
La prensa británica está llena de artículos y reportajes sobre la principal línea ferroviaria del país, la East Coast Main Line, la ECML o Línea Principal de la Costa Este, que cubre 632 km. del recorrido entre la capital de Inglaterra, Londres, Peterborough, Doncaster, Leeds, York, Newcastle y Edimburgo, hasta hace bien poco en manos de la National Express, compañía controlada hasta ahora, con un 18,5% del capital, por la familia Cosmen, que tras lanzar una OPA fracasada sobre la totalidad de las acciones, se enfrenta en este momento, a un complicado proceso de ampliación de capital, que puede poner en cuestión su liderazgo dentro de la empresa propietaria de la compañía española ALSA.
La meca del capitalismo ha tenido que “renacionalizar” una privatización ferroviaria, y nada menos que el ministro de transportes, Lord Adonis, debió coger el servicio inaugural de la nueva línea pública, para transmitir sensación de normalidad, ante lo que ha sido tomado por los sindicatos como una bandera a favor de la vuelta de los ferrocarriles al sector público.
La East Coast Main Line ahora renacionalizada
La ECML es, como decimos, la arteria fundamental del tráfico ferroviario británico en el este del país, y una de las principales líneas británicas de transportes, uniendo Londres, el sudeste, East Anglia, con Yorkshire, las regiones del nordeste y Escocia, y por ella circulan además importantes trenes de cercanías del norte de Londres, siendo por lo tanto una línea esencial para la salud económica de gran número de áreas vitales para el Reino Unido, y por ella no sólo corren trenes de larga y corta distancia de pasajeros, sino que también sirve para el transporte de un importante volúmen de toneladas de mercancías.
La mayoría del recorrido se realiza a poco más de 200 km/h, y fue la línea de larga distancia más rápida del Reino Unido, hasta la apertura del High Speed One o Alta Velocidad Uno. Gran parte de estas velocidades que se alcanzan en la línea, a pesar de la antigüedad de su equipamiento, se deben al itinerario suave y llano de la mayoría de las comarcas que atraviesa como el Lincolnshire o Cambridgeshire, en contraste con la West Coast Main Line, operada por la Virgin, que presta servicio entre Londres y Glasgow, y que atraviesa el Valle de Trent y las montañas de Cumbria, con muchas más curvas y una velocidad más baja, con un límite de 180 Km/h, hasta fechas recientes, en las que se realizaron inversiones en coches más veloces para igualar e incluso mejorar las velocidades de la costa este, el tren Pendolino que en el 2006 hizo los 645 kilómetros entre Glasgow y Londres en tres horas cincuenta y cinco minutos.
Tras la privatización de los ferrocarriles británicos, entre 1994 y 19987, la gestión de la histórica British Railways, que en 1948 asumió la gestión de las grandes compañías privadas desde el sector público, se dividió nuevamente en más de cien compañías. La gestión de las infraestructuras fue asumida por Railtrack, que acabó en la ruina, llevando al estado a una renacionalización costosíma, jalonada por un reguero de pleitos, que tuvo mucho que ver con un impresionante historial de accidentes ferroviarios con vícitmas, hasta que el operador ferroviario, el Network Rail, que heredó los pufos y la gestión del Railtrack, asumió otra vez para lo público la gestión de las infrestructuras.
Lord Adonis tomó el tren de la nueva línea pública entre la estación de King’s Cross, en Londres, y York, acompañado de Elaine Holt, presidenta de la nueva compañía pública East Coast, creada para la ocasión, ante el fiasco de la National Express. La nueva compañía gestionara la línea durante los próximos dos años, desde que el pasado vierne, a media noche, tomó el control en nombre del Estado.
Los sindicalistas de la RMT esperaban al Secretario de Estado, Adonis, y a la presidenta, Holt, en la estación de Newcastle, con pitos y pancartas, para exigirles que la Línea de la Costa Este pase definitivamente al control público, en vez de a esta empresa “provisional”, para terminar así, de una vez por todas, con el experimento privatizador de los ferrocarriles británicos.
Adonis y Holt, se han limitado a prometer que los servicios de la nueva línea pública funcionarán mucho mejor que hasta ahora, con inversiones en las estaciones por valor de 12 millones de libras, incluyendo obras en las estaciones de Newcastle, York y Peterborough.
Mejoras en los servicios a los pasajeros, en el catering, trenes más limpios y mejores estaciones, así como más servicios para los fines de semana, aparcamientos para bicicletas y coches, son algunas de las promesas realizadas en este curioso viaje renacionalizador, al que no se ha querido dar ese carácter, pues la señora Holt, a pesar de las peticiones de los sindicalistas, ha insistido en que la situación actual no es una vuelta al viejo estilo de gestión pública ferroviaria, y que su tesponsabilidad se va a mantener fuera de la esfera del Departamento de Transportes.
Los sindicalistas han exigido que se retire a National Express las concesiones East Anglia y C2C , así como las líneas de Londres a Tilbury y la línea Southend.
Cuenta el Times, que Roger Ford, editor técnico del Modern Railways magazine, dijo:
Puedes hacer algo repentino o sorprendente, pero la nacionalización del Costa Este te da la oportunidad de decir: “esto es lo que realmente queremos para el ferrocarril”.
Bob Crow, secretario general del sindicato RMT, insiste en que:
…la debacle del Costa Este marca “el principio del fin de las privatizaciones, pero una vuelta a la nacionalización completa de los ferrocarriles parece imposible, por la feroz oposición de los operadores y de los tres principales partidos políticos.
Y sin embargo, los ferrocarriles británicos son un auténtico desastre, en opinión de los ciudadanos.
Etiquetas: Railtrack, Network Rail, Modern Railways magazine
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