
De acuerdo con la información que publicó este domingo el Wall Street Journal, y que ha sido difundida en notas de agencia por todo el mundo, se espera que el presidente Barack Obama anuncie este martes, en un discurso en la Academia Militar de West Point, el envío de unos 30.000 refuerzos para Afganistán, que vendrían a sumarse a los 21.000 que ya envió al comienzo de su mandato, lo que elevaría hasta 100.000 soldados la presencia militar norteamericana en aquel país, desde la invasión de 2001 que derrocó al gobierno talibán.
Es conocido el discurso pacifista con el que llegó al poder el dirigente norteamericano, y sus promesas para la retirada de tropas de las guerras de una zona que han tenido diferentes pretextos para las administraciones republicana y demócrata, pero que al final implican una continuidad llamativa, con paralelismos en países como España, en donde a su escala, se producen similares contrastes. Todos los políticos de este palo, el demócrata o socialdemócrata, lanzan sus prédicas contra las guerras para ganar las elecciones, pero al final, la industria de la muerte es siempre la solución para los problemas económicos de los imperios, pues se justifica el incremento del gasto público con el pretexto de la seguridad nacional, se incentiva la producción del conglomerado militar-industrial, y se envía a la muerte a un excedente de población, el mercenariado, que siempre absorbe importantes contingentes de ciudadanos, que de otra manera, incrementarían negativamente las cifras del desempleo.
Ahora, y ante las contradicciones evidentes de su discurso, porque para los ciudadanos siempre es difícil aceptar que la muerte de sus parientes y seres queridos pueda ser útil para la prosperidad de la patria, Obama puede necesitar el apoyo de algunos republicanos para este aumento de tropas, para compensar las deserciones de quienes desde su propio partido se siguen pronunciando contra la guerra, tal y como subraya también en un reportaje sobre este mismo asunto el Wall Street Journal. El crecimiento sostenido de las bajas norteamericanas en esta guerra (ver gráfico), está poniendo las cosas muy cuesta arriba al actual presidente.
En una amplia información, el Huffington Post da cuenta de las manifestaciones públicas realizadas por legisladores norteamericanos de los dos partidos, que crean un clima hostil a la decisión que va a anunciar Obama, mientras que los apoyos le vienen, por ejemplo, de John Kerry, que está responsabilizando a la administración de George W. Bush de haber dejado escapar a Osama bin Laden en el 2001, echándole así la culpa del actual esfuerzo bélico que va a anunciar Obama.
Demócratas y republicanos alimentando siempre el espantajo de bin Laden, esa fantasmal figura que reivindicaba con grandes gestos de alegría la destrucción de las torres gemelas, desde los vídeos que grababa en su tienda de campamento, en algún lugar de los desiertos afganos, para que luego algún soldado norteamericano encontrase esa cinta de vídeo providencialmente colocada sobre el barro de una alacena llena de polvo en una casa de adobe perdida en las soledades arenosas de aquellas lejanas tierras. ¡O tiempos! ¡Oh estúpidos relatos que nos toca consumir!
Así, volviendo a Obama y sus problemas, según el Huffington, los senadores Carl Levin (representante demócrata por Michigan) y Richard G. Lugar (republicano independiente), manifestaron este domingo su preocupación ante la escalada de la Guerra de Afganistán, su coste, y el incremento de tropas. El senador Levin:
…, líder demócrata del Senado en cuestiones militares, dijo el domingo en el programa de CBS “Face the Nation”, que “el adelanto del plan del Presidente Obama para la ampliación significativa del esfuerzo militar de los EE.UU. en Afganistán debe demostrar previamente cómo los refuerzos ayudarán a incrementar el tamaño y la capacidad de las fuerzas de seguridad afganas. Levin argumentó que las tropas afganas y policías son fundamentales para el éxito en estos años de guerra, ocho nada menos, y más apoyo y dotaciones de los EE.UU. pueden ayudar a cumplir ese objetivo. Pero no está claro, dijo Levin, qué papel pueden jugar decenas de miles de soldados adicionales, en una misión de guerra.
Por su parte, el senador Lugar, el republicano de más alto rango en el Comité de Relaciones Exteriores, dijo:
…, el Congreso debería considerar un impuesto especial para la guerra. El presidente tiene previsto anunciar un incremento de hasta 35.000 soldados con un coste anual de setenta y cinco mil millones de dólares, cuando el país está luchando para reducir el elevado desempleo y las consecuencias de la morosidad hipotecaria.
El mismo Lugar, en Los Angeles Times:
“Creo que tendremos que pagar por ello. Es posible que debamos hablar de más impuestos”.
Por su parte, el senador Bernie Sanders también expresó su preocupación en el programa “This Week” de ABC, por el coste de una escalada en Afganistán:
…, es “inmoral” gastar dinero en la guerra mientras se desata una crisis económica tan difícil como la que se vive en estos momentos.
Las declaraciones de estos senadores constituyen una primera aproximación a las dificultades con las que se encontrará Barck Obama para vender públicamente una mayor y más costosa inversión militar en Afganistán.
Los senadores piden un mayor compromiso de los aliados de la OTAN para que los EE.UU. no paguen solos la factura.
Según el Senador Sanders:
Veo un grave problema para la expansión de esta guerra en el resto del mundo. No es una cosa agradable que los contribuyentes y los militares de los Estados Unidos están haciendo el trabajo que el resto del mundo debería estar haciendo.
También pone el Huffington de relieve la actitud de los aliados norteamericanos, empezando por el Reino Unido, tradicionalmente el más ardiente socio de sus aventuras militares:
El primer ministro británico, Gordon Brown, dijo que varias naciones aliadas ofrecerán 5.000 soldados más. Pero el sábado, en una conferencia de prensa en la nación caribeña de Trinidad, Brown también dijo que el gobierno afgano del presidente Hamid Karzai debe cumplir con los compromisos marcados, que permitan a las tropas extranjeras entregar el control de la guerra a las fuerzas locales.
Estas decisiones se vienen debatiendo desde que el general Stanley McChrystal, comandante en jefe en Afganistán, recomendase un incremento de la presencia norteamericana para contribuir a acelerar el crecimiento del ejército y la policía afganos. McChrystal pidió que se consiga una fuerza de seguridad afgana global de entre 400.000 y 240.000 soldados, así como 160.000 agentes de policía para octubre del 2013.
Los comandantes aliados empezando por los ingleses, vienen diciendo que la mayoría de los nuevos soldados e infantes de marina que se envíen a Afganistán, deben destinarse a las zonas más hostiles al actual gobierno y a las tropas occidentales, las provincias disputadas del sur de Afganistán, y que el foco principal en el sur será conseguir afianzar el control de Kandahar, el santuario de los talibanes y de su apoyo de base étnica, el pastún.
La policía militar de EE.UU. en Kandahar afirma, de acuerdo con el Huffington, que
…, el progreso requiere tiempo y que puede ser difícil de medir. Lo cierto es que las tropas de EE.UU. recelan de los policías y militares locales, y sus posibilidades de acción y dicen que algunos policías afganos parecen honestos y competentes, mientras que en otros casos viven acobaradados y temen a los talibanes, por lo que raramente se aventuran fuera de sus bases de noche, sin una escolta de la coalición.
Dentro de un puesto avanzado de la policía, el teniente coronel Abdul Qader, dijo a este digital norteamericano que espera que Obama utiliza también sus fuerzas para la represión de la corrupción pública afgana. Revelador comentario:
La policía detiene a los talibanes, pero cuando van a juicio, pagan un soborno y reciben la libertad.
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