El pasado treinta de septiembre, cuando me enteré de la resolución cruel, casposa e intelectualmente deleznable, del sórdido gobierno presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, ante la masiva petición ciudadana de indulto para los líderes de la Corriente Sindical de Izquierda, Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala, comprendí una vez más la extraordinaria capacidad de engaño que tiene la izquierda política realmente existente, pues nunca me hubiera figurado que el leonés fuese capaz de asumir la decisión de enviar a la cárcel a los verdaderos protagonistas de Los Lunes al Sol (la película que él personalmente utilizó, a través del que inmediatamente sería su testaferro mediático, Jaime Roures, para respaldar su campaña en la entrega de los Premios Goya de la Academia de Cine en el año 2003), si no renuncian a su actividad sindical, y a denunciar el monstruoso expolio de fondos públicos en la bahía de Gijón, ejecutado por el gobierno de este monumental cínico, que regaló los astilleros públicos a una empresa quebrada, para impulsar allí la construcción de viviendas de lujo para financiar la política y los más inconfesables negocios, en unos solares industriales que es lo único que defienden estos sindicalistas que el nieto del capitán Lozano ha decidido enviar a la cárcel, porque estorban en los negocios de la izquierdona asturiana.
Esto que digo es así, y se puede demostrar de la “a” a la “z”, aunque ya sé que las pruebas, los datos y los hechos, tienen muy poco valor, cuando apoyar a Zapatero, y a sus sicarios en los gobiernos autonómicos y locales, te puede suponer contratos para tu empresa, que te hagan director general, que te nombren catedrático, que te incluyan en la nómina de conferenciantes y opinadores de cámara o que te arreglen la vida con una licencia para un parque eólico que tú puedes revender a Endesa. Claro, ante un panorama así, para qué vas a defender y apoyar a dos personas honradas, a las que quieren enviar a la cárcel por defender sus puestos de trabajo y los de sus compañeros de astillero, y la industria que da de comer a la gente trabajadora; para qué vas a denunciar la corrupción política con la que se financian las actividades de los dirigentes que te pueden hacer mucho bien si te callas, y mucho mal si hablas.
La gran trampa de la izquierda realmente existente, y lo que más la diferencia de la derecha, es que mientras ésta no suele ocultar gran cosa su verdadero carácter como mecanismo de participación en la vida pública, a través de la partitocracia, para personas ambiciosas con ganas de éxito y riqueza -es habitual que los líderes de la derecha ensalcen estos valores-, la izquierda, que es lo mismo -otro vehículo de participación para la búsqueda del éxito personal y la riqueza- disfraza la actividad de sus profesionales, con una retórica de servicio a los demás, que produce contínuos desencantos entre sus seguidores, traumas y esquizofrenias, cada vez que los infelices que se resisten a comprender que las cosas son como son, y no como ellos quisieran que fuesen, descubren que sus líderes se consuelan de sus desvelos hacia los demás, haciéndose multimillonarios, igual que los de derechas, pero hablando sin parar de lo mucho que ellos hacen por el pueblo al que desangran, mientras amontonan los billetes en los paraísos fiscales que a la vez condenan en los foros internacionales.
Mucha gente se pregunta en nuestra página, ElComentario.TV, una y otra vez, cómo es posible que las felguerosas, los trevines, los churrucas, los llamazares, las noemíes, los tinis, los javieres, y ahora los zapateros, hagan esto a sus cóngeneres, Cándido y Morala, porque todos ellos “son de izquierdas”, siguiendo ese estúpido lugar común que distingue izquierda y derecha -que se va a escenificar otra vez en los próximos días con las vomitivas celebraciones de la Revolución de Octubre-, como si fuesen cosas esencialmente diferentes, y no lo que son, un entretenimiento para tontorrones, caminos dispares por los que se accede al mismo negocio, al expolio de lo público, bien desde la inercia de personas y familias con hábitos y estética “pijos”, que tienen el egoísmo del que siempre fue rico y cree que eso debe seguir así por los siglos de los siglos, bien desde la envidia y el resentimiento del que quiere hacerse rico, para disfrutar él de los privilegios de la riqueza, y ser él y sus hijos, algún día, “pijo”.
Y claro, esto es muy dificil de explicar, porque tenemos las entendederas embotadas. Las felguerosas, churrucas, trevines, tinis y zapateros hacen esto a Cándido y Morala, por razones que nada tienen que ver ni con la izquierda ni con la derecha, sino con el negocio de hacerse rico con la política, y por el contrario, a Cándido y Morala lo que les ocurre es que se han empeñado en el mal negocio de querer ser gente honesta, que no entiende que algunos sean capaces de mandar al paro a los demás por la cara, desertizar la industria y especular con las cosas de comer de la ciudadanía de a pie, sin darse cuenta de que cómo te opongas a los proyectos de los depredadores, lo menos que te puede pasar es que te den un zarpazo, es decir, que te quiten tu trabajo, que te peguen una paliza, e incluso que te envíen a la cárcel, como es el caso, sin descartar la posibilidad de que como te pongas muy pesado te metan un tiro.
Recuerdo un enternecedor amigo que me explicaba, hace más de treinta años, en un puerto deportivo, que él era comunista, porque quería que todo el mundo pudiese tener un yate, sin pararse a pensar que en tal caso, disfrutar de un velero sería algo muy poco emocionante, pues una de los condicionamientos esenciales de la naturaleza humana, es que se desea lo que no se tiene, y se desprecia lo que se tiene, y tener un yate será algo muy codiciado, mientras unos pocos puedan tener uno y la mayoría de la gente no. Gran perogrullada que no conviene olvidar jamás, a la hora de entender el fracaso histórico del comunismo, que como decia otro amigo, es tan sencillo como el secreto del precio de las sardinas: “sube la bolsa baja el pescao”.
La realidad es que aquí no hay presidente de gobierno central, autonómico o local, que no se haga rico y poderoso, mientras que ser sindicalista honrado, como ser intelectual honrado, o simplemente, ser honrado, no da más que disgustos permanentes, y no genera un euro para la cuenta corriente, algo que sólo se consigue engordar siendo muy poco decente, desarrollando las habilidades más envilecedoras que nos permite nuestra humana condición.
Pero esto no acaba aquí. Existe gente como Cándido y Morala, que no entiende la palabra resignación. Son personas que tienen convicciones, personas que aunque ya se saben todo esto de lo que estamos hablando, y aún así, se niegan a aceptar la naturaleza de las cosas como un hecho trágico, ya que consideran que la vida es lo suficientemente corta e intensa como para desperdiciarla dedicándose a robar el pan de los pobres, para acumular un pequeño capital, tal y como ocurre en el caso de la mayoría de los políticos que acaban teniendo tres pisos y diez plazas de garaje, e incluso un gran capital, como los que todos conocemos que ya tienen grandes inversiones en el extranjero.
Hoy, como siempre, la vida puede ser otra cosa, algo que se disfruta con intensidad, desde que se nace hasta que se muere, entendiendo que si no se comparten ilusiones, esfuerzos y proyectos con los demás, si no se comprende la palabra generosidad, entonces, vivir, para quienes tienen ese estigma que les impide integrarse con la corriente general, carece de sentido.
Y claro, cuando la especulación, el atraco institucionalizado, el expolio de los pobres por los ricos, el asalto a la caja común, da buenos rendimientos, porque la economía vive una fase de burbuja creciente, todo va bien para el sinvergüenza, pero cuando la pompa se pincha las cosas cambian de signo, y la marea favorable se vuelve turba cabreada y rencorosa que empieza a dar signos de intranquilidad hasta que empiezan los estallidos. Y entonces, que Dios le coja confesado, porque nada le va a librar de la ira de la multitud.
Aquí, ahora, como siempre, hay gente dispuesta a morir por sus ideas. Hablamos de las personas que bajo ninguna circunstancia están dispuestas a poner el culo. Esta idea, en una España corrupta hasta lá médula por décadas de ladrillo y locura partitocrática, resulta muy difícil de entender para los que están en el negocio de la política, que cuando ven personas delante, sólo ven su precio en la frente, un precio que calculan a tanto alzado, y por eso son incapaces de comprender que Cándido y Morala no van a ceder, y se van a convertir en un símbolo muy incómodo para una época dura, en la que las cañas se están volviendo lanzas. Un profesional de la política no puede entender que hay personas que no están en venta, y por eso acaban llevándose tremendas sorpresas, porque gentes a las que desprecian por su escasa fortuna, o por su pequeño o nulo peso mediático, repentinamente encabezan reacciones durísimas de la ciudadanía cabreada. ¡Al tiempo!
Etiquetas: capitán Lozano, JUAN MANUEL MARTINEZ MORALA, conmuta, indemnización, cárcel, José Luis Rodríguez Zapatero, indulto, Jaime Roures, Cándido González Carnero, pena
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