganistán“, se advierte de que los compromisos que está adquiriendo el país que lidera las fuerzas de la OTAN en aquella remota tierra, con 61.000 soldados allí desplazados, de los que 29.000 son norteamericanos, van a suponer una década de preencia militar y un coste que va a “eclipsar el de la guerra de Irak”.
Según este diario norteamericano, la invasión de este país por los EEUU ha supuesto un coste de 223.000 millones de dólares, de acuerdo con el Congressional Research Service. Los costes han crecido “exponencialmente”, desde los 982 millones de dólares del año 2003, hasta los 9.300 millones del último año. Además, las modificaciones de la estrategia americana, centrándose en la seguridad a largo plzo, la sostenibilidad económica del proceso y el desarrollo del país, como premisas que ahora se plantean para acabar con la guerra, requieren el desplazamiento de más personal, especialmente para entrenar más fuerzas autóctonas de seguridad.
En estos momentos todas las expectativas están centradas en el informe del máximo responsable militar norteamericano, el general McChrystal, del que todos los analistas esperan una propuesta que aumente de manera apreciable en personal y costes, para poder hacer posible la política que Obama pretende aplicar en aquellas tierras, cuyo atraso, primitivismo, así como el apego de sus gentes a sus tradiciones tribales, empieza a atisbarse como la causa real de la imposibilidad de conseguir una solución occidental para el problema que se creó con una invasión que siguió al oscuro y dramático episodio del 11-S en Nueva York.
Desgrana el WP varias opiniones coincidentes:
“Necesitaremos una gran presencia de tropas de combate para muchos años, y también un gran compromiso financiero, mayor que el compromiso militar”, afirmó Stephen Biddle, miembro del Council on Foreign Relations y asesor de McChrystal. La expansión de la fuerza afgana de seguridad que el general propone que se encargue de mantener el orden en el país, “costará inevitablemente mucho más que cualquier solución que el gobierno afgano pueda materializar por si mismo”, añadió Biddle.
“Las fuerzas afganas necesitarán 4.000 millones al año durante una década, con una suma similar aplicada al desarrollo del país”, dice Bing West, antiguo responsable de gabinete del Ministerio de Defensa y Marine que ha ejercido de cronista de esta guerra y de la de Irak. Según Bing, el Congreso, “tan generoso en apoyo de nuestras fuerzas hoy, puede no apoyar la ayuda necesaria para el progreso de Afganistán el día de mañana”.
En un estudio del año 2008, que clasifica los estados más pobres en el mundo, la Brookings Institution situó Afganistán como el segundo, por detras sólo de Somalia. El PIB afgano en el año 2008 fue de 23.000 millones de dólares, con 3.000 millones procedentes del negocio de la producción de opio, de acuerdo con el World Factbook de la CIA. Basta comparar esto con la producción de petróleo en Irak que eleva su PIB a 113.000 millones, para darse cuenta de lo que constituye el principal problema afgano.
Recuerda el WP que el gobierno central afgano recauda 890.000 millones al año y no puede soportar los 2.000 millones necesarios para reforzar sus fuerzas policiales.
Y añade una visión del problema que nos acerca a su verdadera raíz:
Según el comandante de las tropas holandesas, el general Tom Middendorp, comandante de las tropas de la coalición en la provincia de Uruzgan, describe la provincia como “virtualmente prehistórica”. “Es la provincia más pobre de uno de los países más pobres del mundo, si te das una vuelta por esa provincia, es como si paseases por el Viejo Testamento”, dijo recientemente Middendorp a los periodistas, y añadió, “el analfabetismo es espectacular. Más del 90% no sabe ni leer ni escribir”.
“Nos vemos proporcionando 1.000 millones anuales a los afganos”, dijo al Washington Post Michael E. O’Hanlon, experto militar de la Brookings Institution, que añade:
“Es razonable pensar que durante 20 años tengamos que poner al menos la mitad del presupuesto anual del estado afgano”. Es “razonable”, efectivamente, si pensamos que este año la guerra le puede costar a los Estados Unidos 100.000 millones. “Nos estamos creando una situación similar a la que tenemos con Israel, Egipto o Jordania”, dijo.
¿Sabe Zapatero donde se metió con sus ofrecimientos en el New York Times? ¿Se puede aceptar tanta irresponsabilidad en un momento en que los EEUU y el Reino Unido debaten el futuro de esta guerra que nuestro presidente sigue ocultando ridículamente a la ciudadanía española, para tapar su falso pacifismo en la operación de acoso y derribo al PP? Por cierto, la actitud de este partido ante la situación española en este conflicto es para analizar en el psicoanalista. El caso es que todo parece indicar que las tropas españolas empiezan a correr un gran peligro y la ocultación por la prensa española de que la muerte de los cuatro marines, el pasado seis de agosto, se produjo en Herat, no deja de resultar reveladora de la peculiar manera en la que se vive esta durísima guerra desde nuestro país.
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Etiquetas:Barack Obama, Bing West, Brookings Institution, Carmen Chacón, Congressional Research Service, Council on Foreign Relations, Herat, José Luis Rodríguez Zapatero, José María Aznar, Michael E. O'Hanlon, Stanley McChrystal, Stephen Biddle, Tom Middendorp, Uruzgan, Walter Pincus, World Factbook
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