España es uno de los países menos competitivos de la poco competitiva Europa, pero es la tierra natal de don Quijote de La Mancha, un fantástico personaje que, a costa de confundir los molinos con gigantes, consiguió ser el símbolo de una lengua arruinada por la escritura predictiva de los mensajes SMS y los emoticonos. Es decir: es una tierra mágica en la que suceden fenómenos extraños y maravillosos, como arrojarnos a la quiebra de manera épica, para convertirnos en el lugar de promisión de la energía verde, con la que se combate el efecto invernadero y se desarrolla la causa chupadero: basta que baje el IPC, para que la luz suba una y otra vez, ¿y ni siquiera se piden explicaciones por este poltergeist?
Ahora España, aparte de ser uno de los PIGS, es decir, además de tener el dudoso honor de formar parte del grupo de miembros de la Unión Europea con más posibilidades de quedarse fuera del euro, dada su incapacidad de acercarse a posiciones moderadas de recuperación del equilibrio entre lo que gastamos y lo que ingresamos, hemos decidido que la mejor manera de salir del pozo es lanzarnos de cabeza al abismo. ¡Creatividad!
¿Por qué sube la luz? Muy sencillo, porque cada vez es más cara para el consumidor, cuanto más barata resulta en el mercado mayorista. Es así de sencillo y de impresionante. Aquí nunca se puede hacer nada de una manera sensata. Antes muertos que sencillos. Recientemente hemos logrado duplicar la capacidad de producir la energía que consumimos, para convertirnos en un lugar sorprendentemente equipado para fabricar luz eléctrica. Hemos superado ampliamente la mágica cifra. Doblamos. ¡Que consumimos 1.000!, pues nada, tenemos instalaciones para producir más de 2.000. ¡Así somos de grandes!
Y creciendo. Lo he comprobado por activa y por pasiva. Es así. Y eso, qué duda cabe, es muy caro, pues todo lo que sobra cuesta dinero, y ya saben quién lo paga: usted y yo y el que fabricaba bombos para las lavadoras, y digo que los fabricaba, porque obviamente no tiene otro remedio que traerlos de China y decir que las fabrica, aunque no sea una manera muy estricta de definir una realidad. En China no le cobran el impuesto de los molinos y la gente no pretende cobrar seguridad social, desempleo, sanidad y jubilación, sin fabricar nada, como aquí. Son más realistas, por eso les dijeron a los europeos en Copenhague que se metan sus molinos por donde les quepan, y que si se inunda la isla de Tuvalu, que les construyen otra.
Decían estos días los empresarios que se dedican a eso de los molinos eólicos que si no se produce un salto hacia delante, y fabricamos más molinos, y el gobierno no autoriza a los instaladores a que se incremente mucho más todavía el parque de generadores que cobran las primas que salen de los recibos de los usuarios, que se irían 18.000 trabajadores a la calle, una buena parte de la precaria industra de la que Zapatero dice que está llamada a sustituir a la del ladrillo, en el liderazgo de la economía confederal; de la confederación española, ya saben.
Esto que escribí aquí arriba es en serio. Zapatero lo dijo muchas veces, y los fabricantes se lo han creído, pero también se lo han creído los presidentes de las comunidades autónomas, y ya les han cobrado por todas partes las comisiones por los molinos, las células fotoeléctrias y los espejos solares que se supone que se van a instalar en los próximos años, porque la demanda va a crecer, según dicen ellos, porque en España va a haber muchos coches eléctricos. Como lo oyen. Mírenlo aquí; no me lo estoy inventando.
Para poder alimentar de energía a todos esos coches eléctricos es necesario que se instalen molinos alrededor de toda la costa española, formando un enorme cinturón que se encargue de matar a buena parte de la población superflua de gaviotas, así como de espantar a los últimos turistas. Con todas las sierras y las costas llenas de molinos, pueden tener algún problema, como por ejemplo, que sea tal la diferencia entre la oferta y la demanda de luz, que haya que apagarlos, y hasta eso tienen pensado. Si tal cosa sucede, dicen que van a fabricar turbinas que suban hacia arriba el agua de los ríos, para volver a meterla en los embalses de la que salió, y así volver a pasar por la misma turbina otra vez. El agua de subida, cauce arriba, se impulsaría con turbinas movidas por los molinos que fabrican electricidad inútil. Y todo ello, por supuesto, pagado con las primas que van al recibo.
Nada de esto será posible, si no se sigue subiendo indefinidamente el recibo de la luz, para conseguir que no quede ninguna empresa sin deslocalizar. Un loable objetivo que en unos meses puede estar conseguido.
Supongo que saben que el recibo de la luz sube contínuamente porque de él sale el dinero para pagar lo que se paga a todos los que instalan molinos y espejos por toda la superficie territorial de la confederación, para generar una energía que cada vez experimenta menos demanda, mientras sigue creciendo imparable el ritmo de la oferta, aprovechando que como dijo Zapatero en Copenhague, la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento, y el muy cabrón se calló el detalle principal, que el viento sí tiene dueño: mayormente Iberdrola.
Todo esto sucede porque en la confederación no manda nadie, ni nada está programado. Sucede, eso es todo. Sin más. Cada presidente de cada comunidad autónoma les pide a los molineros su porqué, ellos se lo pagan, y entonces hay que conseguir que Madrid les autorice a enchufarse a la red y así empezar a cobrar las primas, aunque todavía nadie sepa de dónde van a salir los coches eléctricos que van a conseguir que sirva para algo la corriente que pagamos con esas primas, que nos caen sobre el recibo, que sirven para que cada vez más gente, en más comunidades autónomas, se empeñe en instalar molinos, para que se los paguemos con los recibos, que suben, y suben, y suben…
Les desafío a contrastar este extraño relato de actualidad con cifras. Aunque les parezca increíble es cierto, y si uno habla con un empresario que fabrique algo, y le pregunta si él puede pagar la luz, la respuesta es “no”. Y, ¿entonces?, de qué va esto…
Etiquetas: eólicos, primas, energías renovables, fotovoltaica, IPC, mercado mayorista, Subida de la luz, termosolar, déficit de tarifa
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