
Antonio Fernández-Galiano, consejero delegado de Unedisa, y en breve presidente de AEDE
El pasado mes de julio, News Corp, la compañía del magnate Rupert Murdoch, cuyos medios escritos sobreviven gracias a los beneficios que consigue todavía con el cine y la televisión, sin olvidar que su reciente adquisición del Wall Street Journal sumó a su panoplia de medios el único triunfador que cobra en Internet con credibilidad, junto con el Financial Times, anunció que el grupo cobraría el acceso a sus páginas Web informativas.
El plan por el momento, tal y como cabía esperar, ha sido un fracaso total, pues no se ha puesto en marcha y se retrasa una y otra vez -ahora ya se anuncia que será para el próximo año- y por el camino, otros grupos que asocian editores, como la Associated Press, anunciaron ridículas medidas para controlar los contenidos informativos que circulan libremente por la red, lógicamente, sin el menor éxito. Los grandes gestores de medios lo desconocen todo en la red, y cerrar contenidos va contra la lógica de Internet de una manera radical, pues se machaca la difusión, y si ya hay problemas con la publicidad online, a dónde van cerrando esos contenidos, y por lo tanto, restringiendo el acceso, lo que limita el número de usuarios y el número de impactos publicitarios. ¡Es de cajón!
El responsable de medios digitales del Grupo News, Jonathan Miller, siguiendo la estela del jefe Murdoch, anunció concretamente que “el periodismo se parecería de manera creciente a un modelo de pago en Internet, siguiendo la estela del Wall Street Journal con sus subscripciones de pago”. El problema es que Journal sólo hay uno, como el Financial Times, y quienes pagan dinero quieren pagarlo por algo, y si no no lo pagan. El lector del Journal o del Financial es generalmente un ejecutivo que tiene la suscripción pagada por la empresa, y por lo tanto, nada tiene que ver con el lector medio de noticias de agencia -que son las que reproducen los medios escritos en sus versiones digitales-, que jamás va a pagar por leer noticias sin valor añadido.
El anuncio del grupo Murdoch, es en realidad una manifestación más del fracaso del viejo modelo periodístico de papel, trasladado a Internet de manera mimética, de lo que sin duda es una buena muestra el fracaso del New York Times, uno de los que como El Mundo, Le Monde o El País cerraron y cobraron contenidos para volver a abrirlos. La aparición en el el panorama mediático del líder del periodismo ciudadano, el Huffington Post, que venía a unirse a modelos que vivían de los enlaces a otros medios, como el Drudge Report, y ya están a la cabeza de la difusión en Internet, reafirmaba que el futuro del periodismo digital no está en los medios de papel reconvertidos, que empresarialmente no pueden con sus cargas heredadas, sino en medios que nazcan sin esos compromisos, pero con mentalidad digital, no con mentalidad de papel llevada al digital, como hizo Soitu, cuyos gestores pensaban con la inercia de El Mundo, que todo consistía en esperar que llegase todos los meses el furgón del Banco de Bilbao. Vean lo que dice ahora su creador, Gumersindo Lafuente, que previamente había trabajado al frente del equipo digital de El Mundo:
Si hubiese sabido que venía una crisis, que no lo sabía nadie ni los inversores ni nosotros, hubiese actuado distinto. Si tuviese que empezar ahora lo haría de otra manera, daríamos prioridad a cuestiones que tienen que ver con el movimiento de la información a través de redes sociales. Probablemente ahora naceríamos con una estructura diferente, más cercana a utoi (la red creada en paralelo al sitio de noticias) que a soitu. Muchos de los contenidos serian como los de soitu pero en una plataforma como ésa. También tendríamos una estructura más ligera, con menos personal.
Si Gumersindo Lafuente es incapaz de entender que es ridículo prenteder luchar con una red como utoi contra redes mundiales como Facebook, con la que el Huffington ha creado su propia red, qué van a entender de esto los cebrianes y los pedrojotas, que sólo piensan, con indudable perspicacia, en sus diabluras con los gobiernos. Vean lo que dice Pedro J. Ramírez estos días, que “rechaza” las subvenciones estatales que ellos mismos están pidiendo, y que parece ignorar que el gran éxito en el mundo de los medios, es precisamente su denostado “periodismo ciudadano”, y rechaza, además, el único mecanismo que está funcionando, el de las fundaciones. Claro, no es su modelo, es comprensible que no le guste, y prefiera seguir con el viejo truco de “saquear” gobiernos y negociar con los empresarios la no publicación de “exclusivas” a cambio de publicidad:
Ramírez sostuvo que “siempre habrá edición impresa” porque sus “atributos y características son imposibles de sustituir por ningún otro soporte”. Se mostró escéptico respecto del llamado “periodismo ciudadano”, como sustitutivo del “periodismo profesional”, estructurado en torno a “redacciones agrupadas y un proyecto intelectual”, y rechazó el sistema de subvenciones estatales para la empresa periodística, así como la concepción de ésta como una fundación u organización benéfica.
Los medios impresos ya no logran sobrevivir cobrando una moneda por ejemplar al público que aún necesita el papel para organizar su información, aún a costa de llegar a la misma con cuarenta y ocho horas de retraso y con la sensación de haberlo leído todo ya en otro sitio, hace unos días. Los anuncios por palabras se han derrumbado por la crisis, y los anunciantes empiezan a tener la sensación de que pagar las cifras que se pagan por anunciarse en prensa es una primada, cuando por la mitad de la mitad de la mitad, se hace una campaña publicitaria espectacular en Google Ad Words, que aparece en infinitos sitios de Internet que tienen ese sistema, y por lo tanto consiguen una enorme diferencia en número de impactos publicitarios a su favor. Siguen apostando por el mismo modelo fracasado en vez de crear agencias nacionales que compitan con Google en el negocio de la publicidad contextual.
Ante semejante panorama en la prensa internacional, a nadie puede extrañar que la prensa española, que va tan por detrás de la norteamericana, la británica, la francesa o la alemana, en adaptación de contenidos a la red, con el evidente liderazgo de El Mundo, del grupo Unedisa, al tener éste el modelo más desarrollado, se encuentre ante una inesperada y brutal crisis del modelo periodístico, que tiene mucho que ver con el cambio tecnológico y de paradigma informativo planetario, pero también tiene una enorme y desafortunada relación con el hundimiento de la España de la llana y del ladrillo, que hacía en la prensa una de sus inversiones más notorias, como mecanismo para fomentar la venta de pisos. La prensa española se hipertrofió, y ahora el papel es como el stock inmobiliario: el mercado no lo absorbe; no hay que buscarle cinco pies al gato.
El negocio inmobiliario ya no volverá a ser nunca lo que era, y la prensa tampoco, porque también el Estado y los cacicatos autonómicos y ayuntamientos, ven desplomarse su recaudación a cuenta del crac ladrillero, y es que la otra pata de la financiación de la prensa de papel era la publicidad institucional que también se derrumba, por la mera imposibilidad de generarla, a partir del desplome de los ingresos fiscales, también hundidos por lo que era la primera fuente de generación del PIB hispano, ahora noqueado y contra las cuerdas.
Nos cuenta ElConfidencial que el nuevo portavoz de la Asociación de Editores, AEDE, va a ser el consejero delegado del grupo Unedisa, Antonio Fernández-Galiano, un personaje discreto, responsable y eficaz, que se hizo una carrera profesional a la sombra de Pedrojota, como gerente y el hombre de los números del diario El Mundo, a cuyo desarrollo y consolidación ha dedicado buena parte de su vida, haciendo el trabajo en la trastienda de lo que durante estos años ha sido el nuevo astro periodístico de este país, que consiguió, no sólo hacerse un hueco, sino que incluso puede decirse que derrotó en toda regla al modelo triunfante desde la Transición, el diario El País. Tantos años remando, para llegar a esto, Fernández-Galiano es el vivo retrato del luchador que no se puede dormir ni un solo día. Por eso los editores, gremio cainita donde los haya, le han colocado al frente de su reto más difícil, conseguir salvar la prensa española a base de dinero público, cuando José Luis Rodríguez Zapatero ya tiene, precisamente, su RTVE, su LaSexta, su Gol TV y su Público, el de Jaime Roures, que espera, anhelante, que todos los demás se derrumben para que lo suyo pueda vivir de lo que Zapatero consigue que le ponga la plutocracia española en su escudilla mendicante, pues para asombro de propios y extraños, el grupo que invierte más dinero en España, es el que menos negocio hace, o sea, que ya saben de dónde sale todo en nuestro ultracorrupto negocio de los medios financiados por el Estado.
Dice el artículo de El Confidencial, firmado por Daniel Toledo en la publicación de Jesús Cacho que Fernández-Galiano tendrá que reabrir, desde la AEDE, el diálogo hoy cerrado, entre la asociación y el Gobierno, para que éste reconsidere la manera de abordar un plan de rescate para la prensa española, que se enfrenta a un derrumbamiento del 30% de los ingresos publicitarios, y que ya está asumiendo que la crisis, entendida como final del negocio inmobiliario, viene para quedarse.
Pero claro, hay algo de lo que no habla El Confidencial, que es la cuestión esencial, la que más nos preocupa a todos, y de la que tenemos que hablar urgentemente, pues las ayudas gubernamentales a la prensa no son ninguna novedad, ni en Madrid ni en las comunidades autónomas españolas. La novedad es que ahora los empresarios mediáticos pretenden asegurar la viabilidad ya sólo con dinero público -aunque lo nieguen, ésa es la cuestión- y sin duda, pensarán que ellos no son menos que los bancos, pero claro, el debate esencial es ahora, cómo va a ser un mundo cuyos medios de comunicación dependerán de manera muy superior a la actual de los gobiernos, es decir, un mundo en el que sus periódicos, radios y televisiones tendrán que atenerse a la corrección política impuesta en cada momento por el ejecutivo de turno, sin que haya mecanismo de control alguno que establezca las limitaciones a una fórmula tan peligrosa.
Llega la verdadera oportunidad para las páginas independientes de Internet, realmente conectadas a las redes sociales. Muchas, innumerables páginas, blogs, el “periodismo ciudadano” en definitiva, serán los nuevos mediadores que sustituyan a estos medios destruídos por su propia dinámica, en la relación que va entre las noticias producidas desde las agencias, como ahora, hasta el ciudano; y ahí estriba la diferencia contra los demagogos del negocio de la prensa. El “periodismo ciudadano” conecta el centro de producción de noticias, que como hasta el momento seguirá siendo la agencia, con los lectores, sin que los “mercenarios” intérpretes de las noticias de agencia, los periódicos y televisiones de hoy, puedan deformarlas por encargo, al servicio del anunciante, pues eso es lo que teníamos hasta hoy y en eso se había convertido la desvirtuada figura del periodista, que nada tiene que ver ya con Mariano José de Larra y el origen de esa digna profesión tan degradada por el trabajo por cuenta ajena.
¡Qué tiene que ver un “periodista” con ese payaso que se sienta a insultar famosos en los sórdidos programas del corazón! ¡Qué tiene que ver un “periodista” con ese forzado de la pluma al que el el jefe le dice qué tiene que tocar, y cómo, en función de lo que entre en caja!
Sé que lo que voy a decir no es “bonito”, pero prefiero medios públicos de verdad, con todos sus inconvenientes, a ese fangal corrupto que son los medios de comunicación subvencionados con publicidad institucional, aportada muchas veces de manera ilegal, sin concursos, con contratos fraudulentos, tarifas desmesuradas e incluso con comisiones ilegalas por el medio para su gestación. Hay muchos modelos de gestión pública, e incluso hay uno mixto que tiene todo el sentido, como es algo que vengo proponiendo desde hace mucho tiempo, a cuenta del proyecto de periodismo ciudadano ECTV, desarrollado en Asturias, como son las fundaciones sin ánimo de lucro, que tienen su modelo mejor desarrollado en el tiempo, en el periódico británico The Guardian.
Estoy hablando de un debate esencial para la credibilidad de la democracia, y sin embargo, nadie quiere entrar en él. Tanto los editores como los gobiernos prefieren la rebotica de la AEDE para negociar sus cambalaches, que por otra parte no son ninguna novedad. En una Unión Europea en la que cuando la Comisión pierde un referéndum, éste se tiene que repetir, como viene ocurriendo con las decisiones relacionadas con el Tratado de Lisboa, lo peor que puede ocurrir es que la información y la opinión pierdan toda su credibilidad, ante la extravagante manera en la que se pretende seguir financiando los medios de comunicación, que son los responsables de asegurar su creación y reproducción.
Sólo una fundación sin ánimo de lucro, debidamente auditada, puede coger de manera solvente dinero público para financiar un medio. Lo demás es corrupción pura y dura.
¡Apañada está la democracia en España y en Europa! ¡Como para ir luego de salvadores de los afganos con “batallones electorales” a hacer el ridículo en lejanas tierras, exportando modelos que no funcionan en casa! ¡Qué democracia vamos a llevar a Afganistán si no somos capaces de avanzar hacia una información creíble y una opinión libre! ¡Afganistán, qué risa! Todavía este sábado achacaban, en RTVE, a los “talibanes”, la responsabilidad del desarrollo del cultivo del opio en un país destrozado por la guerra. España no es el Reino Unido, y RTVE no es la BBC, así que vamos listos para ordenar una relación abierta de financiación de los medios privados desde el estado, cuando nuestra televisión pública es ahora un medio mucho más manipulado y desvergonzado que en los tiempos del denostado Alfredo Urdaci.
La solución, como casi todo, o está en Internet, o no existe, y si existe, será ciudadana, diga lo que diga Pedrojota al respecto.
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