Estamos en crisis, el mundo que hasta ahora considerábamos desarrollado vive momentos de incertidumbre, Europa está afligida ante las enormes dificultades que experimenta ahora el otrora brillante invento del Euro, y en España, quienes hace tan sólo un par de años proclamaban que formábamos parte de la “octava economía mundial”, se han revelado como unos pícaros indeseables que reventaron nuestra industria, nuestro empleo, e incluso nuestras posibilidades de supervivencia como país, mientras la especulación se financiaba con el dinero de la droga, y el dinero circulante se paletizaba para enviarse a los paraísos fiscales. ¡Vaya, vaya! Ya no hablamos de todo eso, ¡eh!
¡Cómo van a resolver el problema económico, que en definitiva es un problema político, los mismos que lo crearon! Estamos ante una gran verdad que apunta, con muy buen criterio, Marc Vidal: una de las limitaciones esenciales de nuestros dirigentes, es que no entienden buena parte de los problemas que se supone que tienen que resolver. Así pues, no sólo nos afligen problemas de moral y buenas costumbres, cleptomanía y todo eso. Hay más, como por ejemplo una ignorancia profunda, en asuntos que se supone son de la máxima importancia para salir de la caverna en la que estamos.
La primera vez que leí algo sobre esta idea fue en un manual de economía de John Kenneth Galbraith, cuya lectura contribuyó mucho a abrirme los ojos sobre la relación entre las nefastas decisiones de las clases dirigentes y la manifiesta ignorancia de muchos grandes personajes enaltecidos por la historia. Con el tiempo aprendí a entender, que su mayor problema no es la ignorancia, hay otros, como la sinvergonzonería o la codicia, que caen, como en una fértil huerta, en un sistema político sin controles, dividido entre diecisiete cacicatos incomunidados. Cierto es que desde los tiempos de Platón tenemos un cierto desprecio por la presencia de sabios y filósofos al frente de los destinos de la humanidad, muchas veces con buen criterio, pero no es menos cierto que una excesiva ignorancia en los gobernantes, y una manifesta ausencia de contrapesos de control para sus vicios, puede llevar a su pueblo a catástrofes como la que ahora vivimos.
Y hablando de una parte del asunto, como es el problema de la ignorancia, hace mucho que tengo la sensación de que en los asuntos relacionados con las industrias culturales, estamos atrapados por un lobby peligroso y retardatario, con una enorme influencia entre la clase política, por la supuesta capacidad que se les atribuye para concitar voluntades entre la ciudadanía: me refiero a los llamados “artistas”, un concepto risible a día de hoy, y especialmente cuando se refiere a aquellos de entre los incluidos en esta pintoresca clase que agrupa un disjunto conjunto de seres peregrinos, organizados y dirigios por algunos de ellos que han hecho gala de un especial talento organizativo para hacerse cargo de la representación de los intereses del lobby, forrándose ellos mismos, en proporción inversa a su auténtico talento artístico, lo que no es óbice para su condición igualitaria de “artistas”, en tiempos de bobaliconería democraticista sin tasa, que también permite que ser todos un poco “artistas” sea una cuestión de “democracia”.
El ejemplo y el modelo de “gestión” que da esta genta a la sociedad es una auténtica catástrofe, un freno insuperable, para el desarrollo de toda una industria, y cuando hablamos de las industrias culturales en general, hablamos de un problema gravísimo para el acertado crecimiento de un nuevo medio de comunicación que es el mayor hervidero de negocios que hay en estos momentos en el mundo: Internet.
La influencia de los “artistas” entre los políticos españoles y su extravagante manera de concebir el mundo, nos ha llevado por un camino de perdición que amenaza con arruinar las posibilidades de uno de los pocos sectores realmente emergentes, en el que destacan nuevas oportunidades de negocio que tienen dos elementos comunes para su materialización, ambos determinantes para su desarrollo, las redes y los contenidos que fluyen por esas redes, que, en su mayoría se financian mediante publicidad.
Recientemente, el presidente de Telefónica, César Alierta, emulaba la bárbara idea preconizada por algún político republicano perdido en el espacio cibernético estadounidense, proponiendo que los beneficiarios de la privatización de las redes de telecomunicaciones en España, pudiesen establecer una tasa para cobrar a las compañías de Internet por la intensidad del uso que hagan de la misma. Es decir, que se penalice su éxito, como si no fuesen los usuarios los que pagan las redes con sus cuotas. Que Alierta propusiese tal dislate, no me extrañó, lo que me puso los pelos de punta es que el ministro Miguel Sebastián le siguiese la propuesta, hablando, incluso de dirigirse a Europa con tan estúpido recado.
Mientras en España se discuten tales majaderías, en Francia se debate sobre la manera de gravar la publicidad en Intenet, que es la fuente de financiación de los contenidos de carácter cultural, informativo y de opinión en general, que sin duda constituyen la base del éxito de la red, al hacer posible aquello que no funciona cobrando, que es casi todo. Google, Facebook, los grandes inventos, las megaempresas de la red, apoyan su éxito sobre su recaudación publicitaria, y sin embargo no tributan en los países en los que la recaudan. ¡Cómo es posible que aquí se esté todavía en la idea de que lo que estas empresa deberían tributar para financiar, entre otras cosas, el desarrollo de los negocios locales de Internet, tenga que ir a manos de la compañía de Alierta o al lobby nefando de Teddy Bautista, en vez de formar parte de los ingresos tributarios del Estado!
Esta enorme barbaridad, cuya única respuesta viene desde la defensa de esa idea tan difusa de la “neutralidad” de la Red, y no de una elemental claridad del papel que han de jugar el estado y las empresas en la financiación de lo público, nos da una idea bastante ajustada de la crisis intelectual en la que nos encontramos, que a mi entender, tiene mucho que ver con el resto de las crisis que padecemos. El estar gobernados por auténticos analfabetos en cuestiones básicas para la organización de nuestra vida cotidiana, no puede por menos que tener gravísimas consecuencias para nuestro día a día.
TMZ es un portal de AOL y Warner Bros, dedicado al chascarrillo, famoseo y a la cacocracia en general, que acaba de admitir que el reportaje basado en una supuesta fotografía de John Fitzgerald Kennedy y cuatro mujeres desnudas en un yate en el Mediterráneo era una invención, y además ni siquiera era una exclusiva. La historia duró cuatro horas, pero muchos periódicos de todo el mundo se la tragaron, como por ejemplo, en España, el ABC y otros periódicos del mismo grupo, como El Comercio de Gijón, o televisiones como Antena 3, y todos los que copiando y pegando, volvieron a resucitarla con una frivolidad pasmosa, y digo resucitarla, porque en contra de lo que dice ABC siguiendo a TMZ, la imagen había sido publicada por Playboy.
Una vez más se demuestra que los periódicos trabajan exactamente igual que muchos blogs de Internet, que continuamente son acusados de frivolidad por copiar y pegar información, cuando eso es lo que hacen ellos todos los días. Los medios tradicionales viven de copiarse unos a otros y de acusar a los demás de hacer lo que ellos hacen, en un mundo, el de la información, colapsado por el papanatismo de la legislación sobre derechos de autor, que consagra la propiedad de los editores sobre lo que se curran los trabajadores de la noticia, una relación que encubre una terrible falta de rigor estructural, que es de lo que en realidad ellos acusan a diario al resto del mundo que asiste pasmado a su espectáculo.
Una vez más el odio al asesinado presidente Kennedy, víctima de un golpe de estado disfrazado como el simple homicidio de un comunista loco, llena de resentimiento psicológico a los herederos sociológicos de los encubridores de la trama de su asesinato en el mundo de la comunicación, en la famosa conspiración de la bala de los mil rebotes, que dio origen a la estúpida “teoría de la teoría de la conspiración”, con la que los poderosos intentan convencer a los imbéciles de que los grandes golpes de estado que se perpetran en el mundo suceden solos, sin otra intervención que la de algún desequilibrado, que felizmente siempre acaba sus días de manera trágica.
La gente poderosa nunca hace nada malo. Ellos son bueninos. Los malos son cuatro locos que suelen acabar providencialmente muertos. No, los poderosos son buenos, y miran mucho por el bien de los demás, y si alguien se empeña en que personas o grupos poderosos hicieron algo reprobable, es inmediatamente condenado con dos etiquetas mortales de necesidad: es un “intelectual paranoico”, o de manera más pedestre: “cree en la teoría de la conspiración”.
A partir de ahí se junta todo, y el que no se traga las versiones oficiales de esos grandes golpes, ni lo del Maine en Cuba, lo de Pearl Harbour, lo de Kennedy, el 11-S o el 11-M, por poner algunos ejemplos célebres de historias travestidas, pasa a formar parte del grupo de creyentes en los ovnis y su maldita corte de prodigios, como los astronautas mayas o la destrucción de la Atlántida por los marcianos.
Ya saben, el Maine se hundió solo en cuba, Pearl Harbour fue machacado por los japoneses porque el ejército norteamericano era de una incompetencia pasmosa, Kennedy fue asesinado por un francotirador chiflado que a su vez fue asesinado por un gorila enloquecido, las torres gemelas se derrumbaron porque contra ellas se estrellaron dos aviones secuestrados por los detenidos de Guantánamo que confesaron ser los culpables tras cientos de aguadillas, y unos trapicheros de chocolate masacraron a la gente en Madrid, porque pensaron que invocando la ayuda de Alá, podían suicidarse por la puta cara en Leganés, y así el resto de sus días serían complacidos por una legión de neumáticas huríes.
Odian a Kennedy porque él es la prueba más evidente que nos dejó la historia contemporánea del empeño de los conspiradores por tapar las huellas de su paso por el mundo, envileciendo todo lo posible la figura del personaje más famoso de la densa lista de víctimas en los golpes de estado del siglo XX, que se unen así a la gran masa de víctimas de la barbarie humana a lo largo de la historia pasada, presente y futura.
Pero volviendo al caso que nos ocupa, el odio eterno a lo que representa Kennedy no fue suficiente para sostener esta nueva superchería, pues la libre competencia se encargó de acabar esta vez con la conspiración contra la víctima número uno de la teoría de la conspiración, y TMZ, según nos cuenta la Agencia Ansa, admitió que Playboy, la revista de despelote femenino, le recordó que ya había publicado la imagen, y en color, en 1967, cuatro años después de la muerte de Kennedy, y que alguien había colocado la cara del presidente en reemplazo del rostro de otro individuo fotografiado, mientras tomaba sol junto con cuatro señoras en cueros, en el Mediterráneo. Al parecer la fotografía fue propiedad de un vendedor de automóviles, muerto hace diez años, de quien la heredó uno de sus hijos. TMZ no suministró sus identidades.
Recuerda Smoking Gun que antes de revelarse la pifia, TMZ dijo que había hecho examinar la foto por una serie de especialistas que la definieron como auténtica, del mismo modo que también parecía genuino el papel utilizado para imprimir la imagen. Según uno de ellos, el profesor Jeff Sedlik, forense experto en fotografías, la imagen había sido impresa en un papel usado en la época y la emulsión de la superficie tenía numerosas grietas, como resultado del paso de los años. Sedlik confrontó el rostro del hombre que toma sol en el barco -el único con traje de baño- con una foto del ex presidente tomada en la Convención Demócrata de Los Angeles, pocos días antes del crucero. Para el especialista los dos rostros coincidían y eran una imágen de la misma persona.
TMZ, y todos los medios que le siguieron la bola, había especulado con que la foto, de haber sido publicada en 1956, habría puesto en aprietos la candidatura presidencial de Kennedy pues el supuesto habría tenido lugar mientras su mujer, Jackie, estaba en su casa de EE.UU., embarazada, y poco antes de ser internada en un hospital en el que perdió a su hija Arabella. La foto en color es la que publicó Playboy en 1967, y la foto en blanco y negro es la de la “gran exclusiva” de TMZ y de todos los que copiaron y pegaron su espectacular metedura de pata.
¿Cuántas de éstas pifias se publican a diario en nuestros serísimos y sesudos medios de comunicación, que todos los días critican la “falta de rigor” de los blogueros?
Fuerzas especiales norteamericanas en Tora Bora, año 2001, NYT
Una de las voces más respetadas de la política exterior en los círculos demócratas de los Estados Unidos, el que fuera asesor de seguridad nacional, Zbigniew Brzezinski, se unió al coro de discrepantes creado estos días en los Estados Unidos, al manifestar “serias reservas” hacia la escalada de las tropas en Afganistán, durante una entrevista concedida el pasado martes. ¡Qué país el nuestro! José María Aznar nos lleva a Irak de la mano de George W. Bush, apoyándose en los republicanos para tejer su política exterior, y el país se echa a la calle. Pasa el tiempo, en España primero, y en los EEUU después, toman el poder los socialdemócratas, y ahí estamos nosotros, como un solo hombre, dispuestos a acompañar a Barack Obama, que una vez desechada la Guerra Global contra el Terrorismo que sirvió de pretexto a la aventura militar republicana, apuesta por una especie de guerra de exterminio contra la etnia mayoritaria de Afganistán, y ésa cuenta con nuestro respaldo, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero deja de hablar de la misión de paz, y ahí estamos en una guerra no declarada, que carece de cualquier justificación.
Zbigniew Brzezinski
Sin embargo, Afganistán es un reto muy grande para una apuesta como la que ha decidido respaldar Barack Obama, con su decisión adoptada como “comandante en jefe”, con otros 30.000 soldados lanzados a una guerra contra un enemigo cada vez más nebuloso, en un país en el que fracasaron los medos, los persas, Alejandro Magno, los seléucidas, el imperio Indogriego, los turcos, los mongles, los ingleses y los rusos. Al menos Bush tenía claro lo que quería, su apoyo al lobby petrolífero y al papel del dolar en un mundo en el que petróleo y moneda comenzaban a tambalearse. Nadie sabe, en cambio, qué diablos es lo que pretende la administración Obama, salvo un patético plano de gasoductos entre el Caspio y el Índico, que suele explicar a veces lo que ocurre en el mayor centro de producción mundial de opio cuando llegaron las fuerzas imperiales a desmantelar la poderosísima Al Qaeda, que por aquel entonces era una colosal organización multinacional digna de ser dirigida por el célebre Doctor No, omnipresente en las películas de James Bond.
Los americanos, luchan contra su propio monstruo de Frankestein, contra el espantajo de Osama bin Laden -que ahora es nuevamente el Fu Manchú de los demócratas- agitado por detrás de lo que se está convirtiendo en el enfrentamiento contra todo un pueblo, mayoritario dentro de una compleja realidad tribal, los pastunes , que parecen haber tomado como suya la guerra que lideran los radicales islámicos conocidos como talibanes. Recientemente, el New York Times, citando fuentes de la administración, divulgaba la idea de que Al Qaeda “no tiene más de 100 militantes en Afganistán” y que ya no constituye “una amenaza para los Estados Unidos”. O sea, que Al Qaeda crece y mengua como un acordeón, aparece en el Sahel, en el norte de África, va, viene y no se detiene, y hasta durante un tiempo fue la responsable del 11-M en Madrid; pero sólo durante un tiempo, cuando la ciudadanía pedía explicaciones para aquel inexplicado sucedido.
Brzezinski, escéptico desde que empezó este debate sobre el aumento de las tropas en Afganistán, dijo en una reciente entrevista, recogida por el Huffington Post, que no tiene desperdicio, que no es que se oponga a la decisión de Obama de enviar un contingente adicional de 30.000 soldados, sino que considera que “la misión no está adecuadamente definida”. Más o menos lo que todos nos preguntamos: ¿qué pretende Obama, si se empieza a aceptar que se lucha contra un pueblo y no contra una Al Qaeda que ya no es el peligro fantasmal, cinematográfico, con el que se justifica la guerra? Lo de siempre en casi todas las guerras, lanzar soldados al matadero y quemar costosímos materiales que revitalizan la principal industria norteamericana.
¡Ay de nuestros subvencionados pacifistas, literatos, profesores y cineastas! ¡Eso sí que es una tropa, peor que cualquier fuerza mercenaria! Ahora resulta que estamos metidos de hoz y coz en una guerra dirigida en realidad por el máximo responsable de las fuerzas especiales del ejército norteamericano, el general Stanley McChrystal, el Joint Special Operations Command, impulsado por Donald Rumsfeld como fuerza secreta de lucha contra el terrosimo en todo el mundo, cuya existencia fue negada siempre por el Pentágono, hasta que en el año 2005 la CIA reconoció una operación en Paquistán para capturar o matar a Ayman Al-Zawahri, que es cuando la opinión pública se enteró de su existencia. Su jefe, es ahora nuestro hombre, el hombre providencial de los socialdemócratas.
Para empezar su entrevista, el antiguo asesor de Jimmy Carter, que jugó un papel crucial en la definición de la política demócrata contra el bloque soviético, sostuvo que si los esfuerzos militares de Estados Unidos carecen de un componente multilateral suficiente, lo único que se hace es ayudar a alimentar a la insurgencia”. Brzezinski dijotambién que sería hipócrita y contraproducente para Estados Unidos insistir en que el gobierno afgano del presidente Hamid Karzai debe ser perseguido por la corrupción.
“¿Quiénes somos nosotros, qué seriedad demostramos, si predicamos una especie de cruzada?”, se preguntó. “Tenemos un sector financiero que es vorazmente codiciosos y explotador, por decirlo suavemente. Tenemos un Congreso que no es ajeno a los intereses particulares. Y tenemos un sistema electoral que se basa en gran medida en las donaciones privadas que presionan con expectativas de compensaciones. Nuestra realidad llega a los afganos y la predicación de la pureza que estamos haciendo resulta cómica … Creo que deberíamos abandonar esta actitud”.
Brzezinski también manifestó sus reservas acerca de una estrategia de contrainsurgencia que es demasiado dependiente de reforzar las instituciones nacionales, y señaló que hay “una compleja” mezcla de diferentes grupos étnicos y tribales que se han opuesto siempre a las autoridades extranjeras, pero también a las autoridades centrales del país”.
“Creo que el desarrollo de fuerzas locales, contando con las lealtades que puedan prevaler en el ámbito local … tiene mucho más sentido, dado el hecho de que Afganistán es una sociedad multiétnica, que la mayoría de los estadounidenses no entienden”, dijo. “Pero hablar de un ejército nacional afgano es hablar de algo que no es posible en última instancia”.
Brzezinksi no está solo en su preocupación acerca de la visualización de soluciones a los problemas de Afganistán a través de un planteamiento estrictamente local. De hecho, la administración Obama justifica esta operación, asegurando que trata de crear un ejército y unas fuerzas de seguridad afganas, lo mismo que decía la administración Bush en Irak, y para más inri, eso es lo que hacían las tropas españolas allí destacadas, “formar fuerzas de seguridad locales”. ¡Manda huevos!
Soldado de la fuerza militar clandestina, Joint Special Operations Command, NYT