
Llegan a Cubillos, en los últimos días del año, los primeros equipos de la planta de referencia europea de captura de CO2
Parece mentira, por lo fantástico y aparentemente antieconómico del proyecto, pero Europa intenta convertir la captura de CO2 y toda su cadena -extracción del gas y creación de la “pasta” espesa, transporte y almacenamiento geológico de la misma- en el gran negocio industrial y logístico de la próxima era, aunque el fracaso de Copenhague puede haber desmoralizado a muchos, puesto que este negocio sólo puede funcionar si se grava la producción industrial que no capture carbono con enormes costes de emisión. La idea es que no basta con haber creado un gran negocio financiero, el comercio de emisiones, sino que esas emisiones han de convertirse además en el centro de otro gran negocio industrial. Un costosísimo impuesto que dificulte la actividad, y que se comercia en las bolsas de emisiones, es la mejor justificación para unas inversiones que de otra manera no tienen ni pies ni cabeza.
En España, esta nueva dimensión de los negocios de estado que podemos denominar, sin temor a equivocarnos, el nuevo modelo ecocapitalista de desarrollo -que confronta con el proyecto y las necesidades de las potencias emergentes de los BRIC, que tienen su prioridad en la dimensión social de su ciudadanía- avanza, de manera lenta, en la tierra natal del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que ha decidido que El Bierzo sea la cabera de investigación y desarrollo de estas tecnologías que parecen constituir la gran apuesta industrial de la UE, con una inversión de 180 millones de euros, una apuesta que crece bajo la presión psicológica de los relatos milenaristas y los terrores pánicos generados desde ciertos sectores de la ecología profesionalizada, muy vinculados al capitalismo financiero de las bolsas de emisiones, y la aparentemente emergente industria del CO2, que sin duda financia el trabajo de buena parte de los apóstoles que difunden por el orbe la buena nueva del negocio de los tubos, las plataformas de almacenamiento y el transporte de pastas viscosas.

El anillo de Compostilla, donde se experimentará con el transporte de la pasta de CO2
Con todo y con Copenhague como frustración de los que allí esperaban un documento que diese un impulso legal a los sistemas de penalización de ls emisiones implantado en Kyoto, el gobierno de Zapatero parece haber dedicido, según declaraciones de María Teresa Fernández de la Vega -aunque el secretismo de estas decisiones hace complicado seguirlas-, que el primer almacenamiento geológico de CO2 de España se realizará en Asturias, por su proximidad a la central térmica de carbón de referencia europea de Cubillos del Sil, donde se desarrollarán las investigaciones sobre captura de CO2 en un proceso industrial. Así pues, la localidad berciana se prepara para iniciar los trabajos de construcción de las primeras instalaciones, y además, los gestores de Ciuden, la Fundación Ciudad de la Energía, responsables de la puesta en marcha a lo largo de este año de la planta de El Bierzo, inician en Hontomín, Burgos, los trabajos para el laboratorio de investigación sobre las técnicas de inyección de CO2 en el subsuelo, que más adelante serán puestas en práctica en almacenamiento geológico industrial, en el gran cementerio de CO2 previsto en la zona reservada por el Estado, conocida como Asturias Centro.
El regalo de Reyes para la Ciudad de la Energía ha llegado con adelanto. Los camiones que transportan la caldera de carbón pulverizado hacían su entrada en Cubillos esta jornada. Se trata del elemento principal para una de las dos técnicas de captura de co2 que utilizará la planta junto a la novedosa de Lecho fluido circulante (que no llegará hasta el próximo otoño).
Las instalaciones de León se utilizarán para probar y desarrollar la técnica de traslado de la “crema” o pasta viscosa, a base de CO2, en la que se convertirá el gas para su transporte. Para esta función han habilitado ya un anillo metálico en el que se probará el desplazamiento de esta sustancia:
La planta contará con un nuevo elemento no proyectado inicialmente; se trata de un “Anillo de ensayo del transporte de co2 de varios centros de metros” donde se analizará el comportamiento del dióxido de carbono en condiciones similares a las que se producirán para su traslado al punto de almacenamiento.
Ciuden ha llegado ya a un acuerdo con Repsol, para vertebrar el sigiente mecanismo de gestión del CO2 sobrante, su almacenamiento, sin duda uno de los negocios más jugosos que se pueden llegar a plasmar en la realidad, si, como digo, los impulsores de estos proyectos consiguen que los costes de las emisiones para las grandes empresas hagen rentable la inversión en estas técnicas para su reducción, que en realidad las incrementan, a base de potenciar procesos industriales y necesidades de transporte, aunque obviamente la cuestión no es en realidad reducir emisiones, sino crear todo un nuevo gran negocio:
Ciuden, por su parte, está impulsando la construcción de una planta experimental para el desarrollo de tecnologías de captura que se ubicará en la comarca del Bierzo (León). Esta instalación, según han recalcado las fundaciones en la nota conjunta, “se convertirá en el centro europeo de referencia en este campo y está integrada en la Red Europea de Proyectos de Demostración de Captura y Almacenamiento de CO2″. En esta red también estará integrada la futura planta experimental de almacenamiento geológico de CO2 de Hontomín (Burgos).

Hontomín, un tranquilo lugar de Burgos, a donde llegará en breve el circo cel CO2
La planta de Hontomín utilizará en un primer momento, pequeñas cantidades de la pasta de CO2 producida en Compostilla, trasladas por Repsol, y serán inyectadas en una formación geológica existente en la localidad burgalesa, a la que los técnicos denominan “casco de romano invertido”:
En estos momentos los expertos que trabajan en la Ciudad de la Energía están caracterizando el laboratorio, que se hará en superficie y en profundidad, y el primer paso será hacer una sísmica -a lo largo del próximo año- para conocer perfectamente como es esa estructura. Ese estudio, que costará unos cuatro millones de euros, «nos dará un conocimiento del territorio muy preciso que luego, como laboratorio, cualquier cosa que pase tenemos un punto de referencia que es obligado» declara Azuara, quien avanza que en 2011 se hará un sondeo para llegar a la formación geológica que denominan «casco de romano» e inyectar CO2. En paralelo, mientras se realizan estas pruebas en el territorio de Hontomín, en los laboratorios y universidades españoles se definirán qué tipos de experimentos se llevarán a cabo.
A pesar del secretismo con el que se trabaja, ya hay mucha gente implicada en estas investigaciones, en las que empresas como Endesa, la propia Repsol o los miembros del cluster del CO2 esperan encontrar un impresionante filón, aunque la decepción producida en Copenhague, ante la negativa de las potencias emergentes a entrar en el juego que intenta marcar Europa, hace difícil este negocio, pues evidentemente las empresas europeas no pueden financiar un enorme tinglado de plantas de captura de CO2 para sus cementeras, siderúrgicas, térmicas y demás, con ceoductos desplegados por todo el territorio, y grandes plataformas de inyección subterránea repartidas por los cuatro puntos cardinales, si todas las potencias industriales del mundo no suscriben un documento que establezca las mismas penalizaciones para las industrias que no se apunten a este impresionante castillo de naipes, que se supone que algunos influyentes personajes han determinado, en algún momento, en algún lugar, que sería el gran negocio para la Europa del siglo XXI, el ecocapitalismo que se supone que ha de trasladar enormes inversiones públicas a este fantástico negocio privado, que tiene mucho de ralidad y no poco de fantasía.
Pero de momento, la nave va.
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