
San Antolín de Bedón
La Nueva España vuelve a tirar, muy acertadamente, de la realidad indiscutible que es el mal estado de los edificios más importantes del patrimonio histórico asturiano, que no dejan de ser un símbolo de la situación en la que se encuentra la mayor parte de ese riquísmo conjunto de bienes públicos sumidos en el abandono más lacerante, ya sea un conjunto como el de la Campa Torres en Gijón, si nos vamos a la historia más antigua, o la práctica totalidad de los palacios rurales barrocos, que concejo por concejo forman una horrorosa lista de catástrofes, con derribos sacrílegos aún recientes como el del palacio de los Álvarez Terrero en Quirós, una crónica inacabable, desalentadora y cabreante, sin olvidarnos, volviendo hacia atrás, de la situación del románico, con casos tan sangrantes como el de San Antolín de Bedón en Llanes.
Esto va mucho más allá de un problema de “cerco a Oviedo”, que es como al final se presenta el odio del gobierno al prerrománico, tal y como se suele analizar el problema desde la Capital, aferrándose a la media verdad, para dejarla en el terreno del conflicto político a corta distancia, con lo que el drama de lo mejor de nosotros mismos, se banaliza y pierde dimensión, al dejarlo en el eterno conflicto entre la Vetusta “de derechas” y las Asturias “de izquierdas”, alejándonos así de la atroz realidad de un Principado en el que cada vez que se invoca la palabra cultura, su presidente echa mano a la pistola, pero no para pegarle dos tiros al que la pronuncia, sino para vaciar el cargador sobre todo lo que tenga un poco de sabor, de estilo, de autenticidad.
Se trata, sencillamente, de una obsesión muy profunda, que tiene que ver con la enorme incultura que caracteriza al actual presidente del gobierno, un hombre que siempre despreció lo que de sustancial y significativo tiene el arte -su apuesta “industrial” por el negocio energético nos da una pista-, desde una posición personal que tendrá sus explicaciones de carácter psicológico, que no serían del caso, si no resultasen bien visibles a la hora de manifestar sus preferencias hacia edificios de arquitectura totalitaria, tan hueca como rimbombante, bien manifesta en su obsesión por la Universidad Laboral de Gijón. Inversiones astronómicas que no atraen valor, dinero para que él se inmortalice al lado de celebridades como Brad Pitt, flor de un día para financiar la foto que al final quedará colgada en las mortecinas paredes del pasillo de su casa, “papá con Brad”, “papá con Woody”, “papá con el gerente del Carnegie Hall”, “papá con el de American Beauty“. Eso es todo. Así de cutre.

Vegetación en la cubierta de Santullano
Evidentemente él no tiene toda la culpa, a pesar de las tremendas deficiencias democráticas de Asturias. Para qué recordar aquí cómo se aceptó resignadamente que Asturias se quedase sin Cronista Oficial tras el fallecimiento de Joaquín Manzanares. Él fue el último que luchó públicamente, con voz autorizada, por el patrimonio, antes de que empezase esta riada. El papelón de la Universidad y su departamento de Historia del Arte, no es una isla en medio del extraño comportamiento de la inteligencia astur, en tantos asuntos vitales para la comunidad, en estos últimos años, en los que el miedo a perder expectativas nos ha convertido a todos en cómplices de un comportamiento suicida, como el que se puede percibir ante la invasión de molinos en todas las sierras del centro y occidente de nuestra tierra. Sólo un alcalde, el de San Martín de Oscos, se atrevió a gurgutar, ante un negocio estúpido, que no deja nada en Asturias, ni trabajo ni dinero, que no sea corrupción, destrucción y enfrentamiento. Y el silencio es total.
Un extraño comentario en mi blog personal, me recordó esta entrada de hace algo más de un año, en el que todo era igual que ahora. Desde que gobierna Vicente Álvarez Areces, todo es igual. Todo se invierte en plástico y ladrillo, ladrillo para centros de interpretación y museos extravagantes, y plástico, reproducciones en plástico. Muestras sin valor, bibelots, cacharrería kitsch. La lista es interminable, el ídolo de Peña Tú está en plástico, reproducciones de las cuevas pagadas con fondos mineros, dinosaurios copulando, y toda esa morralla absurda que desfila por LABoral, cuyo nombre lo dice todo, hasta el nombre del tinglado “emblemático” del arecismo es de plástico. La piedra y la madera están malditas, por ser materiales auténticos, con linaje, peso, historia y sentido. Arreglar edificios de piedra y madera, restaurar, es barato, si se compara con la lluvia de plástico que nos ahoga. Todos sabemos, en realidad, por qué las cosas son así, por qué se prefiere lo caro a lo barato, por qué cuando se mete mano en un edificio como Santa Eulalia de Abamia, se hace para destrozarlo, por qué se invierte de más para hacerlo todo peor.
Etiquetas: barroco rural, Santullano, prerrománico, Vicente Álvarez areces, Joaquín Manzanares, San Antolín Bedón, Campa Torres, patrimonio histórico, románico, palacios rurales
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